domingo, 19 de enero de 2014
Adam Lambert - For your entertainment (2012)
Tan caliente, listo para usar,
¿podemos acelerar el ritmo?
Ponlo en marcha, caliéntalo,
necesito estar entretenido
Fuerza el límite, ¿estás en ello?
Nena, no tengas miedo
Voy a lastimarte bien, nena
Vamos, es mi espectáculo, nena
haz lo que te digo
No te salgas del rol que voy a organizar
Ya te digo que voy a sujetarte
hasta sorprenderte
Te daré hasta que grites mi nombre...
No habrá escapatoria cuando comience
Una vez dentro, tu corazón será mío
No podrás hacer sonar la alarma
Así que aguanta hasta que termine...
Oh, ¿sabes en lo que te estás metiendo?
¿Podrás soportar lo que voy a hacerte?
Porque va a ponerse duro para ti
Estoy aquí para entretenerte
Oh, apuesto a que pensaste que era tierno y dulce
un ángel que te hizo perder la cabeza
Pues estoy a punto de subir el calor
Estoy aquí para entretenerte
Todo está bien, estarás bien
Nena, tengo el control
Acepta el dolor
Acepta el placer
Soy un maestro con ambos
Cierra los ojos, no tu mente
Déjame entrar en tu alma
Voy a esforzarme hasta que estés agotada
No habrá escapatoria cuando comience
Una vez dentro, tu corazón será mío
No podrás hacer sonar la alarma
Así que aguanta hasta que termine...
Oh, ¿sabes en lo que te estás metiendo?
¿Podrás soportar lo que voy a hacerte?
Porque va a ponerse duro para ti
Estoy aquí para entretenerte
Oh, apuesto a que pensaste que era tierno y dulce
un ángel que te hizo perder la cabeza
Pues estoy a punto de subir el calor
Estoy aquí para entretenerte
Para entretenerte, estoy aquí para entretenerte
¿Te gusta lo que ves?
Déjame entretenerte hasta que grites
Oh, ¿sabes en lo que te estás metiendo?
¿Podrás soportar lo que voy a hacerte?
Porque va a ponerse duro para ti
Estoy aquí para entretenerte
Oh, apuesto a que pensaste que era tierno y dulce
un ángel que te hizo perder la cabeza
Pues estoy a punto de subir el calor
Estoy aquí para entretenerte...
domingo, 4 de septiembre de 2011
30 Seconds To Mars - Hurricane (2010)
domingo, 27 de marzo de 2011
Rihanna - S & M
Desde la primera vez que vi un concierto de Rihanna, lo tuve clarísimo. No se si será, tal como dice el personaje que interpreta Madonna en "El cuerpo del delito", porque los que tenemos ciertas tendencias similares nos reconocemos entre nosotros. Actitudes, gestos, palabras... a veces, simplemente algún detalle en la manera de vestir. No se exactamente lo que me llamó la atención en ella, pero lo supe. A Rihanna le gustaba el BDSM.
Así que cuando luego se supo de los malos tratos por parte de su novio Chris Brown, también entendí que, igual que yo, había caido en manos de un abusador en vez de un dominante, pensando que podría confinar ese punto de violencia que a las mujeres sumisas nos atrae en un hombre, entre las paredes de un dormitorio, en la intimidad de una relación, sin que afectara al resto de su vida. Y eso es muy, muy dificil de conseguir.
Ser diferente en temas de sexualidad siempre es controvertido y el mundo del BDSM sigue siendo un rincón oscuro e incomprendido por la gran mayoría, aunque últimamente parece estar un poco de moda, con reportajes en televisión y gente famosilla que se declaran fans de látigos y cuerdas, latex y cuero, dolor y placer.
Rihanna ha ido mostrando cada vez más de esta faceta suya, hasta abrirse completamente al mundo con esta canción de su album "Loud" (2010) y consiguiente video, que ha causado una gran polémica, asi como con sus declaraciones al los medios. Para mi, es toda una divertida, colorista e irreverente parodia de lo que la gente en general piensa que ha de ser el Sadomaso: mordazas, ataduras, látigos y fustas, "dog training", vestimentas plásticas y apretadas.... Vamos, que no es para tanto.
Hay mucha gente que sigue opinando que esto sólo es una maniobra de marketing y que no es cierto, pero a mi no me van a convencer. Yo ya lo adiviné mucho antes de que esto surgiera a la luz pública. Sí, sí. A Rihanna le gusta el BDSM. "I like it, like it! C'mon, c'mon... "
domingo, 9 de enero de 2011
Shibari

Más tarde, con una auténtica exhibición de este arte de mano del propio Alberto, atando y suspendiendo de una argolla a un muchacho. Cambiando posiciones en el aire, obteniendo de su cuerpo formas increibles. Yo miraba los ojos del chico, completamente en trance, y podía entender perfectamente lo que estaba sintiendo. ¡¡¡Absolutamente impresionante!!! Se produce una conexión entre el que ata, el que es atado y los que miran, una comunión de los sentidos.
David me estuvo enseñando un par de libros de la biblioteca del Nido. Se llaman "Douglas Kent's Complete Shibari", uno para realizar en suelo y el otro de suspensiones.


Os dejo un video del genial Alfil para que veais algo de esta mágia en movimiento....Una experiencia memorable! Ah! Y una gente divertida, cálida y acogedora como su Nido. Volveremos a vernos. Gracias a Josep, Françoise, Miguel, David y un laaaargo etc.
Aprovecho para enlazar un completo artículo sobre el tema, de Josep Lapidario... "Shibari, el arte japonés de la atadura erótica"
domingo, 2 de enero de 2011
Cabaña

Empezaba a oscurecer cuando di con un claro en el que se distinguía una forma cuadrada entre los árboles. Era una vetusta cabaña, de madera y piedra, medio cubierta por el follaje y el polvo, rodeada de tablones que se habían ido desprendiendo, pero que aún seguía en pie, desafiando el paso del tiempo.
Entré sigilosamente, ya que me pareció escuchar voces en su interior a pesar de parecer un sitio abandonado y no me equivocaba, pues enseguida distinguí una luz tras una puerta entornada. Espié en silencio por la rendija y lo que vi me dejó con la boca abierta.
La habitación era rectangular, alargada, debía haber sido un comedor para bastante gente y estaba iluminada por dos lámparas portátiles de gas, pequeñas y muy tenues y unas cuantas velas parpadeantes que los que estaban usando la estancia debían haberse traído. A diferencia del resto de la cabaña, la habían despejado de trastos y limpiado un poco. Incluso había una alfombra que, aunque vieja, no parecía pertenecer a aquel lugar. Dos mochilas y algo de ropa amontonada reposaban en un rincón.
Una muchacha muy delgadita, de largo cabello negro y piel muy blanca, estaba atada a la pared opuesta a la puerta desde la que yo espiaba, completamente desnuda, sus brazos en alto, sus muñecas rodeadas por esposas y éstas sujetas a una cadena amarrada al muro de piedra. Sus piernas abiertas se mantenían separadas mediante una barra de madera con abrazaderas de piel en sus extremos, sujetando sus tobillos.
Un hombre muy musculoso, con los brazos y el pecho cubiertos de tatuajes y la cabeza rapada, vestido con unos tejanos y una camiseta de tirantes, caminaba nerviosamente de lado a lado, mirándola fijamente y con fiereza, hablándole en una lengua que yo no entendía. La abofeteó sonoramente, lo que me hizo dar un brinco, temiendo por un momento que me descubrieran, pero no fue así.
Él hundió su manaza entre las piernas de ella, buscando su humedad, frotando su coño con aquellos grandes dedos, masturbándola mientras con la otra sujetaba su pelo, levantando su cabeza y buscando su mirada, observando cómo su linda boca se abría para gemir, llevándola hasta el borde del orgasmo y parando, dejándola temblorosa y jadeante.
Acto seguido, tomándola de la cintura, la hizo girar, poniéndola de cara a la pared. Golpeó un lado de su trasero un par de veces con la mano abierta, dejándolo bien rojo y, tomando luego una de las velas encendidas, dejó caer la cera derretida sobre la curva de su nalga. Ella se quejó un poco, pero se dejó hacer. Él repitió todo el proceso en el otro lado de su blanco culito y luego procedió a lamer lentamente toda aquella cera de su piel, que se quedaba pegada en su lengua y a escupirla al aire para ver como caía al suelo. Pensé que era provocador y excitante: nunca había visto algo así.
Sentí que quería ayudar a aquella pobre chica... pero también quería continuar mirando. Me estaba poniendo muy caliente.
Volvió a girar a la muchacha y golpeó sus pechos firmes varias veces, pellizcó largamente sus pezones mientras le hablaba y ella balbuceaba respuestas que yo, sin entender, comprendía: “sí, señor”, “no, señor“. Él iba bajando con su lengua por su vientre, hasta hundir su cara en aquel coño que palpitaba, lleno de deseo y temor. Ella tiraba de la cadena, su cuerpo se arqueaba entre sollozos y yo no pude evitar que mi mano derecha se metiera en mi pantalón, en mi ropa interior, acariciándome, buscando mi sexo, también mojado y anhelante. De nuevo, aquel hombre tatuado paró antes de que ella se corriera, haciéndola sufrir, dejándola con ganas de más, suplicando.
Él se fue desnudando, tranquilamente, con una sonrisa maliciosa en su cara, dejándose mirar por ella. Tenía un cuerpo espectacular, hermoso. También había tatuajes en sus potentes muslos y trabajado vientre, y entre las piernas, su erección era temible. Le hablaba a la chica casi en un susurro, arrodillado ante ella, quitando la barra que sujetaba sus tobillos muy despacio. Luego, tras besarla apasionadamente, sujeto a su cabello oscuro, soltó las esposas de sus muñecas.
No me lo esperaba. La chica arrancó a correr en dirección a la puerta tras la que yo me escondía. Apenas a un par de metros de mí, él le dio alcance y la lanzó al suelo, sobre la mugrienta alfombra. Pelearon, girando enlazados, ella tratando de escapar, él tratando de retenerla. Yo no podía dejar de tocarme, observando la bella lucha de sus cuerpos desnudos, la forma en que él la dominó contra el suelo, sujetando su cuello y obligándola a abrir sus piernas de nuevo para él. La embistió con su dura polla, penetrándola brutalmente. La chica gritaba, abrazando su espalda, arañándola, sacudiéndose bajo el peso de su amante. Sentí que yo me corría con ella, un orgasmo salvaje que acallé con la mano sobre mi boca.
Ella movió su cabeza hacia atrás y sus ojos se abrieron, mirándome unos segundos. Pero no gritó ni dio la alarma, solo me sonrió dulcemente, como si hubiera sabido todo el tiempo que yo estaba allí.
Me fui sin hacer ruido antes de que terminaran y me descubrieran. Al poco de vagar en la oscuridad del bosque, la suerte quiso que diera con mis amigos y, aunque insistieron para que les llevara hasta la cabaña cuando les conté toda la historia, nunca fuimos capaces de volver a encontrarla.
¡Felíz año nuevo! Una vez más, he intentado que el personaje narrador fuera neutro (¡cómo cuesta algunas veces!), me refiero a que en ningún momento dejo ver si es un hombre o una mujer... ¿A quien te imaginas tú? ¿A ti mism@ o a mi...? ¿Quien es el objeto de deseo de la persona que mira, la chica atada y sometida, el hombre de los tatuajes o la situación en si? ;)
domingo, 23 de noviembre de 2008
Préstamo
- No. Esperamos visita para cenar. No te demores en ducharte y arreglarte, no creo que tarde mucho en llegar.
domingo, 19 de octubre de 2008
Trio

Estiradas juntas, nos seguimos besando y acariciando, mientras nuestro chico nos toca a cada una con una mano, deteniéndose en los pechos de una, el culo de otra, introduciéndose entre nuestros muslos para, con sus dedos y boca, ponernos bien cachondas, pero, entre susurros y risas, Heidy y yo acordamos usarlo a nuestro modo.
domingo, 25 de mayo de 2008
Mazmorra


domingo, 23 de marzo de 2008
Sofá (Entrega 2)
- Te he traído algo. Quiero que te lo pongas. - me dice, indicándome una gran caja depositada sobre la mesa.
La abro, ilusionada. Observo su contenido y comienzo a desnudarme lentamente, dejo que él me observe, sin pudor, doblo mi ropa y la dejo sobre la mesa. Me pongo las botas altísimas que había en la caja, inclinándome mucho para subir despacio su cremallera, sintiéndome muy sexy, sabiendo que él está contemplando la largura de mis piernas, la curva de mi cadera, mi culo, la forma en que mis pechos se mueven cuando bajo. Las botas son altísimas, me llegan hasta medio muslo, en vinilo negro brillante, se ajustan con precisión a mi anatomía y tienen unos tacones imposibles, con los que debo permanecer casi de puntillas.
En el fondo de la caja hay algo más: una correa de perro con una cadena de paseo. Recojo mi pelo de una manera improvisada, dejando que algunos mechones rizados enmarquen mi rostro y lo abrocho alrededor de mi cuello, dejando la cadena colgar entre mis tetas.
Él me indica que me acerque y camino muy despacio, lo más elegantemente que puedo, rezando para no caerme. Me detengo entre sus piernas, él me sonríe, complacido, y no puedo evitar el ruborizarme, la mirada gacha, turbada por mis sentimientos.
Me pide que separe mucho las piernas. Estoy temblando, de impaciencia, de deseo, también por lo difícil de la posición. Él me permite apoyarme en su hombro. El contacto con su piel tan suave y caliente me electriza, me transporta.
Le veo buscar en una bolsa de terciopelo negro que no había distinguido hasta ahora, reposando sobre el sofá a su izquierda. Extrae de ella seis pinzas de tender la ropa, de madera. Le veo, muy concentrado, separando los labios de mi vagina para sujetarlos con las pinzas, con cuidado, dos a cada lado, dejando mi clítoris y mis orificios bien expuestos. No siento dolor, solo una pequeña molestia fácilmente soportable, aún más sabiendo que estoy agradando a mi Amo. No pasa lo mismo con las pinzas que luego coloca en mis pezones, esas duelen a rabiar, pero intento soportarlo sin que me venza el llanto.
- Apóyate en el respaldo del sofá, inclínate, no dobles las rodillas...- me ordena, estirando suavemente de la cadena hacia él.
En esta posición, me besa apasionadamente, recorre mis doloridos pechos, la curva de mi espalda, mis piernas extendidas, va subiendo hacia mi entrepierna, me acaricia el clítoris con delicadeza con su dedo corazón, mojándolo en los fluidos de mi coño, hasta sentir que crece, que se abulta, su mirada intensa fija en mis ojos entornados, en mi boca entreabierta y húmeda como mi sexo, nuestras caras tan próximas que siento el calor que desprende su cuerpo, su aroma. Su voz, sus palabras, me dominan. Me siento palpitar. Entregada a sus deseos, a sus caprichos. Soy su perra, obediente, haría todo lo que él deseara sin dudar. Le pertenezco, totalmente.
Su vista se dirige a un rincón en sombras del despacho y hace un gesto para que alguien se aproxime.
Una hermosa mujer rubia aparece, muy voluptuosa y exótica, y se va acercando hacia mí, felina, con una camiseta roja de red que deja completamente al descubierto sus pechos, una minifalda que es prácticamente un cinturón ancho y botas blancas. Viene masturbándose mientras me mira, en su mano derecha una polla enorme y jugosa. Suya.
Mi Amo se ríe al ver mi cara de sorpresa. Sujeta la cadena con fuerza para que no me mueva, para que no me incorpore, que siga con el culo en pompa, los brazos bien estirados.
Ella se arrodilla tras de mí y lame con fruición mi coño expuesto, centrándose sobre todo en mi ano, cubriéndolo de saliva, penetrándolo con su lengua.
Mi Señor me quita las pinzas. Es cuando se separan de mi piel cuando realmente duelen, pero saberme liberada de su presión me produce gran placer, saber que he cumplido para obtener mi recompensa. Aún y así, una lágrima grande surca mi mejilla y cae sobre sus labios. Él la captura con su lengua, se relame, luego toma mi cara entre sus manos y me besa con dulzura.
Tirando de nuevo de la cadena, me hace sentarme sobre él. Jugar así conmigo, saber lo que su invitada me está haciendo, le está poniendo muy cachondo, su tranca está durísima.
Me la meto con cuidado, deshaciéndome de gusto por poder tenerla por fin dentro de mí. Me sujeta por la cintura, me hace ir despacio. Quiero acariciarle, pero él prefiere que siga con las manos en el respaldo, un poco de bondage psicológico, dice, con una sonrisita pícara.
La rubia deja caer un buen chorro del lubricante que ha sacado de la bolsita de terciopelo en mi culo. Está muy frío. Se trabaja mi entrada trasera con dos dedos mientras me tira del pelo, que se ha soltado, desparramándose sobre mis hombros, y me muerde en el cuello, me obliga a besar a mi Amo, cada vez sus dedos entran más profundamente, dilatando la abertura. No puedo evitar gemir de gusto. Ellos se miran, con comprensión. Él me toma por las muñecas y me las lleva hacia atrás.
- Sujétate las nalgas, abre bien ese culo para ser follada, zorra -me ordena.
Obedezco, mirando a la chica por encima de mi hombro, una mirada suplicante que pide “hazlo ya, no me hagas mucho daño...“ Noto su enorme miembro como va abriéndose camino dentro de mi culo, no puedo evitar chillar, es terrible, es maravilloso. Sus grandes tetazas rozan mi espalda, su pelo dorado cae sobre mi cara, escupe en mi boca abierta, me obliga a chupar sus dedos pringosos de lubricante. Mi Amo observa complacido, hincándomela muy adentro, excitado.
Empalada así, entre los dos, sometida, me corro sin remedio, un orgasmo sublime. La expresión en la cara de mi Dueño no tiene comparación.
Nos hace cambiar de posición, ahora es la rubia la que se sienta en el sofá, yo sentada sobre ella dándole la espalda de nuevo, la que penetra mi coño convulso, abriendo mis piernas con sus rodillas, ofreciéndome a él, que se estira sobre mí, sobre ella, y empuja con cuidado para entrar en mi pequeño espacio ocupado. Duele. Pero entra.
- Tienes dos pollas dentro de ese coñito tuyo, guarra, te caben dos...
Me abraza, con fuerza, sus gemidos me vuelven loca, empujando una y otra vez, con toda su pasión y pronto me llena de su semen, con un grito de placer, yo me aferro a su espalda, no quiero que salga de mí. Siento chorrear su leche por la raja de mi culo, manchando su sofá. Me hace levantar y limpiar con la lengua esas gotas.
Le paga sus servicios a la rubia y ella se va, enfundada en una gabardina blanca. Me dedica un guiño antes de salir. Yo espero, sentada en el suelo, mirando a mi Amo con devoción.
Ahora está agotado, pero luego querrá más.
Y yo se lo daré, todo. Como siempre.
Estoy manchada, sudada, dolorida, cansada, increíblemente feliz.
Y le amo más que nunca.
sábado, 23 de febrero de 2008
Hotel

domingo, 17 de febrero de 2008
Entrega
Se levantó del sofá y se acercó hasta donde yo estaba, parandose a contemplarme desde su altura y puso su pie derecho sobre mi muslo, obligándome a abrir más las piernas para poder ver mejor el espectáculo de mi sexo mojado y anhelante.
