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domingo, 19 de enero de 2014

Adam Lambert - For your entertainment (2012)

Desde hace unas semanas, he descubierto a Adam Lambert. Ya se que lleva siendo medianamente famoso desde el 2009, año en que quedó segundo en el talent show 'American Idol', que ha salido de gira con los Queen y que ya tiene dos albumes publicados, pero que quieres que le haga, yo le he descubierto y admirado después de verle en 'Glee'... Y si hay una canción que me ha sorprendido ha sido esta 'For your entertainment', que contiene muchas claras alusiones al BDSM. Escucharla me hace imaginar muchas cosas y me pone perraca... 




Tan caliente, listo para usar,
¿podemos acelerar el ritmo?
Ponlo en marcha, caliéntalo,
necesito estar entretenido
Fuerza el límite, ¿estás en ello?
Nena, no tengas miedo
Voy a lastimarte bien, nena

Vamos, es mi espectáculo, nena
haz lo que te digo
No te salgas del rol que voy a organizar
Ya te digo que voy a sujetarte
hasta sorprenderte
Te daré hasta que grites mi nombre...

No habrá escapatoria cuando comience
Una vez dentro, tu corazón será mío
No podrás hacer sonar la alarma
Así que aguanta hasta que termine...

Oh, ¿sabes en lo que te estás metiendo?
¿Podrás soportar lo que voy a hacerte?
Porque va a ponerse duro para ti
Estoy aquí para entretenerte
Oh, apuesto a que pensaste que era tierno y dulce
un ángel que te hizo perder la cabeza
Pues estoy a punto de subir el calor
Estoy aquí para entretenerte

Todo está bien, estarás bien
Nena, tengo el control
Acepta el dolor
Acepta el placer
Soy un maestro con ambos
Cierra los ojos, no tu mente
Déjame entrar en tu alma
Voy a esforzarme hasta que estés agotada

No habrá escapatoria cuando comience
Una vez dentro, tu corazón será mío
No podrás hacer sonar la alarma
Así que aguanta hasta que termine...

Oh, ¿sabes en lo que te estás metiendo?
¿Podrás soportar lo que voy a hacerte?
Porque va a ponerse duro para ti
Estoy aquí para entretenerte
Oh, apuesto a que pensaste que era tierno y dulce
un ángel que te hizo perder la cabeza
Pues estoy a punto de subir el calor
Estoy aquí para entretenerte

Para entretenerte, estoy aquí para entretenerte

¿Te gusta lo que ves?
Déjame entretenerte hasta que grites

Oh, ¿sabes en lo que te estás metiendo?
¿Podrás soportar lo que voy a hacerte?
Porque va a ponerse duro para ti
Estoy aquí para entretenerte
Oh, apuesto a que pensaste que era tierno y dulce
un ángel que te hizo perder la cabeza
Pues estoy a punto de subir el calor
Estoy aquí para entretenerte...

domingo, 4 de septiembre de 2011

30 Seconds To Mars - Hurricane (2010)

Me gustan mucho 30 Seconds To Mars, de hecho estuve en su concierto en Barcelona el pasado 18 de Diciembre del 2010 y me lo pasé genial coreando y bailando todas sus canciones con mi amigo Xavi.

Quería destacaros este video, aunque casi se podría considerar cortometraje, ya que dura algo más de 13 minutos. Me ha costado encontrar una versión sin censurar, pero aquí la teneis, con imagenes explicitas del mundo más oscuro y bedesemero de las fantasías de Jared Leto y compañía.... Parece que está de moda, eh? Sexy, sexy..... A mi Shannon me pone muy caliente....

domingo, 27 de marzo de 2011

Rihanna - S & M




Desde la primera vez que vi un concierto de Rihanna, lo tuve clarísimo. No se si será, tal como dice el personaje que interpreta Madonna en "El cuerpo del delito", porque los que tenemos ciertas tendencias similares nos reconocemos entre nosotros. Actitudes, gestos, palabras... a veces, simplemente algún detalle en la manera de vestir. No se exactamente lo que me llamó la atención en ella, pero lo supe. A Rihanna le gustaba el BDSM.


Así que cuando luego se supo de los malos tratos por parte de su novio Chris Brown, también entendí que, igual que yo, había caido en manos de un abusador en vez de un dominante, pensando que podría confinar ese punto de violencia que a las mujeres sumisas nos atrae en un hombre, entre las paredes de un dormitorio, en la intimidad de una relación, sin que afectara al resto de su vida. Y eso es muy, muy dificil de conseguir.


Ser diferente en temas de sexualidad siempre es controvertido y el mundo del BDSM sigue siendo un rincón oscuro e incomprendido por la gran mayoría, aunque últimamente parece estar un poco de moda, con reportajes en televisión y gente famosilla que se declaran fans de látigos y cuerdas, latex y cuero, dolor y placer.


Rihanna ha ido mostrando cada vez más de esta faceta suya, hasta abrirse completamente al mundo con esta canción de su album "Loud" (2010) y consiguiente video, que ha causado una gran polémica, asi como con sus declaraciones al los medios. Para mi, es toda una divertida, colorista e irreverente parodia de lo que la gente en general piensa que ha de ser el Sadomaso: mordazas, ataduras, látigos y fustas, "dog training", vestimentas plásticas y apretadas.... Vamos, que no es para tanto.


Hay mucha gente que sigue opinando que esto sólo es una maniobra de marketing y que no es cierto, pero a mi no me van a convencer. Yo ya lo adiviné mucho antes de que esto surgiera a la luz pública. Sí, sí. A Rihanna le gusta el BDSM. "I like it, like it! C'mon, c'mon... "

domingo, 9 de enero de 2011

Shibari



Ayer tuve el gran honor y placer de asistir a un Taller de Shibari en el Nido del Escorpión. ¡Las palabras se quedan cortas para expresar todas las sensaciones y emociones que sentí!
Primero en la clase magistral de Alberto, yo como "modelo" y mi nuevo amigo David como "atador". No nos conocíamos de antes, pero puedo asegurar que no importó en absoluto. Cuerdas de yute y de cáñamo, vueltas, nudos.... La suave caricia de sus manos sobre mi cuerpo en contraste con la aspereza y restricción del atado. Había momentos en que cerraba los ojos y me sentía transportada por un cúmulo de sensaciones maravillosas. Disfruté plenamente de la experiencia y espero repetir pronto...

Más tarde, con una auténtica exhibición de este arte de mano del propio Alberto, atando y suspendiendo de una argolla a un muchacho. Cambiando posiciones en el aire, obteniendo de su cuerpo formas increibles. Yo miraba los ojos del chico, completamente en trance, y podía entender perfectamente lo que estaba sintiendo. ¡¡¡Absolutamente impresionante!!! Se produce una conexión entre el que ata, el que es atado y los que miran, una comunión de los sentidos.

David me estuvo enseñando un par de libros de la biblioteca del Nido. Se llaman "Douglas Kent's Complete Shibari", uno para realizar en suelo y el otro de suspensiones.



Una preciosidad, con pefectas explicaciones (en inglés) y imágenes impactantes y claras. Son caros y difíciles de conseguir en Internet, pero si os podeis hacer con ellos, son magníficos.

Os dejo un video del genial Alfil para que veais algo de esta mágia en movimiento....

Una experiencia memorable! Ah! Y una gente divertida, cálida y acogedora como su Nido. Volveremos a vernos. Gracias a Josep, Françoise, Miguel, David y un laaaargo etc.





Aprovecho para enlazar un completo artículo sobre el tema, de Josep Lapidario... "Shibari, el arte japonés de la atadura erótica"

domingo, 2 de enero de 2011

Cabaña




Aquel domingo por la tarde, mis amigos y yo habíamos salido de excursión por el bosque, en busca de setas y un cambio de aires, lejos de la rutina y el ruido de la ciudad. Sin mucha experiencia en el asunto, pronto me di cuenta de que me había alejado demasiado del grupo y que vagaba sin rumbo por parajes desconocidos. Mi móvil había perdido toda cobertura, así que fui caminando en busca de alguna zona habitada o persona que me pudiera ayudar.

Empezaba a oscurecer cuando di con un claro en el que se distinguía una forma cuadrada entre los árboles. Era una vetusta cabaña, de madera y piedra, medio cubierta por el follaje y el polvo, rodeada de tablones que se habían ido desprendiendo, pero que aún seguía en pie, desafiando el paso del tiempo.

Entré sigilosamente, ya que me pareció escuchar voces en su interior a pesar de parecer un sitio abandonado y no me equivocaba, pues enseguida distinguí una luz tras una puerta entornada. Espié en silencio por la rendija y lo que vi me dejó con la boca abierta.

La habitación era rectangular, alargada, debía haber sido un comedor para bastante gente y estaba iluminada por dos lámparas portátiles de gas, pequeñas y muy tenues y unas cuantas velas parpadeantes que los que estaban usando la estancia debían haberse traído. A diferencia del resto de la cabaña, la habían despejado de trastos y limpiado un poco. Incluso había una alfombra que, aunque vieja, no parecía pertenecer a aquel lugar. Dos mochilas y algo de ropa amontonada reposaban en un rincón.

Una muchacha muy delgadita, de largo cabello negro y piel muy blanca, estaba atada a la pared opuesta a la puerta desde la que yo espiaba, completamente desnuda, sus brazos en alto, sus muñecas rodeadas por esposas y éstas sujetas a una cadena amarrada al muro de piedra. Sus piernas abiertas se mantenían separadas mediante una barra de madera con abrazaderas de piel en sus extremos, sujetando sus tobillos.

Un hombre muy musculoso, con los brazos y el pecho cubiertos de tatuajes y la cabeza rapada, vestido con unos tejanos y una camiseta de tirantes, caminaba nerviosamente de lado a lado, mirándola fijamente y con fiereza, hablándole en una lengua que yo no entendía. La abofeteó sonoramente, lo que me hizo dar un brinco, temiendo por un momento que me descubrieran, pero no fue así.

Él hundió su manaza entre las piernas de ella, buscando su humedad, frotando su coño con aquellos grandes dedos, masturbándola mientras con la otra sujetaba su pelo, levantando su cabeza y buscando su mirada, observando cómo su linda boca se abría para gemir, llevándola hasta el borde del orgasmo y parando, dejándola temblorosa y jadeante.

Acto seguido, tomándola de la cintura, la hizo girar, poniéndola de cara a la pared. Golpeó un lado de su trasero un par de veces con la mano abierta, dejándolo bien rojo y, tomando luego una de las velas encendidas, dejó caer la cera derretida sobre la curva de su nalga. Ella se quejó un poco, pero se dejó hacer. Él repitió todo el proceso en el otro lado de su blanco culito y luego procedió a lamer lentamente toda aquella cera de su piel, que se quedaba pegada en su lengua y a escupirla al aire para ver como caía al suelo. Pensé que era provocador y excitante: nunca había visto algo así.

Sentí que quería ayudar a aquella pobre chica... pero también quería continuar mirando. Me estaba poniendo muy caliente.

Volvió a girar a la muchacha y golpeó sus pechos firmes varias veces, pellizcó largamente sus pezones mientras le hablaba y ella balbuceaba respuestas que yo, sin entender, comprendía: “sí, señor”, “no, señor“. Él iba bajando con su lengua por su vientre, hasta hundir su cara en aquel coño que palpitaba, lleno de deseo y temor. Ella tiraba de la cadena, su cuerpo se arqueaba entre sollozos y yo no pude evitar que mi mano derecha se metiera en mi pantalón, en mi ropa interior, acariciándome, buscando mi sexo, también mojado y anhelante. De nuevo, aquel hombre tatuado paró antes de que ella se corriera, haciéndola sufrir, dejándola con ganas de más, suplicando.

Él se fue desnudando, tranquilamente, con una sonrisa maliciosa en su cara, dejándose mirar por ella. Tenía un cuerpo espectacular, hermoso. También había tatuajes en sus potentes muslos y trabajado vientre, y entre las piernas, su erección era temible. Le hablaba a la chica casi en un susurro, arrodillado ante ella, quitando la barra que sujetaba sus tobillos muy despacio. Luego, tras besarla apasionadamente, sujeto a su cabello oscuro, soltó las esposas de sus muñecas.

No me lo esperaba. La chica arrancó a correr en dirección a la puerta tras la que yo me escondía. Apenas a un par de metros de mí, él le dio alcance y la lanzó al suelo, sobre la mugrienta alfombra. Pelearon, girando enlazados, ella tratando de escapar, él tratando de retenerla. Yo no podía dejar de tocarme, observando la bella lucha de sus cuerpos desnudos, la forma en que él la dominó contra el suelo, sujetando su cuello y obligándola a abrir sus piernas de nuevo para él. La embistió con su dura polla, penetrándola brutalmente. La chica gritaba, abrazando su espalda, arañándola, sacudiéndose bajo el peso de su amante. Sentí que yo me corría con ella, un orgasmo salvaje que acallé con la mano sobre mi boca.

Ella movió su cabeza hacia atrás y sus ojos se abrieron, mirándome unos segundos. Pero no gritó ni dio la alarma, solo me sonrió dulcemente, como si hubiera sabido todo el tiempo que yo estaba allí.

Me fui sin hacer ruido antes de que terminaran y me descubrieran. Al poco de vagar en la oscuridad del bosque, la suerte quiso que diera con mis amigos y, aunque insistieron para que les llevara hasta la cabaña cuando les conté toda la historia, nunca fuimos capaces de volver a encontrarla.

¡Felíz año nuevo! Una vez más, he intentado que el personaje narrador fuera neutro (¡cómo cuesta algunas veces!), me refiero a que en ningún momento dejo ver si es un hombre o una mujer... ¿A quien te imaginas tú? ¿A ti mism@ o a mi...? ¿Quien es el objeto de deseo de la persona que mira, la chica atada y sometida, el hombre de los tatuajes o la situación en si? ;)

domingo, 23 de noviembre de 2008

Préstamo

Al llegar a casa, Victoria me estaba esperando en el balcón que conecta el piso superior a la entrada mediante una impresionante escalera de mármol blanco. Pero ni de lejos tan impresionante como ella. Llevaba un vestido de fiesta negro largo, con escote “palabra de honor”, sus delicados hombros al descubierto, el cabello recogido y maquillada para la ocasión. Bajaba por la escalera como una diva de cine, casi etérea, sujetando en una mano con delicadeza un pliegue de su atuendo, descubriendo sus bellos pies calzados con sandalias de strass, con la otra, acariciando levemente el pasamanos de caoba. La contemplé extasiado, deseando ser esa madera apenas rozada por sus dedos. Me besó dulcemente al llegar ante mí. Me vi rodeado de su embriagador perfume, sabiendo que jamás había amado a nadie como la amaba a ella.

- ¿Vamos a salir esta noche? -pregunté, sorprendido.
- No. Esperamos visita para cenar. No te demores en ducharte y arreglarte, no creo que tarde mucho en llegar.

Multitud de preguntas acudían a mi mente, pero no osé verbalizarlas. Mi Reina me había preparado algo especial, lo que ella ordenase estaría bien para este esclavo suyo, deseoso de complacerla.

Cuando entré en el salón-comedor, ya listo, vi que la gran mesa rectangular estaba preparada para tres: juntos los platos, cubiertos y servilletas en uno de sus extremos y el resto de ella despejada para recibir las bandejas con las viandas. Por tanto, sólo esperábamos a una persona invitada, no a alguna de las parejas con las que manteníamos amistad. ¿Quién podría ser? Cada vez estaba más intrigado.

Pero no tuve que esperar mucho. Al cabo de un momento, sonó el timbre de la puerta. Me acerqué a curiosear quién entraba, justo a tiempo de ver a mi Señora recibir a un caballero elegantemente vestido, maduro, de penetrantes ojos verdes y cabello oscuro ligeramente encanecido, muy atractivo, con un toque latino y maneras exquisitas. Besó su mano mientras la contemplaba con avidez y luego fuimos debidamente presentados. Su nombre era Roberto, un escritor de novelas de misterio, de origen sudamericano, de paso por nuestra ciudad. Victoria y él se habían conocido en un evento organizado por su editorial para la presentación de uno de sus libros en una popular librería del centro y enseguida habían trabado amistad. Habían quedado para tomar un café tras la presentación y, conociéndola, la conversación se habría ido tornando más íntima y sugerente, más explícitamente sexual. Algo de lo que hablaron le había hecho aceptar la invitación para nuestra cena...

Victoria ocupó la cabecera de la mesa como anfitriona y nosotros los sitios a cada lado. Tomamos un aperitivo y pasamos luego a los platos principales. La cena no fue ostentosa, más bien ligera pero deliciosa en su totalidad. Hablamos de diversos temas de poca importancia de forma animada. Tras el café, el servicio desmontó la mesa y les dimos permiso para retirarse hasta el día siguiente, quedándonos los tres solos en la casa.

Tan pronto como oímos su coche marchar, y tras cerrar convenientemente todas las entradas para no ser molestados, Roberto se disculpó y nos dejó unos momentos a solas. Victoria se encaminó hacia mí con paso decidido, su semblante serio, majestuoso en su belleza. Me acarició la mejilla con cariño y me ordenó en un susurro pero imperativamente que me desnudara. En absoluto podía imaginar lo que podría estar pasando por su perversa y deliciosa cabecita, pero confiaba totalmente en ella. Sus deseos serían obedecidos.

Turbado y excitado, me despojé de mi ropa por completo, sin prisas, dejándola bien colocada sobre una de las sillas, esperando la siguiente decisión de mi Ama, que mantenía un cajón de la cómoda abierto, extrayendo cosas que, previsoramente, había dejado allí. Trayendo tres largas cuerdas blancas de algodón, me guió hasta la mesa en la que acabábamos de cenar, apartó las sillas contra la pared y, acariciando mis hombros y mi espalda, me indicó que me inclinara sobre ella. Me hizo separar las piernas y procedió a atarlas a cada una de las gruesas patas de madera maciza. Sus movimientos estudiados, su control, hacían de ella la Diosa a la que adoro, me sentía estremecer con el contacto de sus manos sobre mi piel, mientras comprobaba que sus nudos fueran fuertes y me sujetaran firmemente, evitando una posible escapatoria por mi parte. La tercera cuerda enlazó mis muñecas juntas y fue atada a las patas del otro lado, dejándome estirado de medio cuerpo sobre la mesa, inmovilizado. Victoria volvió al cajón de la cómoda y extrajo una tela blanca y liviana con la que me cubrió por completo. El tiempo pareció detenerse ahí debajo, sin saber lo que pasaba a mí alrededor, esperando totalmente quieto.

Oí a Roberto volviendo a entrar en el salón y la voz de mi Ama diciéndole que ya estaba listo. Sentía los latidos de mi corazón golpeando con fuerza, mi respiración agitada, nervioso y, por qué no decirlo, un poco asustado. Él levantó brevemente la tela para contemplar mi cuerpo expuesto, valorando el “material” y le escuché dar su aprobación. Luego, los susurros de sus ropas al desnudarse, el claro sonido de una cremallera, unas risas... Les imaginé besándose, acariciándose... ¿Qué estaba pasando? Notaba mi cara enrojecida, estaba acalorado, quería mirar, quería participar...

Ella retiró entonces la tela y, ocultando con una mezcla de vergüenza y excitación mi rostro entre los brazos, pude notar el frío del lubricante con el que untó mi ano, suavemente, penetrándome con sus dedos, primero uno, con delicadeza, luego dos, preparándome mientras me hablaba con voz calmada, contándome que era su voluntad entregarme esa noche a su nuevo amigo, que yo iba a ser prestado para su disfrute y que debía ser complaciente con ambos. Roberto se nos había acercado a comprobar la operación y recorría mi espalda con una de sus fuertes manos mientras con la otra se masturbaba, poniéndosela dura, tomando posiciones.

Mi Señora se colocó en la zona opuesta de la mesa, inclinándose sobre mis brazos extendidos, podía sentir en ellos el roce de sus pechos. Tomó mi cara entre sus manos, levantándola y clavando su mirada en la mía, observando atentamente mis reacciones mientras Roberto abría mi culo con sus pulgares y introducía sin más contemplaciones su miembro de buen tamaño dentro de mí. Cerré los ojos, apretándolos con fuerza, ahogué un gemido ante el ardiente dolor que me traspasaba, a pesar de la preparación, mordiéndome los labios para no gritar y, al volver a abrirlos, con lágrimas asomando, me encontré con el dulce rostro de mi Dueña, que no se había apartado y seguía sosteniéndome. Podía leer en sus ojos de miel las cambiantes emociones que pasaban por su mente: un punto de preocupación, orgullo, decisión y mucho, mucho deseo y amor por mí. Eso me dio fuerzas para comportarme como su más devoto sirviente. Me besó apasionadamente, comprendiendo mi aceptación, con evidente placer.

Se apartó unos pasos y empezó a tocarse ante mí, provocándome con la visión de su cuerpo perfecto. Volvió a subirse felinamente a la mesa, apoyando su glorioso trasero sobre mis antebrazos, abriendo sus piernas ante mi cara y acercando su coño mojado a mi boca, obligándome a satisfacerla mientras ella contemplaba cómo era sodomizado por su amigo, sintiendo oleadas de placer recorrerme, mi mente traspasando los límites a cada embestida, las piernas doloridas y temblorosas por la posición y las ataduras, sufriendo el golpeteo de mi cuerpo contra el duro sustento, lamiéndola sin parar, casi sin poder respirar, empapándome la cara entera de sus fluidos, oyéndola gemir de gusto, aferrada a mi pelo, los tacones de sus sandalias arañando mi espalda... Las contracciones de su coño, la forma en que se arqueó hacia atrás, pegada a mi boca, me hicieron saber que se había corrido, premiándome entonces con nuevas caricias y palabras de afecto mientras abandonaba su lugar.

El ritmo de Roberto se incrementaba, cada vez los golpes eran más fuertes contra mi culo dilatado, me dejé llevar por el placer, la mejilla ardiente apoyada contra la mesa, los ojos cerrados. Aunque quisiera, desde mi posición no podía ver lo que hacía Victoria, así que la imaginé tras él, sobando su cuerpo sudoroso mientras observaba su polla follándome sin compasión, disfrutando, con carita de gusto. La oí darle permiso para que terminara dentro de mí. Los dedos de nuestro invitado se agarraron fuertemente a mis caderas, apretando su tranca muy profundamente mientras notaba el liquido caliente llenándome y escuchando sus gemidos roncos al correrse.

Mi Reina le acompañó al baño, dejándome allí atado, caliente y estremecido, con su semen chorreando por mis piernas y, al cabo de unos minutos eternos, la escuché despedirse de él y cerrar la puerta. Vino a por mí, llevando sólo una preciosa bata de satén negro y me desató con cuidado, amorosamente, su mirada y sus caricias muy tiernas mientras me limpiaba con la suave tela blanca. Nos besamos intensamente y nos quedamos abrazados largo rato bajo la mesa, sintiéndome muy bien por ver esa sonrisa maravillosa que ilumina su rostro cuando es feliz.

Para Jose Mª, mi Tigre... Te la debía desde hace mucho. Tu fantasía, con mis palabras, tal como una vez hablamos... Espero que te guste. Por cierto, te he robado la foto jajaja Un beso muy grande, mi niño.

domingo, 19 de octubre de 2008

Trio

Cuando Jorge me propuso hacer un trío con su nórdica amiga Heidy sin duda no era esto lo que había imaginado que haríamos. Al principio le pareció divertido estar esposado a unas argollas sujetas a la pared, en la mazmorra del club donde nos habíamos citado los tres. Pero ahora que, indefenso y desnudo, no puede hacer otra cosa que mirar como, a casi un metro de distancia, yo acaricio la bronceada piel de la rubia extranjera, sin poder participar en nuestros juegos, se muestra ansioso por abalanzarse sobre nosotras. Y eso no se lo voy a permitir, no todavía, aún tendrá que sufrir un poquito más para tenernos.

Heidy espera, completamente desnuda, con las piernas separadas y las manos a los costados, sus ojos claros siguiéndome, la boca entreabierta y las mejillas sonrosadas, presa de la excitación, sabiéndose el centro de nuestros deseos, mientras yo doy vueltas a su alrededor, alternando suaves caricias por todo su cuerpo con sonoros cachetes en sus nalgas que la sorprenden. Me he vestido para la ocasión con un ceñidor negro con liguero, medias negras y unos impresionantes zapatos de tacón de aguja. Un collar gótico con multitud de cuentas de azabache decora mi cuello y lo hace parecer aún más níveo. Las areolas de mis pezones pintadas de carmín le terminan de dar un toque perverso a mi atuendo. El contraste entre nosotras es bello y evidente: una rubia de piel tostada por el sol de la Costa Dorada y unos ojos muy azules y una pelirroja de piel muy blanca y pecosa y de intensos ojos oscuros. Ella muy natural, sin maquillaje, sin ropa; yo medio vestida, con sombras y largas pestañas remarcando mi mirada, los labios pintados a conjunto con las uñas de un rojo oscuro. Dos mujeres de armas tomar... ¿Podrás con las dos, pequeño Jorge?

Me sitúo a su espalda y, delicadamente y con mucha calma, recorro todo su cuerpo a dos manos, como si fuera el mío propio, sus hombros, su pecho, la zona de su estómago, bajando por su cintura, sus caderas, arañando sus muslos firmes, para volver a subir por su abdomen y terminar agarrando sus grandes tetas y estrujarlas entre mis dedos, subiéndolas, apretándolas. Su cabeza cae hacia atrás, apoyándose en mi hombro, los ojos cerrados, disfrutando de las sensaciones, mientras yo clavo mi mirada provocadora en Jorge, en su pecho fuerte de respiración agitada, en su entrepierna, para constatar que lo que esta viendo le gusta. Sus ojos me hablan con claridad, desafiantes, llenos de deseo, no hacen falta palabras. Voy repasando el cuello de Heidy con mi lengua, excitándome con sus leves gemidos, pellizcando uno de sus pezones a la vez que mi otra mano acaricia su vientre, bajando de nuevo, perdiéndose entre sus piernas, mis dedos mojándose por fin en su coño caliente.

Con mi dedo corazón empiezo a trazar pequeños círculos sobre su clítoris, mientras sujeto su cuello con la izquierda, apretando levemente, sus gemidos creciendo en intensidad a medida que aumenta su placer. Sonrío mientras observo a Jorge: su polla se va endureciendo sin necesidad de contacto alguno, viendo lo cachonda que está Heidy, con sus piernas bien abiertas, viendo cómo mis dedos la hacen gozar.

Mis susurros en su oído la hacen estremecer. Le explico cómo está Jorge de excitado mirándola, las cosas que le voy a hacer a ella, a él, las cosas que le voy a obligar a ella a hacernos a los dos, las que le obligaré a él a hacernos a nosotras... La alabo, la insulto, sin dejar de masturbarla, cada vez más rápido, más fuerte. Meto dos dedos en su boca. Los chupa, cubriéndolos de saliva. Me situó perpendicularmente a ella, en su costado y se los introduzco en su coño bien lubricado. Muy pegada a su cuerpo me la follo a dos manos, una por delante sigue pajeándola, la otra por detrás, penetrándola, mis dedos entrando y saliendo con facilidad, mojados de sus fluidos, empujando muy adentro, haciéndolos vibrar dentro de ella. Su mano queda a la altura de mi entrepierna y me froto contra ella, que responde de inmediato. Siento como se corre, me deja los dedos empapados. Sigo un poco más, hasta que, temblorosa y con los ojos muy abiertos, se agarra a mi mano, suplicante.

Le ordeno que espere de rodillas mientras yo me dirijo hacia Jorge. Le hago chupar mis dedos con sabor al coño de Heidy mientras lo acaricio, rozando mi cuerpo contra el suyo, tomando su verga en mi mano y comprobando su dureza. Le doy la espalda, presionándo su polla con la raja de mi culo, masajeándosela con el movimiento de mi trasero mientras nos besamos apasionadamente, agarrada a su largo cabello de chico salvaje.

Me inclino hacia adelante, observándole con picardía por encima de mi hombro, entregándole una visión de mi espalda arqueada, mientras me introduzco su polla muy despacio. Me incorporo, moviéndome poco a poco, arriba y abajo por su tranca, acariciando sus fuertes brazos apresados, deseosos de liberarse y tocarme, recorriéndolos con el dorso de mis manos, agarrándome luego a sus caderas, impidiéndole marcar mi ritmo, su respiración junto a mi oído me subleva, se mezcla en mi cabeza con mis propios gemidos.

Le hago una señal a Heidy para que se acerque y nos besamos los tres a la vez, muy pegados nuestros cuerpos, me encanta verlos unidos en un beso, me cuesta esperar para verlos hacer mucho más. Ahora es ella la que me masturba, con lo que él sale ganando, porque empiezo a moverme con más fuerza. Ella se entretiene succionando mis pezones y cubriendo mi cuerpo de saliva mientras se agacha para usar su lengua entre mis piernas y mis dedos se pierden en su cabello, sujetando su cabeza. Levanta la vista y me lanza una mirada de chica mala mientras me sonríe. Es adorable. Jorge contempla el espectáculo desde detrás de mí y adivino lo que está pasando ahí abajo, lo noto tensarse, ella va guiando su polla para que me folle, acariciando sus huevos mientras me come el coño. Él me habla, su voz me vuelve loca, le oigo repetir las palabras que sabe que me gusta escuchar, deseo sus manos sobre mi piel más que nunca, tanto como él desearía tenerlas libres para hacerlo. Es demasiado bueno, no puedo aguantar y la excitación me trae un orgasmo intenso.

Heidy y yo seguimos acariciándolo sin soltarlo de la pared hasta que está listo. Arrodilladas ante él, le comemos la polla juntas, alternándonos las chupadas, dándonos besos con su glande en nuestras bocas, jugueteando con nuestras lenguas y con él, hasta que descarga sobre nosotras un gran chorro de leche, que usamos para acariciarnos las tetas la una a la otra, extendiéndolo por nuestra piel, besándonos y lamiendo nuestras caras para no dejar ni una gota, ante su atónita mirada.

Una vez desatado Jorge, nos vamos a una habitación reservada exclusivamente para nosotros tres, una gran cama flanqueada por un enorme espejo a lo largo de toda la pared, un jacuzzi y una pequeña área de higiene, donde yo acabo de quitarme la poca ropa que llevaba.
Estiradas juntas, nos seguimos besando y acariciando, mientras nuestro chico nos toca a cada una con una mano, deteniéndose en los pechos de una, el culo de otra, introduciéndose entre nuestros muslos para, con sus dedos y boca, ponernos bien cachondas, pero, entre susurros y risas, Heidy y yo acordamos usarlo a nuestro modo.

Jorge se estira en la cama y Heidy se clava en su polla que aún sigue tiesa mientras yo me siento sobre su cara, pintando sus labios con mi coño mojado, quedando así una frente a la otra, mirándonos a los ojos, moviéndonos casi a la vez sobre él. Me siento feliz observando su carita enmarcada de rizos rubios y su bello cuerpo mientras cabalga sobre la tranca de Jorge, sus gemidos y los míos sólo acallados por nuestros besos. Nos vemos reflejadas en el espejo, dos amazonas acaloradas y sudorosas de largas melenas, jugando a provocar a la contraria con nuestras caricias traviesas. Pienso para mí que Jorge me lo está haciendo genial, el sexo oral es uno de sus fuertes, no tardaré en volver a correrme, cuando Heidy se inclina hacia atrás, cogida a mis manos, sé que ya lo está haciendo, la sigo azuzando con mis palabras, quiero ver cómo se corre, me levanto y obligo a Jorge a ponerse sobre ella y seguir empujando con fuerza, ella chilla y se retuerce, abrazada a su espalda. Luego se queda tranquila y risueña.

Jorge se ha quedado muy caliente, me hace poner sobre su amiga y me folla desde atrás mientras ella me besa y me tira del pelo, diciéndome las mismas cosas que yo le acabo de decir, pidiéndome que me corra para ella y yo, que ya estaba casi lista, gimiendo sobre su hombro, no tardo en complacerla. Y casi al momento, él hace lo propio, clavándomela muy adentro, la siento palpitar en mi interior, mientras grita agarrado a mis caderas. Me ha gustado mucho verlos disfrutar.

Nos damos un baño juntos en el jacuzzi, nos relajamos, charlamos, reímos y tomamos algo para refrescarnos. Los tres estamos satisfechos pero aún tenemos ganas de probar más cosas, nos queda mucha noche por delante y ganas de seguir. Mañana estaremos muy cansados pero... ¿a quién le importa?.
Para Rag con todo mi cariño... Así es como imaginé nuestro encuentro. Aún tengo ganas... Besos!

domingo, 25 de mayo de 2008

Mazmorra

El Rainbow, local swinger de Barcelona, sábado por la noche.

Imagíname en su mazmorra.
Un espacio de unos seis o siete metros cuadrados, las paredes forradas con papel pintado imitando ladrillo y adornadas con un par de cadenas. En el centro de la estancia, colgado del techo, un columpio de arneses. En la pared de la izquierda, un saliente con un banco acolchado. Y en el rincón de la derecha, justo frente a la puerta, que está tapada con un biombo, una pequeña jaula de madera.

Dentro de ella, atornilladas a la pared, unas muñequeras de cuero con cierres metálicos situadas a cada uno de los extremos de una barra de hierro.

Y yo allí atada, desnuda, mi espalda contra la fría pared.

Sobre mi cabeza, en la esquina de la habitación, un estante con una lámpara que imita un pebetero con fuego y que da una luz anaranjada, ténue y cálida y, junto a ella, la bebida de mi acompañante en un vaso de tubo.

Hemos dejado nuestras toallas en la parte superior de la jaula, colgando sobre los barrotes, tapando la visión de los que se asoman con curiosidad por la puerta de la mazmorra, creando una atmósfera privada para nosotros, a pesar de estar en un sitio público. Nadie nos ve, nadie nos oye, estamos solos él y yo y mi pequeña fantasía perversa.

Él está agachado, entre mis piernas, levantando la derecha sobre su hombro, aplicando su lengua con intensidad en mi clítoris mientras sus dedos enormes entran y salen de mi coño, apretando muy dentro de mi.

Estoy temblando, llevo deseando esto desde hace mucho, desde que vi que habían instalado esa barra con muñequeras mi imaginación se había desbocado, soñando con estar así atada, con él comiendome como nadie más sabe hacérmelo, o jugando conmigo, con ese vibrador de lujo, estimulador del punto g, que tiene en su casa y que sabe que me vuelve loca, mi amigo, como él lo llama.

Estoy terriblemente excitada, después de haber estado follando con él en el jacuzzi del local y en la cama grande, delante de toda esa gente desconocida que se acercaban a acariciarme suavemente mientras él me poseía, pero mi mente ya estaba puesta en la mazmorra, en sus grilletes, en vivir este momento. Me siento mucho más expuesta que antes, cuando podían verme los demás, me entrego sin reservas a mi hombre, soy totalmente suya y sólo lo deseo a él.

Clavo mis uñas en las muñequeras, que me quedan un poco sueltas, gritando de gusto mientras me corro. El orgasmo es tan brutal que eyaculo. Un chorro de líquido transparente empapa su brazo, chorrea por mis piernas y deja un buen charco en el suelo.

Él sigue masturbándome, con cara de sorpresa. No se lo esperaba, ni yo tampoco. Es la primera vez que me pasa en la vida, estando acompañada. En dos ocasiones lo había conseguido mientras me lo montaba sola, pero no me había sucedido con ningún hombre hasta ese momento.

Estoy en trance. Él se acerca mucho a mi cara, mirándome a los ojos, riéndose.

"¿Qué has hecho?... ¡Guarra!¡Mira cómo has puesto el suelo!" me dice, en un tono muy dulce y alegre. Yo gimo sin control.

Levanta mis piernas con sus brazos y me penetra con pasión. La tiene durísima. Me bombea una y otra vez, sus manos contra la pared, yo abierta de par en par, haciendo fuerza para sujetarme a la barra que me tiene presa, colgando de ella, mis brazos en tensión, temblando. Él me besa y luego recorre mi cuello con su lengua, me muerde los pezones, le oigo gemir sobre mi hombro, pero muy lejos, estoy en éxtasis, sólo siento el placer que me domina por completo. Hace que me corra de nuevo y me deposita en el suelo con suavidad.

Le veo, con los ojos entrecerrados, soltarme de mis ataduras, pero sólo para obligarme a girar y volver a amarrarme a la pared. Se pasea por la jaula, bebiendo de su White Label con naranja, contemplándo mi espalda, mi culo, decidiendo cómo torturarme un poquito más. Mi respiración es muy agitada.

Toma un cubito de hielo de su vaso y recorre mi piel ardiente y cubierta de sudor muy despacio, dejándolo gotear estrategicamente. Todo mi cuerpo tiembla sin control, mis ojos le suplican piedad, pero cuando me pregunta "¿quieres más?" con esa voz profunda y tan sexy le digo que sí. Sabe que siempre digo que sí. Le oigo reirse otra vez, complacido.

La gente entra en la mazmorra, alertada por mis gemidos, se asoman a la jaula y me miran. Le hacen preguntas sobre mi y se quedan unos minutos a contemplar el espectáculo. Me encanta.

Él sigue acariciándome con el cubito de hielo, ya queda un trozo muy pequeño y aguado, toda mi piel brilla bajo la luz anaranjada, mis pezones están tan tiesos que duelen. Apoyo mi mejilla contra la pared, casi al borde de las lágrimas, cuando me lo mete por el coño y acaba de derretirse allí, casi al instante. Es su dedo dentro de mi lo que me hace estar tan caliente.

Sus grandes manos me toman por las caderas, y me hace sacar el culo hacia afuera, arqueando la espalda. Estoy muy sensible en estos momentos, todas las sensaciones se magnifican. Primero me penetra violentamente, empapando su palpitante polla en mis fluidos, haciéndome gritar, pero no tanto como cuando, a continuación, me la mete por detrás y sus dedos buscan mi clítoris.

Vuelvo a correrme, entre espasmos. Él tira de mi pelo, me muerde el cuello, el hombro. Mis piernas tiemblan tanto que siento que no aguantaré en pie mucho más. Él parece darse cuenta y, soltando mis muñecas, me arrastra hacia el banco acolchado. Se sienta en él y me hace chuparsela y me aplico con deseo, agradecida.

Estamos solos en la habitación. Yo rezo mentalmente por que no venga nadie a tocarme, porque ahora sólo quiero dedicarme a él. Se lo merece, se lo ha ganado. Matrícula Cum Laude.

Con un pie en el suelo y otro en el banco, rodeando su cintura, me empalo en su verga, besando su boca, abrazada a su cuello, mientras él me sujeta por las caderas. Me la clavo hasta el fondo, me muevo arriba y abajo, pero mis piernas ya no me sostienen y me voy dejando caer hacia atrás. Acompaña mi movimiento, colocándose sobre mi, sin sacarmela.

Sujeta mis tobillos frente a su cara, mis rodillas casi me golpean el pecho de tan doblada como estoy y empuja con ímpetu. "¡Cabrón!" le suelto entre dientes, pero suficientemente alto para que me escuche. ¡Dios!¡Cómo me gusta!

Tengo los ojos en blanco, no puedo soportar tanto placer, la siento muy adentro, una vibración me hace estremecer y el orgasmo me alcanza entre sollozos.

Me deja abrir las piernas, se estira totalmente sobre mi cuerpo y me abraza tiernamente.

Estoy llorando, de pura felicidad, las palabras salen entrecortadas de mi boca. "Te quiero", repito un par de veces. Le siento correrse, por fin, sus gemidos me hacen enloquecer, me aprieta fuertemente contra él, yo me abrazo como si me fuera la vida a su espalda y mis piernas se atan a su cadera.

Nos quedamos así durante unos minutos, recuperando el aliento, disfrutando de las sensaciones, exhaustos, doloridos, satisfechos.

Susurro un "gracias" muy sincero junto a su oido y él me mira y me sonrie. Sus ojos brillan. "Me acordaré muchas veces de esto" le digo, riendo. Estoy segura de que él también.

Nos vamos a las duchas, cubiertos de sudor, cogidos de la mano.


Para Jose, el hombre que cumple mis fantasías. Te quiero, mi niño.

domingo, 23 de marzo de 2008

Sofá (Entrega 2)

Llego puntual a otra cita con mi adorado Amo. Él me espera recostado en el sofá de su magnifico despacho, en penumbra, desnudo. Me enloquece la manera en que las sombras remarcan las formas de su bello cuerpo. Dejo mis cosas en una silla y espero impaciente sus ordenes. Mis ojos brillan, mis manos no pueden estarse quietas sobre mi regazo. Ya voy mojada.

- Te he traído algo. Quiero que te lo pongas. - me dice, indicándome una gran caja depositada sobre la mesa.

La abro, ilusionada. Observo su contenido y comienzo a desnudarme lentamente, dejo que él me observe, sin pudor, doblo mi ropa y la dejo sobre la mesa. Me pongo las botas altísimas que había en la caja, inclinándome mucho para subir despacio su cremallera, sintiéndome muy sexy, sabiendo que él está contemplando la largura de mis piernas, la curva de mi cadera, mi culo, la forma en que mis pechos se mueven cuando bajo. Las botas son altísimas, me llegan hasta medio muslo, en vinilo negro brillante, se ajustan con precisión a mi anatomía y tienen unos tacones imposibles, con los que debo permanecer casi de puntillas.
En el fondo de la caja hay algo más: una correa de perro con una cadena de paseo. Recojo mi pelo de una manera improvisada, dejando que algunos mechones rizados enmarquen mi rostro y lo abrocho alrededor de mi cuello, dejando la cadena colgar entre mis tetas.
Él me indica que me acerque y camino muy despacio, lo más elegantemente que puedo, rezando para no caerme. Me detengo entre sus piernas, él me sonríe, complacido, y no puedo evitar el ruborizarme, la mirada gacha, turbada por mis sentimientos.

Me pide que separe mucho las piernas. Estoy temblando, de impaciencia, de deseo, también por lo difícil de la posición. Él me permite apoyarme en su hombro. El contacto con su piel tan suave y caliente me electriza, me transporta.

Le veo buscar en una bolsa de terciopelo negro que no había distinguido hasta ahora, reposando sobre el sofá a su izquierda. Extrae de ella seis pinzas de tender la ropa, de madera. Le veo, muy concentrado, separando los labios de mi vagina para sujetarlos con las pinzas, con cuidado, dos a cada lado, dejando mi clítoris y mis orificios bien expuestos. No siento dolor, solo una pequeña molestia fácilmente soportable, aún más sabiendo que estoy agradando a mi Amo. No pasa lo mismo con las pinzas que luego coloca en mis pezones, esas duelen a rabiar, pero intento soportarlo sin que me venza el llanto.

- Apóyate en el respaldo del sofá, inclínate, no dobles las rodillas...- me ordena, estirando suavemente de la cadena hacia él.

En esta posición, me besa apasionadamente, recorre mis doloridos pechos, la curva de mi espalda, mis piernas extendidas, va subiendo hacia mi entrepierna, me acaricia el clítoris con delicadeza con su dedo corazón, mojándolo en los fluidos de mi coño, hasta sentir que crece, que se abulta, su mirada intensa fija en mis ojos entornados, en mi boca entreabierta y húmeda como mi sexo, nuestras caras tan próximas que siento el calor que desprende su cuerpo, su aroma. Su voz, sus palabras, me dominan. Me siento palpitar. Entregada a sus deseos, a sus caprichos. Soy su perra, obediente, haría todo lo que él deseara sin dudar. Le pertenezco, totalmente.

Su vista se dirige a un rincón en sombras del despacho y hace un gesto para que alguien se aproxime.

Una hermosa mujer rubia aparece, muy voluptuosa y exótica, y se va acercando hacia mí, felina, con una camiseta roja de red que deja completamente al descubierto sus pechos, una minifalda que es prácticamente un cinturón ancho y botas blancas. Viene masturbándose mientras me mira, en su mano derecha una polla enorme y jugosa. Suya.

Mi Amo se ríe al ver mi cara de sorpresa. Sujeta la cadena con fuerza para que no me mueva, para que no me incorpore, que siga con el culo en pompa, los brazos bien estirados.

Ella se arrodilla tras de mí y lame con fruición mi coño expuesto, centrándose sobre todo en mi ano, cubriéndolo de saliva, penetrándolo con su lengua.
Mi Señor me quita las pinzas. Es cuando se separan de mi piel cuando realmente duelen, pero saberme liberada de su presión me produce gran placer, saber que he cumplido para obtener mi recompensa. Aún y así, una lágrima grande surca mi mejilla y cae sobre sus labios. Él la captura con su lengua, se relame, luego toma mi cara entre sus manos y me besa con dulzura.
Tirando de nuevo de la cadena, me hace sentarme sobre él. Jugar así conmigo, saber lo que su invitada me está haciendo, le está poniendo muy cachondo, su tranca está durísima.
Me la meto con cuidado, deshaciéndome de gusto por poder tenerla por fin dentro de mí. Me sujeta por la cintura, me hace ir despacio. Quiero acariciarle, pero él prefiere que siga con las manos en el respaldo, un poco de bondage psicológico, dice, con una sonrisita pícara.
La rubia deja caer un buen chorro del lubricante que ha sacado de la bolsita de terciopelo en mi culo. Está muy frío. Se trabaja mi entrada trasera con dos dedos mientras me tira del pelo, que se ha soltado, desparramándose sobre mis hombros, y me muerde en el cuello, me obliga a besar a mi Amo, cada vez sus dedos entran más profundamente, dilatando la abertura. No puedo evitar gemir de gusto. Ellos se miran, con comprensión. Él me toma por las muñecas y me las lleva hacia atrás.

- Sujétate las nalgas, abre bien ese culo para ser follada, zorra -me ordena.

Obedezco, mirando a la chica por encima de mi hombro, una mirada suplicante que pide “hazlo ya, no me hagas mucho daño...“ Noto su enorme miembro como va abriéndose camino dentro de mi culo, no puedo evitar chillar, es terrible, es maravilloso. Sus grandes tetazas rozan mi espalda, su pelo dorado cae sobre mi cara, escupe en mi boca abierta, me obliga a chupar sus dedos pringosos de lubricante. Mi Amo observa complacido, hincándomela muy adentro, excitado.
Empalada así, entre los dos, sometida, me corro sin remedio, un orgasmo sublime. La expresión en la cara de mi Dueño no tiene comparación.

Nos hace cambiar de posición, ahora es la rubia la que se sienta en el sofá, yo sentada sobre ella dándole la espalda de nuevo, la que penetra mi coño convulso, abriendo mis piernas con sus rodillas, ofreciéndome a él, que se estira sobre mí, sobre ella, y empuja con cuidado para entrar en mi pequeño espacio ocupado. Duele. Pero entra.

- Tienes dos pollas dentro de ese coñito tuyo, guarra, te caben dos...

Me abraza, con fuerza, sus gemidos me vuelven loca, empujando una y otra vez, con toda su pasión y pronto me llena de su semen, con un grito de placer, yo me aferro a su espalda, no quiero que salga de mí. Siento chorrear su leche por la raja de mi culo, manchando su sofá. Me hace levantar y limpiar con la lengua esas gotas.

Le paga sus servicios a la rubia y ella se va, enfundada en una gabardina blanca. Me dedica un guiño antes de salir. Yo espero, sentada en el suelo, mirando a mi Amo con devoción.
Ahora está agotado, pero luego querrá más.
Y yo se lo daré, todo. Como siempre.
Estoy manchada, sudada, dolorida, cansada, increíblemente feliz.
Y le amo más que nunca.

sábado, 23 de febrero de 2008

Hotel

Mi amante me ha sorprendido quedando conmigo en una habitación alquilada en un hotel del centro, me dice en su mensaje que tiene algo especial para mi. La curiosidad me corroe, no me gustan las sorpresas.
Al llegar alli, tras besarnos apasionadamente y recorrernos con las manos, me obsequia con una caja envuelta en papel rojo. Al abrirlo descubro un bonito conjunto de lencería, muy sencillo, en color negro. Me lo pongo, me queda como un guante, me impresiona lo bien que él conoce mis medidas... Intuyo que eso no era todo y espero, interrogante. Me pide, con una sonrisa, si me dejo atar a la cama y yo le ofrezco sumisa mis muñecas, a las que él sujeta unas esposas de velcro muy ceñidas, nos miramos con deseo y complicidad, ni una palabra entre nosotros, sus ojos me dicen mucho más...

Siento el coño palpitante, expectante, mientras me tumbo en la cama y él ata las cuerdas al cabezal. Luego hace lo mismo con mis tobillos y me situa en cruz, muy abierta, expuesta, caliente. Enseñandome una venda negra me pregunta si puede vendarme los ojos y yo acepto. La oscuridad me envuelve y siento las yemas de sus dedos acariciar mi piel, su aliento cálido, sus labios suaves donde menos lo espero.
Su movil comienza a sonar y lo oigo alejarse de mi. Me quedo, inquieta, empezando a sentir algo de frio, temblando de deseo. Oigo su risa, habla en tono bajo, no entiendo sus palabras. A los cinco minutos alguien llama a la puerta con los nudillos y la puerta se abre. Estoy extrañada, nerviosa. Oigo a gente acercarse a la cama, susrrando. Diferentes manos me recorren, suavemente, la cama se hunde bajo el peso de varias personas sentadas a mi alrededor. Bocas desconocidas buscan la mia, no me resisto.

Algo afilado corta mi nuevo conjunto, siento el frio del metal contra mi piel, haciendo agujeros estrategicos al principio, poniendome muy caliente con sus caricias peligrosas, más adelante rompiendolo en su totalidad, con violencia controlada que me pone a cien...
Alguien me coje por la barbilla, girando mi cara. Una voz grave dice junto a mi oreja: "Te gusta, eh, puta?" "Mira como disfruta la muy guarra" dice otro. Acaricia mis labios, mete un dedo en mi boca. Yo estoy gimiendo, me encanta la situación, mi entrepierna está empapada, siento tres manos buscando mi placer, peleando por mis agujeros, masturbandome, tres bocas chupando mi vientre, mis pezones, mi cuello.
"Asi, haced que se corra" dice mi amante, creo que solo está mirando desde los pies de la cama, le imagino tocándose, disfrutando de verme asi, a su voluntad.

Me desatan las piernas para sujetarlas sobre sus brazos y noto a uno de esos hombres ponerse encima mio y penetrarme con fuerza. Yo grito de gusto, toda llena de una polla enorme. "Fóllatela, tio!" le animan los demás. Yo me corro violentamente, al hombre le sustituye otro que sigue con la faena, estoy que me derrito, pido más, ellos rien. "Vaya una zorra que eres" me dice uno. Tirándome del pelo me obligan a mamar otra tranca, siento unos dedos metidos en mi culo mientras me estan follando.

Mi amante está ahora junto a mi, susurrando a mi oido "correte para mi, golfa, quiero ver tu cara de gusto..." y yo le obedezco, sin aliento ya. "Que buena estás" me dice el tercero en metérmela, siento que no puedo más de tanto placer, forcejeo con mis ataduras, quiero tocar sus cuerpos duros y sudorosos pero no me lo permiten. Están a mi alrededor, tocándome, tocándose, he perdido la cuenta de cuantas veces se han turnado para follarme, mi chico entre ellos, y pronto siento el olor, el sabor salado de sus lechadas en mi cara, mi cuerpo, gritan satisfechos al correrse, yo estoy exhausta.

Les oigo ir al baño, refrescarse, vestirse y marchar. Mi amante no me deja ver quienes ni cuantos son sus amigos, pero la verdad es que no me importa. Me lo he pasado genial.

domingo, 17 de febrero de 2008

Entrega


Le había deseado desde el primer día, desde la primera vez que le vi. Trabajar junto a él es una dulce tortura, verlo pasar junto a mi mesa me hace estremecer. Mis compañeras de trabajo no lo entienden, no dejan de decirme "pues no sé qué le ves, es tan serio y aburrido..." pero a mi es el tipo de hombre que me hace enloquecer, puedo intuir algo especial en él y cada vez que nos cruzábamos por el despacho no podía evitar seguirlo con ojos hambrientos, recorriendo todo su cuerpo, soñándolo mio, soñándome suya, aprendiéndome sus movimientos, suplicando silenciosamente por una mirada o una palabra, alguna vez lo descubría observandome y me hacía sentir un nudo en el alma, pero nunca hubo acercamiento, siempre tan distante, tan fuera de mi alcance. Así que aquella mañana, cuando coincidimos a solas subiendo en el ascensor, él esperando frente a la puerta, yo a su espalda, muy pegada a él pero sin llegar ni a rozarle, embelesada con el aroma de su caro perfume, no pude evitar que las palabras salieran en tropel de mi boca:

- Te deseo tanto que haría cualquier cosa...

Con el rostro enrojecido por la vergüenza, comprendí horrorizada que lo había dicho en voz alta. Él ni siquiera se volvió a mirarme pero me sentí observada por su reflejo en la puerta metálica durante unos interminables segundos.

- ¿Cualquier cosa? - preguntó con calma.

Mi afirmación fue ahora casi un susurro, acompañado por un cabeceo incontrolado. Me sentía morir. El silencio era una pesada losa, mi humillación , absoluta... El tiempo parecía ir más despacio.

- Esta noche, en mi oficina. A las once. Ponte falda - contestó implacable, casi en el instante en que se abrían las puertas al llegar a nuestra planta.

Una vez a solas, suspiré aliviada y asombrada, sin querer salir todavía del ascensor, con una extraña sensación mezcla de terror absoluto y estupida ilusión a partes iguales. ¡Esta noche, esta noche...!

Llegué con puntualidad. Me impresionó ver el despacho a oscuras, tan vacío, sin vida. Él me esperaba recostado en el sofá de su enorme oficina, muy relajado en la penumbra, tan solo iluminado por una lamparita en su mesa, con traje y corbata, tan serio y elegante como siempre. Me indicó que dejara mi bolso y chaqueta en una silla y que permaneciera en pie frente a él. ¡Dios! ¡Qué guapo estaba!

- Quítate las bragas y estírate en el suelo... Ahora desabrochate la blusa, enseñame tus pechos. Súbete la falda y acaríciate. Quiero que te masturbes para mi.

Obedecí sus ordenes, temblando, pero no asustada, sino de deseo. En ese instante comprendí que era suya, que mi voluntad era complacerle en lo más mínimo, entregarme completamente a él. Encontré que mi sexo ya estaba húmedo por la impaciencia. Le observé quitarse la corbata y la chaqueta parsimoniosamente y luego desabrocharse cuatro botones de la camisa, sin dejar de mirarme. La visión de su piel me excitó todavía más. No pude reprimir un gemido, mis dedos veloces sobre mi clítoris buscando más placer.

Se levantó del sofá y se acercó hasta donde yo estaba, parandose a contemplarme desde su altura y puso su pie derecho sobre mi muslo, obligándome a abrir más las piernas para poder ver mejor el espectáculo de mi sexo mojado y anhelante.
- Guarda silencio - me reprendió mientras se acuclillaba entre mis piernas, quitándose el cinturón - No quiero que te corras todavía, ¿me oyes?, lo harás cuando yo te lo diga...

Sentí un dedo introducirse muy lentamente en mi coño palpitante mientras yo seguía jugando con mi clítoris, notando como mis paredes vaginales se estrechaban, comprimiéndolo, la respiración acelerada, mordiéndome el labio para no chillar de gusto, no iba a poder controlarlo, me iba a correr ya...

El dedo se retiró veloz y su mano apartó la mia de un golpe, propinándome luego un sonoro palmetazo en toda la entrepierna, que no dolió pero me hizo abrir los ojos como platos, sorprendida.

- He dicho que todavía no... Date la vuelta, a cuatro patas. Sigue tocandote, pero despacio, te correrás cuando yo te lo permita, no antes, ¿me has entendido?

Asentí, obediente, y continué masturbándome, empapada, muy caliente. Oí el inconfundible sonido de una cremallera al bajarse y, al momento, la presión de su suave glande acariciando la entrada de mi coño, bañandose en mis fluidos, sin llegar a metérmela, lo que me hizo jadear, su mano derecha en mi hombro, sujetándome con fuerza, evitando que culeara y me la metiera yo misma.

- ¿Aún me deseas tanto? ¿Sí? Bien, ¡córrete para mi, zorrita, demuéstramelo! -me ordenó con voz aterciopelada a la vez que me la iba clavando, muy despacio, muy despacio.

Mordí el dorso de mi mano, ahogando un grito, mi cuerpo respondió con violencia, las contracciones dentro de mi me hacían perder la razón, subyugada a su deseo, su polla tan dura, tan enorme, entraba más y más, hasta doler, pero era el dolor más dulce de mi vida, no quería que acabase... Me la fue sacando, igual de despacio, alargando mi suplicio... y luego me la hundió de golpe, muy duro, muy adentro, haciéndome gritar.

Rió, volvió a acomodarse en el sofá y me indicó que me acercara. Así lo hice, arrastrándome sobre mis rodillas, como perra obediente, para adorar su sexo mojado del mio con mis labios y mi lengua hasta que, agarrándome del pelo, me apartó y se corrió sobre mi pecho, la cabeza echada hacia atrás en el respaldo, los ojos cerrados. Me sentía encantada de verle de aquella manera, saber que yo había conseguido ponerle así.

Se que volveremos a quedar, que volveré a servirle bien, a entregarme a sus deseos, a cumplir su voluntad, porque ahora es mi dueño.

Para Pedro (lo que tú haces es poesia, querido amigo...), Óscar, Germán, César,.... esos hombres que me hacen soñar con ser suya... Twentyfourseven... y dejar de ser vainilla...