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domingo, 26 de agosto de 2012

Bisexual



Alex parlotea sin parar y yo muevo la cabeza, asintiendo, más pendiente de cómo se forman las palabras en sus preciosos labios, casi femeninos, tan llenos y bien dibujados, que de lo que está diciendo realmente. Me gusta su acento, tan distinto al mío y esos pelillos, presunta perilla, que se ha dejado en el hueco entre su labio inferior y la barbilla.

Bla, bla.
Bla, bla...
Soy bisexual...
Bla, bla.
Bla, bla...

¿¿Qué?? ¿Ha dicho 'soy bisexual'? ¿O me lo ha parecido a mí? Abro mucho los ojos y lo observo atentamente, intentando averiguar de qué va esta conversación que me estoy perdiendo. ¡Joder! Ojalá tuviera en mi mente uno de esos botones para rebobinar y volver a escucharlo.

¿Alex, bisexual? ¡Nah! 

Flashes cruzan por mi mente. Mi parte más perversa se frota las manos. ¿Le gustará dar o recibir? ¿Los chicos jovencitos, poco formados físicamente o los hombretones grandes y con pelo, como él? Porque imaginarme a esta mole de casi dos metros, que hoy me lleva camiseta imperio por la que asoma el vello de su pecho (cosa que me vuelve loca... me pregunto si lo habrá hecho a propósito) y unos tejanos holgados que aún y así le marcan paquete, con otro 'de su misma especie', hace que la cabeza me dé vueltas.

Que ya sabemos cómo son los hombres en cuestiones de libido: apasionados, directos, con la urgencia del deseo quemándoles la piel. No sería ‘hacer el amor’, nada romántico y con caricias, sino más bien una lucha por el poder, rodando uno sobre el otro, comiéndose la boca con ansia mientras sus manos grandes buscan el sexo del otro. 

Oh, sí. Alex con un tipo bruto, musculoso, que lo agarra del pelo mientras él le come la polla, con esos labios gorditos y sensuales. Oh, sí. Alex en el pasillo francés de algún local de ambiente, entre sombras, luces verdosas y anaranjadas iluminan tenuemente su cara de gusto mientras el tío bruto se la mete hasta el fondo, sintiendo sus pelotas golpeando sus nalgas prietas, mientras al otro lado de la pared, una boca anónima chupa dulcemente su verga, que ha asomado por uno de los agujeros. Placer por delante, placer por detrás. ¿Gime? Oh, sí, gime, con las manos sujetas a la espalda mientras lo enculan, Alex pide más, con ese acento que me encanta, con la cara pegada a la fría pared y los ojos cerrados. Y se corre así ensartado, sintiendo el semen de su amante correrle muslo abajo, mezclado con el sudor que le perla todo el cuerpo desnudo... Oh, sí...

Me muerdo el labio, podría ponerme a gritar, porque me estoy poniendo cachondísima...

Alex. Alex. Alex bisexual...  Con su porte de macho alfa, sometiendo al muchachito que se debate entre sus sábanas, obligándole a tragársela toda hasta el fondo de la garganta, aunque tenga arcadas. Chupa crío, chupa. Obligándolo a abrirse de piernas, las rodillas tocando su pecho lampiño, aguantando sus tobillos sobre los hombros mientras lo posee como si fuera una mujer. Oh, Alex, dale más fuerte, hazlo gritar, córrete sobre su cuerpo, príngalo de crema mientras se retuerce bajo tu peso, mientras miras cómo se toca para ti...

Alex. Alex bisexual. Alex con hombres y mujeres. Alex haciendo que el chico me folle mientras él lo encula, Alex follándome mientras es follado, oh sí...

Siento que se me cierran los ojos, que necesito más aire...

-¿Nikki? ¿Estás bien?
-Eh? Ah! Sí, perdona, estaba pensando en otra cosa...  - digo mientras siento el calor invadir mis mejillas, sé que me estoy poniendo roja hasta las raíces. Espero que, al menos, no se me haya caído la baba.

Y él me mira por encima de sus gafas de pasta, esas que ya le dan un punto extra de follabilidad, y me parece distinguir un destello de divertida perversidad en su mirada, mientras aprieto mis muslos, sintiendo mi sexo palpitar y la lujuria correr por mis venas. 

Creo que me conoce más de lo que pienso y que está jugando a provocarme. 

¿Alex, bisexual? Oh, sí, ¡por favor!


Algo breve y por encargo... espero que te haya gustado... 


domingo, 20 de mayo de 2012

Durmiente



La luz comienza a iluminar levemente el cielo en este domingo de Mayo, mientras camino bajo la lluvia por Las Ramblas de Barcelona en dirección a la estación. Tras una noche de fiesta, me dispongo a regresar a casa con el primer tren de la mañana. Al subir al vagón, me acomodo en los asientos laterales frente a otros cuatro, ocupados únicamente por una persona. Se trata de un chico en la treintena, muy grandote, que ocupa indolentemente casi dos de ellos, espatarrado con comodidad, mientras lee una revista.

En la negrura del túnel, mientras el tren se dirige velozmente hacia su siguiente parada y a falta de algo mejor que contemplar, mis ojos recorren lentamente su persona, de la cabeza a los pies. Reconozco en sus formas el tipo de hombre que me gusta: moreno, con el cabello ligeramente largo que despunta sobre sus orejas, con un aire de ternura que lo hace terriblemente deseable, pervertible, o quizás ocultando una fiereza que no se muestra normalmente a los demás. Se adivina muy alto, corpulento, sus manos son enormes y me da por pensar, con picardia, que posiblemente a conjunto con el resto de su anatomía.

El hombre sentado junto a mí me observa a su vez, en el reflejo de la ventana, captando mi interés por el muchacho y sonriendo levemente. Disimulo, sintiéndome descubierta, dejando vagar mi mirada por el vagón, por las cosas en el bolso que llevo, por mi ropa húmeda de la lluvia, por la lista de canciones que suenan en mi mp3, aunque inevitablemente vuelve una y otra vez al grandullón, que sigue leyendo sin reparar en mí.

Cuando el tren sale a la superficie y nos vemos rodeados de la luz gris del nuevo y nublado día, deja su revista en el asiento y rebusca en los bolsillos de su chaqueta, que reposa arrugada sobre sus rodillas. No encuentra lo que busca y se cachea el pantalón de denim oscuro. De su bolsillo derecho saca un móvil y lo veo trastear con él, para seguidamente volver a guardarlo. Sus ojos se cierran y su cabeza se va ladeando. Se está quedando dormido. 

Sin el reflejo inquisitorio de mi compañero de asiento y al tener el chico los ojos cerrados, sin posibilidad de descubrirme, me siento libre de fijar mi vista maleducadamente en él y deleitarme con el espectáculo. La tentación es demasiado grande: saco mi cámara de fotos y le echo una sin llamar la atención, haciendo ver que repaso otras fotografías. Su mano izquierda descansa sobre su vientre, que se mueve acompasadamente con su respiración relajada, sujetando al mismo tiempo la chaqueta. Sus muslos son poderosos, enormes, y su sola visión me hace vibrar en una frecuencia no audible, calentando mi bajo vientre y mojando mis bragas. Puedo imaginar perfectamente las formas de su cuerpo bajo la camiseta blanca un poco vieja, que se transparenta ligeramente. Lleva estampado un enorme numero dos, que me hace sonreír. El dos siempre ha sido mi número de la suerte, ¿será una señal? La curva de su hombro, el dibujo de su clavícula, el movimiento lento de su pecho, su boca entreabierta, disparan todo mi deseo y hacen que me ponga a soñar despierta.

Y sueño que me acomodo a su lado, ocupando solamente medio asiento, pues su mano derecha descansa abierta y gigantesca sobre la revista que leía. Todos los ocupantes del vagón duermen o están enfrascados en la lectura y no nos prestan atención. Mi mano se desliza por el tejido de su pantalón, escondiéndose bajo la chaqueta. El contacto le despierta y se aferra a la prenda, temeroso de un posible ladrón. Pero mi mano sigue ahí, sobre su bragueta y mis ojos no dejan duda al respecto: no estoy interesada en sus pertenencias, solamente en su cuerpo, en su placer que ya es el mío, así que vuelve a cerrar los ojos y se deja llevar, todavía adormilado, sintiendo la caricia que recorre su sexo sobre la ropa, que se va haciendo más intensa. Quizás habrá fantaseado con eso mismo alguna vez: una desconocida en un tren casi vacío que no puede resistir sus bajas pasiones... Ya puedo notar el bulto que va creciendo y es tan grande como imaginaba mientras advertía su gran cuerpo. Bajo lentamente la cremallera y mi mano se adentra en tejidos más íntimos. Mis uñas rojas arañan suavemente su escroto sobre el algodón de su ropa interior. Su excitación es ya muy evidente, su cuerpo desprende calor y su polla asoma por encima del calzoncillo. Mi mano sigue jugando, apartando la tela, apretando su turgencia firmemente mientras se desliza arriba y abajo, lentamente, con el cosquilleo del vello rizado de su pubis en mis dedos. Veo aparecer la punta rosada y brillante de su glande entre la ropa y me hace salivar, ansiosa. Desearía bajar hasta ahí, succionarla, atraparla entre mi lengua y mi paladar, cubriendo de saliva cada pliegue de piel, dejando que las rugosidades de mi lengua despierten oscuros placeres que todavía no conoce, perdiéndose en las profundidades de mi garganta. Pero me contengo. Una mamada sería más difícil de disimular si entrara alguien en el vagón por sorpresa.

Su mano derecha, que reposaba sobre el asiento, se ha ido deslizando, alcanzando mi pierna, subiendo por la cara interna de mi muslo, adentrándose cada vez más bajo mi falda, que se va subiendo, arrastrada por sus titánicos dedos, hasta alcanzar el encaje caliente y mojado que protege la entrada de mi coño y rozar suavemente mi clítoris con su dedo meñique.  Mi cuerpo se acerca a su brazo, el contacto de mi pecho humedecido por la lluvia y su piel es pegajoso pero cálido. Vuelve su rostro hacia mí, con los ojos todavía cerrados, pero su boca es tan tentadora que me sumerjo en ella, explorando, peleando, degustando, sintiendo el dulce roce de sus labios en los míos, su aliento cálido en mi mejilla cuando nos separamos. Su respiración se vuelve acuciante, más profunda y entrecortada, su mente concentrada en el movimiento lento pero firme de mi mano bajo su chaqueta. Quiero que lo haga, que lo disfrute hasta el final, que me pringue la mano y su ropa, que se derrame sobre su propio vientre y mis dedos, que sin duda lameré después, para guardar el recuerdo de su sabor dentro de mí. 

Regreso de mi sueño, las mejillas arreboladas. La chaqueta me estorba y aprieto con fuerza mis muslos entre sí, apenas conteniendo el temblor que me invade, sintiendo la pulsión del deseo que me trastorna. Rebusco de nuevo en mi bolso y me retoco el pintalabios con la ayuda del espejo en que se ha transformado mi tarjetero metálico. Saco una de mis tarjetas profesionales. Mi nombre, mi e-mail, mi número de teléfono, una breve explicación de mis actividades y algunos ornamentos en dos tonos de violeta. Son bonitas, o al menos, a mí me lo parecen. De nuevo observo al durmiente, ajeno a todas mis maquinaciones. Pienso si sería capaz de dejarle una entre las páginas de su revista, o sobre el brazo que descansa sobre su cuerpo. Se despertaría y se levantaría al llegar a su parada, cuando suene la alarma de su móvil, posiblemente la tarjeta caería hasta el suelo y él la recogería con curiosidad, mirándola y leyéndola con extrañeza. “Te la ha dejado la chica que estaba sentada aquí” le diría el hombre de la sonrisa, añadiendo “yo creo que le gustabas, porque no te quitaba ojo...” Y él se la guardaría, tratando de recordar cómo era la chica en cuestión y quizás al llegar a su casa, probaría a llamarme. 

“¿Hola?”, diría yo...

Me guardo una en mi bolsillo. Y nos imagino desnudos y sudorosos en una cama grande y revuelta, tumbados el uno junto al otro, sus dedos índice y corazón hundiéndose muy adentro en mi sexo mientras su pulgar juega con mi clítoris, disfrutando de mis gemidos y de las reacciones de mi cuerpo ante sus ataques, luchando ambos entre risas por ver quien queda arriba y él dejándose ganar para que yo pueda cabalgarlo, pintando su verga con mis fluidos mientras atrapa mis pechos con sus manazas para llevarlos a su boca y mis dedos se sujetan a su pelo, temblando de placer al correrme, empalada en su enorme miembro.

Va llegando inexorable la parada donde debo bajar y él sigue durmiendo, apoyado contra la ventana. Pierdo la esperanza de que viva en mi ciudad. Me pongo en pie, voy hacia la puerta, el corazón acelerado, mi mano acariciando la tarjeta que reposa en el bolsillo de mi chaqueta, preguntándome a mi misma si me atreveré, deseando locamente volver a verle, saber más de él, descubrir su voz, reflejarme en sus ojos, perderme entre sus brazos y conocer su risa. El tipo de la sonrisa me sigue con la mirada desde su asiento y percibo sus ojos clavados en mi espalda, esperando mis movimientos. Me coarta. Contemplo una vez más el pelo revuelto de mi chico ideal asomando sobre el asiento, está tan cerca que podría tocarlo, tan solo un pequeño gesto bastaría para depositar mis datos en su regazo y dejar que el destino siga su curso.

Pero las puertas se abren y desciendo del tren, bajando tristemente sus dos escalones hasta el andén. Y mi paso se hace pesado mientras me dirijo a la salida, arrugando con rabia mi tarjeta en un puño dentro de mi bolsillo, sintiéndome una cobarde. El tren pita, sus puertas se cierran y continúa con su camino, ignorante de mis deseos, al igual que su durmiente pasajero. Lo veo alejarse desde lo alto de las escaleras mecánicas y, mientras me incorporo a la mañana que ya transcurre bulliciosa en mi ciudad, donde la lluvia ya ha escampado, en mi mente resuenan las palabras que ya nunca escucharé:

“¿Hola?”, diría yo...
“Hola, soy el chico del tren...”


  1. True Story. Si por casualidad alguien lo conoce, que le hable de mi y que me mande un mensaje al mail que hay en Información jajaa Se fue dirección Manresa, para más datos...

domingo, 4 de septiembre de 2011

30 Seconds To Mars - Hurricane (2010)

Me gustan mucho 30 Seconds To Mars, de hecho estuve en su concierto en Barcelona el pasado 18 de Diciembre del 2010 y me lo pasé genial coreando y bailando todas sus canciones con mi amigo Xavi.

Quería destacaros este video, aunque casi se podría considerar cortometraje, ya que dura algo más de 13 minutos. Me ha costado encontrar una versión sin censurar, pero aquí la teneis, con imagenes explicitas del mundo más oscuro y bedesemero de las fantasías de Jared Leto y compañía.... Parece que está de moda, eh? Sexy, sexy..... A mi Shannon me pone muy caliente....

domingo, 20 de marzo de 2011

Seda


"Amado Señor mío,


No tengas miedo, no te muevas, permanece en silencio, nadie nos verá.

Sigue así, quiero mirarte, yo te he mirado mucho, pero no eras para mí, ahora eres para mí. No te acerques, te lo ruego, quédate donde estás, tenemos una noche para nosotros y yo quiero mirarte, nunca te he visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra tus ojos y acaríciate, te lo ruego.


No abras los ojos, si te es posible, y acaríciate. Son tan hermosas tus manos, he soñado con ellas tantas veces, ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, te lo ruego, continúa, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti. Acaríciate, amado Señor mío, acaricia tu sexo, te lo ruego, despacio.


Es hermosa tu mano en tu sexo, no te detengas, a mi me gusta mirarla y mirarte, amado Señor mío, no abras los ojos, todavía no, no debes tener miedo, estoy cerca de tí. ¿Me sientes? Estoy aquí, te puedo rozar. Esto es seda, ¿la sientes? es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel.


Tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás dónde, de repente sentirás el calor de mis labios sobre ti, no puedes saber dónde si no abres los ojos, no los abras, sentirás mi boca donde no sabes, de repente.


Tal vez sea en tus ojos. Apoyaré mi boca sobre los párpados y las pestañas, sentirás entrar el calor en tu cabeza y mis labios en tus ojos, dentro. O tal vez sea en tu sexo, apoyaré mis labios allá abajo y los abriré bajando poco a poco. Dejaré que tu sexo entreabra mi boca, entrando entre mis labios y empujando mi lengua, mi saliva descenderá por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo, hasta que al final te bese en el corazón, porque te deseo.


Morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te deseo, y con el corazón entre mis labios tú serás mío de verdad, con mi boca en el corazón, tú serás mío para siempre, si no me crees, abre los ojos, amado Señor mío, y mírame. Soy yo, quién podrá borrar este instante que sucede y este cuerpo mío, ya sin seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran.


Tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que te deslizas debajo de mí, aferras mis caderas, me levantas, dejas que me deslice sobre tu sexo, despacio, quién podrá borrar esto, tú dentro de mí, moviéndote lentamente, tus manos en mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz. Te mueves lentamente pero hasta hacerme daño, mi placer, mi voz, mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me alza, tus brazos que no dejan que me marche, los golpes dentro de mi, es violencia dulce, veo tus ojos que buscan en los míos, quieren saber hasta dónde hacerme daño. Hasta donde quieras, amado Señor mío, no hay final, no acabará.
¿Lo ves? Nadie podrá borrar jamás este instante que sucede, para siempre. Echarás la cabeza hacia atrás, gritando, para siempre cerraré los ojos, separando las lágrimas de mis pestañas, mi voz dentro de la tuya, tu violencia que me tiene aferrada. No queda ya tiempo para huir, ni fuerza para resistirse, tenía que ser este instante. Y este instante es, creeme, amado Señor mío, este instante existirá, de ahora en adelante, existirá, hasta el final."

Hoy he asistido al Club del Libro en el Nido del Escorpión y me he traido esta pequeña joya que es "Seda" de Alessandro Baricco. Lo he devorado en el tren de vuelta a casa. Os recomiendo su lectura. Una pequeña historia de amor imposible entre un comerciante de seda francés y una bella joven japonesa.

jueves, 3 de febrero de 2011

Teléfono




Suena el móvil. Son las diez de la mañana y me revuelvo entre las sábanas. La noche ha sido larga, participé en un concurso y gané, me fui de celebración con mis amigos y llegué muy tarde a casa. Pero como estoy de vacaciones, no tengo ninguna prisa por levantarme.

-Mmmmmm??? -contesto, con los ojos cerrados todavía.
-¡Buenos días, guapetona! ¿Te he despertado? Jodeeer, lo siento. Sólo quería saber cómo te fue anoche...

La verdad es que no me importa que me haya despertado, su voz ronca y sexy al teléfono despierta mucho más en mi cuerpo que un buen café, siento un hormigueo que sube y baja por mi vientre y se localiza, caliente, entre mis piernas. Un calor que no podrá saciarse con su compañía, pues nos separan más de 500 kilómetros. Siento añoranza de su boca, de su cuerpo sobre el mio, del tacto de sus manos. Sólo su voz me reconforta, trayéndome dulces recuerdos de los pocos días que hemos pasado juntos.

-Bien, bien... Gané la primera ronda y salimos a celebrarlo....
-Bueno, si un caso te llamo luego y hablamos, descansa un rato más...
-¡No, no! No te vayas todavía.... Me encanta escucharte.... Sabes que tu voz me pone mucho.... Dime más cosas....

Me lo imagino sentado en su coche, parado para desayunar en la cafetería de alguna gasolinera solitaria de alguna autopista de Madrid, apartado del tumulto en algún parking, lejos de la vista de la gente, aprovechando ese descanso en el trabajo para llamarme. Trajeado, con su corbata, bien peinadito, con las gafas de sol todavía puestas y una media sonrisa traviesa en la que asoma ese diente un poco roto, imaginándome él a mi: la melena pelirroja desparramada sobre la almohada, con los ojos soñolientos, oscurecidos por los restos de maquillaje que no me quité la noche anterior, mi piel tan blanca en contraste con las sábanas azul oscuro, curvilínea y cálida bajo el edredón.

- ¿Que llevas puesto? - me interroga. Su voz se ha hecho todavía más ronca, recordando este cuerpo mio que ha sido tantas veces suyo.
- Nada. Estoy desnuda, siempre duermo desnuda. Y me estoy poniendo muy cachonda... Me estoy acariciando, imaginando que eres tú, que estas aquí a mi lado... Sólo mirándome y acariciándome y hablándome al oído...
- ¿Sí? Uffff.... -casi puedo sentir cómo la saliva se acumula en su boca, como su corazón comienza a latir más rápido- ¿estas mojada?
- Estoy empapada, cielo. Ahora mismo tus dedos entrarían suavemente dentro de mi, llenándose de mi esencia, de mi olor, de mi sabor....
- Lo que daría por poder meter mi lengua en tu coño ahora mismo, mi niña...

Le imagino soltándose un poco la corbata, para poder respirar mejor, mirando nervioso a su alrededor, como si alguien más pudiera escuchar lo que estamos diciendo. Yo también recuerdo su olor, su sabor, el tamaño de su miembro entre mis manos, rozando mis labios, esos ojos oscuros que buscan los mios, esa cara de malo cuando se lo pasa bien...
Mis dedos han empezado a jugar ahí abajo, haciéndome sentir que son los suyos, o quizás su lengua experta sobre mi sexo. Respiro más fuerte, se me escapa un gemido.

-¿Que haces?
- Estoy sintiendo tu lengua entre mis piernas, recorriéndome despacito, jugando a rozar mis ingles. Me muevo buscando su contacto y tu me evitas, me haces sufrir, suplicar, quiero sentirla en mi clítoris, llenándome de tu saliva...

Yo también se seducirle con mi voz: le hablo lentamente, que le de tiempo a ponerse en situación, casi susurrante, que tenga que esforzarse un poco para escucharme, voz caliente de hembra en celo.

Oigo ruiditos imperceptibles en el teléfono, un rozar de tela. Imagino que el pantalón ya le aprieta y que se ha deslizado en el asiento del coche, ocultándose un poco más, dejando espacio para bajarse la cremallera de la bragueta y así poder introducir su mano y acariciarse al mismo tiempo que yo, primero suavemente, sólo por encima, luego agarrándola con toda la mano, meneándosela ritmicamente.

-¡Que bien lo haces! ¡Me encantaaaaa! Pero méteme un dedo...¡o dos! ¡Hazlo, por favor! ¡Necesito que me folles! ¡No me hagas esperar más! ¡Te deseo tanto!- le pido, con voz lastimera. Mi coño ciertamente se abre, pidiendo su sexo, sus caricias, ese cuerpo que no voy a tener.

- Mmmm.... ¡Que cerda! ¡Sí! Te meto los dedos, muy adentro, me encanta verte así, tan caliente, mojada y abierta de piernas, mirando cómo te masturbas para mi, mientras te meto la polla en la boca para que me la chupes tan bien como tú sabes, agarrándote del pelo para ver esa cara de guarra que pones.... ¡Así, chúpamela!
-Oh! ¡Cómo me gusta que me hables así, cabrón!¡Sigue!¡Dame más!

Estoy gimiendo, loca de placer, los ojos cerrados completamente, apretados, mirando hacia adentro, hacia mi mente, a la doble escena de saberme poseída por él en esta fantasía compartida y de imaginarle en tiempo real, haciéndose una paja mientras me habla, en su coche, a pleno día, en un lugar público. El teléfono casi se me pierde, resbala por mi almohada mientras me toco a dos manos, pero no quiero dejar de oír su voz, de sentirlo en la distancia y me apresuro por volver a colocarlo sobre mi oreja.

- Cállate, perra -me está diciendo- No quiero oírte, solo quiero ver cómo te corres para mi, quiero sentirlo en mis dedos, aprisionados con tu orgasmo, porque cuando te corras te la voy a meter enterita y te voy a follar como te mereces, puta.... ¡Córrete! ¡Córrete ya!

Es como un interruptor en mi cabeza, todas sus palabras me disparan hacia una dimensión desconocida, mi cuerpo vibra y se retuerce, mi mente gira sin control, envuelta en una nube naranja y roja y me quedo sin aire. Una "pequeña muerte" que a la vez me da la vida y me deja palpitante.

- Ooooohhh! Síiiiiii!
-¿Sí? Pues ponte a cuatro patas, que te la voy a clavar hasta que no puedas más... Buffff! ¡Cómo me la has puesto, mi niña! ¡Te voy a destrozar cuando te pille!

Sigo tocándome, suavemente, disfrutando de las sensaciones, prestando atención a sus lejanos jadeos que me excitan todavía más, escuchando cómo se relaja cuando termina, sin estridencias, rezando por que lleve pañuelos de papel en el coche...

- Estoooo.... Voy a tener que dejarte, cariño, jejee Ufff.... ¡Te vuelvo a llamar más tarde, guapísima! Eres un cielo.... ¿Te he dicho ya que me encantas? Un beso, nena, descansa.... ¡Te quiero!

Su voz vuelve a sonar divertida y sexy. Creo que no llevaba pañuelos, después de todo.

Apago el móvil y me quedo, relajada y calentita bajo las sábanas, soñando con él, con que llegue la hora en que mi teléfono vuelva a sonar y escuche de nuevo esa voz tan peculiar y provocadora que me vuelve loca.

Para Ginés. Nada de lo que te pueda decir podrá explicar por completo todo lo que me haces sentir.... Gracias por unos días maravillosos. Te quiero!




domingo, 7 de noviembre de 2010

Christina Aguilera - Not myself tonight




Mucho se ha criticado a Christina, desde siempre, comparandola con Britney, ahora con Lady Gaga... y a raiz de este video, que si ha copiado imagenes de otros videos... Desconozco si ella ha hecho alguna declaración al respecto, pero me parece a mi que homenajear a alguien a quien admiras, y en este caso es bastante evidente que bebe de las fuentes de Madonna (Express Yourself, Human nature, el Blond Ambition Tour...) no debe ser criticado.
A más de uno nos ha pasado, de vivir una noche en que sientes que algo ha cambiado, que te liberas de represiones y convencionalismos y das rienda suelta a tus más intimos deseos y sentimientos, descubriendo un mundo nuevo de sensaciones...

"Esta noche no soy yo misma, mañana volveré a ser la chica que suelo ser, pero no esta noche...."

Ven, déjate llevar....

domingo, 12 de septiembre de 2010

Janesko

Estoy en Facebook, una chica apodada "Flor Bella" me manda un toque. Yo entro en su perfil para ver si la conozco o si me interesa conocerla... La foto me deja sin aliento. Es un dibujo de una morenaza de ojos azules y generoso busto. Me encanta. Empiezo a mirar el resto de sus fotos de perfil y enseguida descubro a la artista creadora de estas imagenes, que por supuesto no es ella ni se parece a sus dibujos...

Es bastante evidente que usó a Angelina de modelo, ¿no?

Jennifer Janesko. La busco en Internet y enseguida doy con su pagina. Tiene algunos dibujos realmente extraordinarios, otros de menor calidad, pero dignos de verse. Aquí algunos ejemplos:

"Lounge"

"Birthday suite"

"Inferno"

Y mi favorito, "Secret Garden"

Si quereis visitarla y juzgar su extensa obra pictórica por vosotros mismos, al igual que sus diseños de joyas, aquí os dejo el enlace:

domingo, 29 de agosto de 2010

Madonna - Justify My Love

Finales de 1990. Madonna publica su primer Grandes éxitos oficial, en el que se incluyen dos temas nuevos, "Rescue me" y "Justify my love", una canción escrita mano a mano junto a Lenny Kravitz e Ingrid Chávez, amiga de Prince, y a la que acompañó un video dirigido por Jean-Baptiste Mondino, levantando una gran polémica y siendo vetado en la MTv por su contenido erótico.

Tanto el video como la canción nos hablan de fantasías por explorar, y de lo especial que es cuando se encuentra a la persona adecuada con la que compartirlas...

domingo, 15 de agosto de 2010

Sueño


Abro los ojos, aunque sé que sigo dormida. Tiene que ser un sueño, porque tú estas ahí, frente a mí, desnudo contra la pared, masturbándote despacio mientras me miras fijamente, tocándote por mí, para mí, preparando tu polla para destrozarme con tu pasión, aunque en realidad sé que estás muy lejos, en tu ciudad, en tu casa, con tu familia, terriblemente lejos de este cuerpo mío que añora tus caricias con desespero.

Las farolas de la calle, a través de la persiana medio bajada, dibujan rayas de tenue luz amarilla sobre tu piel lampiña, que recuerdo tan suave. Me encanta tu forma recortada por las sombras, tus brazos musculados, esas piernas tan largas, los rizos de tu pelo negro alborotado, esa mirada tan intensa que me hace desearte, un deseo poderoso que acelera mi respiración y hace palpitar mi sexo, pero aunque susurro tu nombre y te lo pido, no vienes a mí.

Descubro que no puedo moverme: mi cuerpo forma una y griega invertida sobre las sábanas: mis muñecas atadas juntas al cabecero, mis piernas abiertas de par en par, sujetas al cable que tengo para tal menester bajo mi colchón mediante tobilleras de velcro. Abierta, desnuda y expuesta, como una ofrenda para ti. Y no hay cosa que más quiera que ser tuya otra vez.

Es cuando ella cruza la puerta de mi habitación, ataviada con un sexy conjunto negro y el pelo recogido sobriamente en una cola de caballo en su nuca, cuando sé sin duda que es un sueño, pues soy yo misma aunque diferente, su cara es la mía, pero su actitud es segura y sensual y su cuerpo muy hermoso. Me gusta, me excita. Quiero que se acerque a mí, estoy segura de que ella sabe mejor que nadie las cosas que me ponen cachonda. Me acaricia lentamente, bajando por mi anatomía, su objetivo está muy claro, me habla con voz suave pero sus palabras son duras, groseras, justo las cosas que quiero oír, sus dedos juguetones alcanzan mi clítoris y no puedo evitar gemir y humedecerme aún más. Me pregunta si quiero que me folles y yo suplico una vez más.

A un gesto suyo te lanzas como un animal sobre mi, penetrándome violentamente, moviéndote como sólo tú sabes hacerlo, tus grandes manos en mis nalgas, abriéndome aún más, tirando de mí hacia arriba, para hundírmela hasta los huevos, yo arqueo la espalda, en un desesperado intento de aliviar la tensión en mis piernas prisioneras. Me vuelve loca verte así, tan primario, tan brutal. Y yo me siento tan pequeña e indefensa, siento que te pertenezco tanto que estoy a punto de llorar. Mi boca busca la tuya, nuestra saliva se mezcla. Eres dulce en tu rudeza. Tus ojos verdes son mágicos, me hipnotizan.

La mano derecha de ella sigue entre nuestros cuerpos, buscando darme más placer, a la vez que con la izquierda tira de mi pelo para hacerme girar la cabeza mientras me insulta de nuevo, mostrándote mi cuello, que tú te lanzas a morder. Sabes que eso me pierde. Lo sabes pero lo haces igualmente, estoy temblando bajo tu poder.

Siento los músculos de mi coño contraerse en espasmos de un orgasmo sublime, mientras te quedas quieto muy dentro de mí, disfrutando de la expresión de éxtasis en mi cara y ella no para de masturbarme, haciendo que me parezca infinito.

Apartas su mano y metes profundamente tus dedos, sabiendo bien lo que haces, empujando hacia arriba, y en pocos minutos vuelvo a correrme, deshaciéndome en un fluido transparente y salado que empapa tu mano y mis sábanas. Apenas unos segundos de descanso y repites los mismos movimientos y de nuevo grito con un orgasmo especial, amor líquido que se derrama en tu boca, tu lengua acaricia y recoge cada gota que moja mi piel vibrante, la sensación es maravillosa, cuánto he echado de menos esta lengua tuya que tan bien me conoce. Nadie me come el coño como tú.

Y me besas con ese sabor agridulce de mi sexo en tus labios, apasionadamente, beso que me despierta como a las princesas de los cuentos.
Estoy libre de mis ataduras en esta noche solitaria, pero atada a ti con un lazo invisible, aún en la distancia. Caliente, tan solo esperando el momento de volver a dormirme y soñar contigo, el momento de volver a tenerte junto a mí.
Mi amante, mi niño, mi sueño prohibido. Vuelve pronto.
Para Juanma. No hay palabras suficientes para decirte cuánto te necesito.

domingo, 26 de octubre de 2008

Rodaje

Escena 1
Exterior Calafell, Día.

Es una atípica mañana de Octubre, muy soleada y calurosa. VICKY, una mujer de treinta y tantos, de pelo rojizo y ojos expresivos espera algo nerviosa, sentada en un banco frente a la estación del tren, con un vestido corto verde hierba, medias negras y botines. Lleva una mochila grande. Un chico musculoso, rubio y alto, ataviado con jersey verde oscuro y pantalones anchos del mismo color se acerca a ella. Es GIOVANNI.

GIOVANNI: ¿Eres la chica? (Su acento delata que es extranjero)
VICKY (con una sonrisa): Supongo que sí.
GIOVANNI: Anne y Markus nos esperan al otro lado de la calle...

Ella se levanta y le acompaña. Cruzan por un paso subterráneo juntos.

VICKY: Parece que nos hayamos puesto de acuerdo para vestir del mismo color...

GIOVANNI asiente con una amplia sonrisa que muestra sus dientes ligeramente separados, lo que le da un aspecto muy simpático. Tiene unos bíceps enormes y un pecho impresionante. Parece bastante joven y un poco tímido, algo curioso para un actor porno.

Ya en el otro lado, ven venir a ANNE y MARKUS, los realizadores del proyecto. Ella es una pelirroja natural, pecosa y pequeñita, muy alegre y pizpireta y él un tipo fornido, de cabello castaño que lleva peinado hacia atrás. Trae una maleta grande. Los dos llevan gafas de sol. La juerga de la noche anterior se nota en su aspecto algo cansado.

ANNE: ¡Qué puntuales!¡Que bien! Cuanto antes empecemos, antes estaremos libres...

Los cuatro se dirigen al apartamento de la playa paseando y conversando. Hacen un par de paradas: ANNE entra en un bazar para conseguir un delantal de plástico, que tiene dibujos de conejitos y luego en un súper para comprar unos bombones y algunos vegetales. Saludan a diferentes vecinos del pueblo, todos saben quienes son y a lo que se dedican y no parece importarles. Por el camino, ANNE le va explicando a VICKY en que consistirá la escena que van a grabar, dándole indicaciones.

Escena 2
Interior Apartamento, Día

Nos encontramos en la cocina del apartamento de la playa. La decoración es sencilla, casi todo es blanco y azul. VICKY se ha cambiado, lleva un conjunto de lencería rojo y negro, medias y zapatos de tacón muy altos y el delantal de conejitos. Ha resaltado su maquillaje. Mientras la cámara la enfoca, habla con ella y lava un pepino y un par de pimientos verdes, explicando que ha invitado a comer a su chico y que la higiene de los alimentos es muy importante. Sus manos se vuelven libidinosas sobre la forma del pepino, recorriéndolo arriba y abajo con suavidad bajo el chorro de agua fría.

VICKY (a la cámara, con una sonrisa pícara): Me está entrando hambre...

MARKUS la graba saliendo del encuadre y luego, retoma la secuencia con ella sentada en un sillón de mimbre blanco.

Deja los pimientos y el pepino sobre una mesita de cristal y se quita el delantal, enseñando bien la lencería sexy. Mientras VICKY se acaricia con los pimientos, muy sensualmente, tiene un atisbo del fondo de la habitación. ANNE espera entre toma y toma para hacerle fotos y GIOVANNI la observa con curiosidad. Se concentra en él, en seducirle con su actuación, en excitarle. Estimula sus pezones con la punta de los pimientos mojados. Luego cambia de vegetal, se acaricia con el pepino, lo frota entre sus pechos, lo lame, intenta introducírselo, apartando levemente sus braguitas de encaje, pero aún no está preparada, por lo que sigue jugando a masturbarse con él, frotándose el clítoris con su forma rugosa.

VICKY (mirando su reloj): Oh! ¡Vaya! ¡Que tarde se me ha hecho! Voy a cambiarme antes de que llegue mi chico...

Escena 3
Interior Apartamento, Día

VICKY está sentada en un sofá azul oscuro. Lleva un corsé negro que resalta su piel tan blanca, marcando su cintura estrecha y sus grandes pechos. También una gargantilla de cuentas negras. Se está masturbando con un consolador de color violeta. Se oye un portazo a lo lejos.

VICKY (mirando hacia fuera del encuadre): ¡Hola cielo! (dándose cuenta de lo que tiene en la mano, esconde su consolador bajo los cojines del sofá) ¡Estoy aquí!

GIOVANNI entra en escena. Lleva una camiseta de tirantes verde que muestra su fuerte anatomía y los mismos pantalones anchos. Se dan un beso. Comienza a acariciarla provocativamente, ella responde palpando el impresionante bulto de su verga bien dura, él comienza a empujarla para que se tumbe en el sofá y, en un descuido voluntario, ella deja a la vista el consolador.

GIOVANNI: ¿Qué es esto, cariño? ¿Qué has estado haciendo?
VICKY: He estado jugando un rato sola... ¡Tenía muchas ganas de que llegaras! Me apetecía mucho algo... verde (con un guiño a la cámara, acariciando su camiseta)

GIOVANNI la masturba con el consolador. VICKY se deja llevar, se olvida de que la están grabando, se concentra sólo en disfrutar de la pericia de su experimentado compañero. Se siente excitada, no puede evitar ponerse a gemir. Quiere complacerle, disfrutar ya de su tranca, así que se la saca y empieza a chuparsela con maestría. Se mueven despacio para que la cámara capte bien sus cambios. Él se sienta en el sofá, ya sin pantalones, y MARKUS les da indicaciones de cómo han de hacer para quitarle la camiseta al chico y que quede bien en la película, así que siguen sus instrucciones y ella acaricia sus marcados abdominales, ardiendo en deseos de que la posea ya.

Escena 4
Interior Apartamento, Día

VICKY está de rodillas sobre el sofá. Se desabrocha lentamente el corsé y se lo quita. Se estira y GIOVANNI recorre su piel con un bombón, lamiendo los rastros de chocolate fundido que van quedando marcados, haciéndoselo comer de sus dedos cuando ya está casi completamente derretido. Le quita las bragas. ANNE le sugiere que aprovechen que los pechos de VICKY son grandes para grabar una buena “cubana” y lo hacen así durante unos largos minutos, GIOVANNI empuja su pollón entre sus tetas hasta metersela de nuevo en la boca, ella juega a hacerle cosquillas en la punta con su lengua.

ANNE: ¡Perfecto! Ahora rodaremos la penetración. ¿Dónde están los condones?
VICKY (recordando algo con sorpresa): ¿Sabes? ¡Llevo un condón con sabor a chocolate en mi bolso!
ANNE: ¿En serio? ¡Tráelo, tráelo!¡Puede quedar muy divertido! Tú puedes hacer como que lo has comprado para la ocasión...

VICKY va a buscarlo y GIOVANNI se lo pone. Ahora tiene la gran polla de color marrón y ANNE, MARKUS y VICKY hacen bromas al respecto, que él ríe. VICKY se la chupa un poco más, pero realmente no hace falta, sigue como una piedra. Se pone a cuatro patas en el sofá y él la penetra por primera vez. Ella chilla. Es más grande de lo que esperaba, le duele un poco, pero pronto se acostumbra y comienza a disfrutarlo. Es bueno, muy bueno. GIOVANNI le pega cachetadas en las nalgas, tal como habían acordado. VICKY recuerda que, un rato antes, se encontraron en el pasillo del apartamento, al salir del cuarto de baño compartido.

VICKY: Oye, a mí me encanta el sexo "durillo", así que si te apetece darme palmadas en el culo, o tirarme del pelo, o decirme algo, adelante, no te cortes.
GIOVANNI (asintiendo, sonriente): Sexo duro, sexo duro... Ok, lo recordaré.

ANNE les indica que cambiarán de posición, ahora harán “el cowboy”: él sentado en el sofá, ella sentada sobre él, cara a cara y les recuerda que el movimiento de entrada y salida del pene ha de hacerse lentamente, con todo el recorrido, para que quede bien grabado. VICKY se sienta sobre él, muy abierta y se mueve con naturalidad. Toma la cara de GIOVANNI entre sus manos, le besa y se deja hipnotizar por los preciosos ojos verdes y dorados de su compañero, sintiéndose como si sólo estuvieran ellos dos allí sentados, nadie más mirando, echando un polvo en su apartamento de la playa.

Cinco minutos después, ANNE les avisa de otra postura, “la cowgirl”, él sigue sentado, ella sobre él pero mirando hacia afuera, ligeramente caída hacia un costado, aguantando su peso sobre una mano, para que así también la cámara pueda captar la cara de GIOVANNI, que sujeto a sus caderas, no deja de empujar una y otra vez.

GIOVANNI: ¡Me encantan tus curvas!... ¿Te gusta, cariño?
VICKY: ¡Siiiii!¡Sigue, sigue, no pares...!

MARKUS se planta delante de ella, grabando. VICKY puede contemplar en la pantalla de la videocámara el primer plano de la enorme polla marrón entrando en su coño empapado y eso la pone mucho más cachonda. Entre la postura y el terrible calor que hay en la habitación (han tenido que cerrar la balconera porque se oía el ruido de los niños jugando en la playa), en otros cinco minutos, VICKY y GIOVANNI han de tomarse un respiro para recuperar fuerzas y limpiarse el sudor que resbala por sus cuerpos.

Retoman la grabación con una nueva postura. Lo que empieza como un “misionero” clásico, termina con las piernas de VICKY sobre los fuertes hombros de GIOVANNI, en una penetración muy profunda. Esa es, sin duda, su posición favorita y VICKY se deja llevar, con los ojos cerrados, la cabeza colgando por el borde del sofá, su melena rojiza desparramada hasta el suelo. Siente llegar un orgasmo y se pregunta si debería controlarlo, pero es demasiado bueno para conseguirlo y, al correrse, puede ver la cámara de MARKUS grabando un primer plano de su cara, es muy posible que sin saber lo que está pasando realmente entre sus piernas.

ANNE y MARKUS calculan cuanto más necesitan para cubrir los treinta minutos que más o menos debería durar la escena en la película. Ya tienen grabado casi cuarenta y cinco minutos. Deciden que rodarán una posición más y luego la corrida del chico.

MARKUS: Ahora una de lado... ¡que no es pecado! jajaja

VICKY se siente muy bien, aunque esta posición le resulta incómoda: GIOVANNI ocupa todo el espacio tras ella en el sofá y la empuja con sus movimientos hacia afuera, por lo que ha de mantener el equilibrio con una mano en el suelo y la pierna levantada.

ANNE: Eres muy elástica y expresiva, esto va a quedar muy bien. Bueno, ahora ¡la corrida!

GIOVANNI se quita el preservativo con un chasquido. ANNE pregunta con curiosidad si realmente sabía a chocolate y la respuesta de VICKY le parece tan divertida que la incluyen en el diálogo.

GIOVANNI: Dime, cariño, ¿el condón sabía a chocolate?
VICKY: Sí, a chocolate sin leche (y, mirando a cámara con una sonrisa pícara), la leche la pones tú...

GIOVANNI se masturba con precisión y enseguida llena la boca de VICKY con su abundante semen, que gotea sobre sus pechos y ella comprueba, sorprendida, que es el mejor que ha probado nunca, tiene un sabor exquisito que no la disgusta en absoluto.

Escena 5
Interior Apartamento, Día

VICKY y GIOVANNI se han vuelto a poner la ropa de calle y, tras firmar papeles para ANNE y MARKUS y cobrar sus estipendios, se despiden de ellos hasta una próxima ocasión y salen juntos a la calle para ir a tomar el tren de vuelta a la capital.

Escena 6
Exterior Calafell, Día

VICKY y GIOVANNI caminan en dirección a la estación. VICKY se da cuenta de que él se le acerca mucho y acaba rozando, casi sin querer, el bulto que vuelve a asomar en sus pantalones. De nuevo la tiene durísima.

GIOVANNI: Es que me has puesto muy cachondo
VICKY: ¿Sí?
GIOVANNI: Sí...

Pasean hablando de sus experiencias personales en la vida y, sobre todo, en el sexo, se dan los teléfonos, las direcciones de mail. Mientras esperan a que sea la hora, se meten mano abiertamente, sentados en el banco del andén y deciden que, en cuanto llegue el tren, se encerrarán en los lavabos a echar un polvo sin restricciones.

Escena 7
Interior Lavabo del tren, Día

Dentro del pequeño cubículo, dejan sus mochilas y parte de su ropa donde les es posible y VICKY se la come con deleite mientras permanece en cuclillas. Ahora puede realmente mostrarse como es, seduciéndole con su mirada y con sus palabras, sintiendo que su entrepierna está muy mojada. GIOVANNI disfruta de la mamada, pero lo que quiere realmente es clavársela sin demora, así que la hace levantarse y, tras colocarse otro preservativo, la pone de cara a la pared y se la mete con fuerza. El pasar de las sombras en el exterior, a través de la ventana mate, y el movimiento, les indica que ya están en marcha. Es excitante. VICKY nunca había hecho algo parecido, pero le gusta. Puede ver su cara en el espejo, transformada por el placer, y la de él, que ahora no tiene que controlarse para hacerlo durar y se nota que está disfrutando.

VICKY: ¡Así, cabrón! ¡Dame fuerte! ¡Castígame! Ahhh!! ¡Qué rica! ¡Me encanta!

VICKY se sienta sobre el minúsculo lavamanos metálico, con las piernas muy separadas, un pie apoyado en la pared contraria, GIOVANNI se abraza a su cintura, follándola sin compasión. La maneta de la puerta se mueve, alguien está intentando entrar. VICKY no reprime sus gemidos, es bastante probable que fuera se esté oyendo todo. La excitación del momento, el calentón, hace que se corra muy rápido y, al cabo de un momento, GIOVANNI también lo hace.

Se vuelven a vestir con prisa y, al salir, disimulando, se encuentran con una familia hindú al completo. Un NIÑO y una NIÑA pequeños los observan sin entender lo que pasa, pero el PADRE los fulmina con la mirada. VICKY y GIOVANNI se van hasta el fondo del vagón, riendo.

Escena 8
Interior Vagón, Día

Siguen haciendo manitas en sus asientos, haciendo planes para volver a encontrarse, hasta la parada en la que debe bajar GIOVANNI, que se pone en pie, arreglándose el pantalón, que vuelve a tener un bulto evidente.

GIOVANNI: ¿Se me nota mucho? ¡Me has vuelto a poner como una moto! ¡Eres una pasada de mujer! jajaja Nos volveremos a ver pronto...

Se dicen adiós por la ventanilla y, una vez sola, VICKY se maravilla de la experiencia que acaba de vivir. No termina de creerse todo lo que le ha sucedido esa mañana. Ha sido más divertido de lo que esperaba el participar en el rodaje de una pelicula porno.

Dedicado a Dalila Ray, por llenarme la cabeza de pájaros, a Jeremie por su paciencia y simpatía y, sobre todo, a A&M, por su naturalidad y buen hacer. Besitos, fieras!!

domingo, 18 de mayo de 2008

Lobo de caza



O como hacer trampas en un blog de cuentos jajaja. He decidido traducir al castellano este cuento que ya había publicado en catalán para que los que no entienden este idioma puedan disfrutarlo por igual. Perdón a los que esperabais algo nuevo.


El jueves casi le descubre, espiándola desde la acera contraria de la Rambla de Egara, cuando ella salía de una conocida tienda de ropa que antes había sido un cine.


La chica contemplaba con una sonrisa deliciosa el vestido rojo que se acababa de comprar mientras caminaba hacia la parada del autobus y, al girarse para ver si ya llegaba el 9, topó con su mirada. Él se hizo el despistado, continuó caminando como si tal cosa , un poco nervioso, pero ella no le dió mayor importancia, subió al autobus que justo paraba y desapareció.

Había empezado a seguirla un par de días antes, como sabía dónde trabajaba, se las había ingeniado para descubrir dónde vivía y esa mañana la había esperado vigilando su portal hasta que la vió salir y tirar hacia el centro de la ciudad, de compras.

La habia localizado en Internet hacía un mes, en una página de contactos para adultos, le hizo gracia que fuera de Terrassa como él y miró su perfil, picado por la curiosidad. Las cosas que explicaba le pusieron muy caliente, le gustó su estilo desinhibido y alegre, tentador pero sin vulgaridad, con unos gustos sexuales muy afines a los suyos y le envió un mensaje diciéndole "hola, vecina!" pero no recibió contestación.

Cuando miró sus fotos más atentamente, se dió cuenta de que la cara le era muy familiar, que, de hecho, la conocía. Aquella pelirroja exhuberante era una de las cajeras del super donde él iba a comprar al salir del trabajo. Nunca se habia fijado en ella mas que de pasada, una chiquilla de unos veinticinco años con el cabello recojido en una cola y con uniforme, como tantas otras. Ahora, cuando iba a comprar, nunca pasaba por su caja, así la observaba en la distancia, sus gestos, sus ojos ambarinos, sintiendo como la pasión crecía entre sus piernas con una palpitación sorda. Nunca se habría imaginado que, bajo aquella apariencia inocente, se escondía una pequeña fiera, tan sensual y sexual, que bajo aquel uniforme anodino hubiera un cuerpo tan voluptuoso. Se sentia enfermo de deseo, quería hacerla suya, hacerla temblar bajo su violento empuje, escuchar sus gemidos de placer, sus gritos de dolor... Se pasaba más tiempo del que hacía falta dando vueltas por los pasillos del super, haciendo ver que estudiaba los productos de los estantes, vigilándola a escondidas, hasta que ya parecía sospechoso y con un dolor casi físico tenía que salir y marcharse a casa, a pelársela una y otra vez. No podia dejar de pensar en ella.

Por las noches volvía a mirar sus fotos en el ordenador y se masturbaba imaginándola poseida por tres hombres a la vez, podía ver como la rodeaban en una pequeña habitación de hotel y la manoseaban, quitándole la ropa, acariciando su piel tan blanca y suave, quizás un poco bruscamente, uno de ellos tirando de su largo cabello de cobre para inclinar su cabeza hacia atrás y besarla libidinosamente mientras jugaba con sus pechos turgentes, los otros agachandose delante y tras ella, bien abierta de piernas, para saborear su jugoso coño y su culo con unas lenguas voraces, haciéndola gemir de gusto. Después era ella la que, de rodillas, rendía pleitesia a las tres grandes vergas que le eran ofrecidas, trabajándolas con las manos, lamiendolas y chupandolas sin parar mientras aquellos hombres la insultaban y le daban ordenes sobre lo que debía hacer. Se la imaginaba en la cama con ellos, dos dándole mucha caña a la vez por sus agujeros bien húmedos sin dejar de mamársela al tercero. Se corría enseguida al soñar su dulce cara transformada por el placer.

Un día se sorprendió de recibir contestación en su correo y, después de algunos mails divertidos y provocadores entre ellos, se intercanviaron los números de teléfono y empezaron a enviarse mensajes calientes y algunas fotos. Él le pasó una de su cuerpo sin enseñarle la cara y a ella le gustó, pero ante su insistencia, le acabó enviando una de su rostro, antigua y que no se veia del todo bien, un poco temeroso de que lo reconociera como cliente del super.

Quedaron para el sábado siguiente, en el Parc Vallés por la tarde casi noche, donde tendrian muchas opciones para pasar el rato, pues es una zona de restaurantes y locales diversos.

Desde entonces, había empezado a seguirla por las calles de la ciudad, siendo testimonio de sus preparativos para la cita, como un lobo solitario pesiguiendo a escondidas a su presa.

Por fin llegó el gran día. Ella le esperaba delante de los cines con zapatos de tacón y su nuevo vestido rojo. Éste se ajustaba a sus magníficas curvas destacando sus formas de reloj de arena, ondeando con la tíbia brisa estival y, al contemplarla, sintió que los colores le subian a la cara y como una tirantez cálida en su entrepierna.
Le hizo un chiste malo sobre la Caperucita y el lobo y ella, riendo, le dió un par de besos amistosos en las mejillas y fueron a tomar un café. Ella no dió señal de haberlo reconocido y se quedó mucho más tranquilo.

Pasaron un buen rato hablando de sus vidas y gustos, experiencias pasadas. Obviamente, él no le explicó lo atemorizadas que habian estado algunas de sus ex-amantes por culpa de sus obsesiones enfermizas y gustos peculiares, a alguna le habia hecho daño de verdad, propasándose en sus juegos, pero no se sentia culpable, contarle eso la habría asustado y nada más lejos de sus planes, él que parecía tan buen hombre, alto y guapo, cabello oscuro todavía, con alguna veta plateada, corto y bien cuidado, ojos verdes y sonrisa perfecta, el yerno que toda madre querría, con una edad sensata y un buen trabajo.

La conversación se fue haciendo más abierta y llena de insinuaciones y él le preguntó si querría venir a su casa. Ella sonrió complacida y, con los ojos muy brillantes, asintió con la cabeza.

La condujo hasta su sencillo piso sin ascensor en Ca N'Anglada. La arrambló por primera vez en el portal, iluminados solamente por las farolas de la calle, devorando su boca con ansia, dejando a sus manos descubrir aquellas carnes tan deseadas y ella le respondió con igual intensidad. Fueron subiendo tres tramos de escaleras entre risas y pellizcos a aquel culo redondo y prieto que se bamboleaba ante sus ojos hambrientos.

Una vez dentro del piso no esperó ni a quitarle el vestido, se lo subió hasta la cintura y le arrancó las bragas con violencia, obligándola a ponerse a cuatro patas en el sofá y, bajandose de un golpe los pantalones y los calzoncillos hasta las rodillas, le clavó sin contemplaciones aquella tremenda erección en su coño empapado y anhelante, una cueva caliente y segura para su animal. Ella jadeaba clavando las uñas en la tapiceria. Tanto deseo acumulado le hizo acabar enseguida, pero, consciente de que ella quería más, la tomó en brazos y la llevó al dormitorio.

Se acabaron de quitar toda la ropa, entre caricias y besos ahora más dulces. Le preguntó con tono misterioso si querría jugar con él a una cosa un poco arriesgada. Ella se mostró dispuesta, sin atemorizarse por el hecho de que fueran dos estraños, y no puso objeciones a ser atada con unas esposas sujetas a un cinturón anudado a la cabecera de la cama, ni a dejarse tapar los ojos con una venda negra.

Él la contempló un momento así, con una sonrisa torcida y ojos maquiavélicos, un sueño hecho realidad, su cuerpo desnudo, tembloroso, ofrecido a su voluntad. Ahora podría hacerle lo que le apeteciera y ella no se podría defender. Decidió lamerla entera, muy lentamente, empezando por los pies y subiendo muy poco a poco por las piernas, haciéndola sufrir al llegar a la cara interna del muslo, dejando chorrear su saliva sobre su clítoris, observando las reacciones de su vulva muy roja e hinchada que se abria para él; haciéndole cosquillas con la lengua y los labios en el vientre, en el ombligo, acercándose inexorablemente a los duros pezones rosados que apuntaban al techo, mordiéndolos suavemente al principio, después atrapándolos entre los dedos en un pellizco doloroso y llegando con la boca hasta su tierno cuello, que vibraba con los latidos de su corazón, alternando lametones con bocados.

Sus manos se movian acariciando su piel nacarada por todas partes. Sin avisar, la penetró con dos dedos y los hundió con fuerza dentro de ella. Dejó caer unas cuantas palabras gruesas en su oido, con voz profunda y calmada. Ella gemía, gritaba, se retorcía bajo él, disfrutando como nunca, su cuerpo se tensó y pudo sentir un orgasmo poderoso atrapando sus dedos dentro de su sexo inundado. Él ya volvía a estar preparado para la acción, acercó su polla a la boca de la chica y, cogiéndola del pelo, la obligó a tragarsela, marcandole el ritmo. Se sentia muy excitado, ella lo hacía muy bien. Cuando tuvo suficiente la hizo girar sobre si misma y le empezó a hacer un buen masaje en aquel culo tan tentador con el lubricante que guardaba en la mesilla de noche, profundizando en su ano que se dilataba deseoso de sus acometidas. La empaló sin piedad entre gritos de placer, sujetandola por los tobillos, notaba los huevos mojados de tanto como ella lubricaba y, pasandole la mano bajo el cuerpo, comenzó a masturbarla, dejándole caer todo su peso sobre la espalda y de nuevo sintió como ella se corría y le suplicaba que él también lo hiciera, que ya no podía más. Le contestó groseramente y eso hizo que la chica tuviera otro orgasmo, pero era hablar por hablar, porque él también estaba a punto y dejó ir su lechada sobre sus nalgas, manchando su espalda y hasta sus cabellos rojizos.

La libró de las ataduras, fueron a limpiarse y secarse el sudor, y la invitó a quedarse a pasar la noche, quien sabe, pensó, quizás todavía repetirian. Le invadía un extraño sentimiento de felicidad, de haber encontrado algo especial. Cuando el sueño le iba ganando, un solo pensamiento rondaba por su cabeza: encerrarla con él, no dejarla salir nunca, sólo suya, suya para siempre...

Era muy pasada la medianoche cuando se despertó. La luz de la luna llena iluminaba la habitación. Se volvía a sentir muy caliente, ella le estaba tocando mientras él dormía, contemplando inquieta con sus grandes ojos como su tranca respondía a las carícias, aumentando de tamaño, llenándose de sangre. Se sentó sobre él, metiéndosela toda dentro y cabalgándolo, arañándole el pecho, moviéndose con precisión hasta llegar al clímax y después se dejó caer, sentía su aliento sobre el hombro izquierdo. Intentó abrazarla, pero la chica no le dejó, sujetando sus muñecas con fuerza sobre su cabeza. Ahora era ella quien dominaba.

Por un momento le habia parecido que su cuerpo habia cambiado, ahora era más fibroso y musculado, su piel más dura, pero eso no era posible... Debia estar todavía medio dormido. Ella seguía moviendose a buen ritmo y dejó de pensar, sólo existía para su placer, se entregó, abandonándose a ella y no tardó demasiado en correrse otra vez.

Mientras su semen salía a borbotones, sintió un intenso dolor en el cuello que lo desgarraba. Intentó luchar pero ya era demasiado tarde y, mientras se desangraba vió transformarse a su última amiga en la forma de una loba blanca que no pensaba esperar a que estuviera del todo muerto para comenzar a devorarlo, quería gritar pero su garganta estaba anegada en sangre y sólo salió un gorgoteo apagado.

Saliendo de la ducha, la pelirroja contempló su destrozo. Hacía mucho tiempo que lo estudiaba: un hombre soltero, de mediana edad, con un pasado de maltrato a mujeres, sin amistades, que vivía solo; nadie lo echaria en falta, quizás solamente notarian su ausencia en el trabajo, pero tardarian algún tiempo porque ahora estaba de vacaciones. Era la victima perfecta para su metamorfosis con la luna llena, para calmar un tiempo su hambre de carne. Habia buscado trabajo en un lugar donde él la viese, buscó los canales adecuados para contactar, se dejó espiar, dándole confianza, hasta llegar al encuentro. Se lo habia pasado muy bien. La caza habia sido un éxito.
Y el sexo también le habia gustado, lástima de no poder repetir en otra ocasión pero, pensó con sarcasmo, alguna cosa se llevaba de él, muy dentro suyo. Se arregló y salió sin que nadie la viera, dejando la ventana de la habitación bien abierta y se perdió por una Terrassa de domingo, todavía dormida, entre las primeras luces del día.

Cuando semanas después encontraron sus restos putrefactos no sospecharon nada extraño, un suicidio y la naturaleza y el verano habían hecho el resto. Sólo se preguntaron, entre risas, a quién debían pertenecer aquellas braguitas rojas olvidadas en el sofá.

domingo, 16 de marzo de 2008

Guerra


Él está sentado completamente desnudo en el borde de la cama. Yo estoy detrás de él, con un vestido rojo vaporoso y transparente. Contemplo su reflejo en el espejo que hay frente a nosotros. Nadie diría que es lo que es, que somos lo que somos. Ahora mismo sólo somos unos amantes más en una habitación de hotel en esta Tierra de Nadie. Dispuestos a dar guerra. A luchar cuerpo a cuerpo hasta caer rendidos.

Empiezo a hacerle un pequeño masaje en los hombros, voy bajando por su espalda, acaricio el tatuaje de unas alas extendidas que la adorna y vuelvo a subir lentamente. Su cabeza va cayendo hacia adelante, los ojos cerrados, su nuca se me ofrece tentadora. Podría destrozarle, él lo sabe, yo lo se... pero no ahora, no aquí.
Lleva el pelo un poco largo, mis dedos se entremezclan con sus rizos rubio oscuro, subiendo hacia su coronilla y masajeando su cuero cabelludo. Sigo con la mano derecha mientras la izquierda vuelve a bajar por su cuello y acaricio su pecho, que se mueve acompasadamente con su respiración tranquila. Rozo suavemente su pezón izquierdo y bajo por su vientre, observando sus reacciones en el espejo.
Mi mano derecha ha ido directa hasta su cadera y ahora ambas manos recorren sus muslos hasta la rodilla y regreso por la cara interna, clavándole delicadamente las uñas de color rojo sangre y arañando esa piel tan sensible, produciéndole un agradable cosquilleo. Él piensa que voy hacia su sexo, que empieza a palpitar de impaciencia, pero en vez de eso, subo arañando sus ingles muy despacio, mis manos se vuelven caricia sobre los huesos de su cadera y la rodean para atrapar su culo y apretarlo. Recorro lentamente con la lengua muy húmeda su columna vertebral de abajo a arriba, su nuca se muestra tan vulnerable... y yo voy hacia ella... Peligroso. Sí, dulcemente peligroso.
Su imagen en el espejo parece tan infantil y entregada que me invade el deseo incontrolable de poseerle, de hacerle sufrir un poco, así que tiro de su pelo con fuerza hacia atrás, ladeando su cuello. Su cara muestra una expresión de sorpresa pero sigue con los ojos cerrados, su boca entreabierta, los labios jugosos y brillantes. Dejo un rastro de saliva en su cuello mientras agarro su polla y empiezo a masturbarlo. Él gime levemente, se deja llevar. Cuando su respiración se vuelve más rápida, clavo mis colmillos en su arteria y succiono su vida a grandes tragos. No se resiste, no tiene miedo. Su tranca está más dura que nunca, su espalda se arquea, mi cuerpo se acopla al suyo. No me lo voy a acabar y él lo sabe, quiero disfrutarlo mucho más, así que, cuando retiro mi beso mortal de su cuello, la herida se cierra inmediatamente. Es sólo un juego. Su sangre dentro de mi me hace sentir más viva, más cálida. Un precio justo por jugar conmigo. Una ventaja para los dos.
Susurro palabras calientes a su oído y juego con mi lengua en su oreja, mordiendo ligeramente su lóbulo. Le hago estirarse. Se que ahora se encuentra como cuando uno a bebido en exceso pero no está borracho todavía, ese punto algo mareado pero lúcido en que todo parece divertido. Mi mano sigue trabajando su polla que está muy mojada. Lamo su pecho, me entretengo en sus pezones, atrapándolos con mis dientes, hasta el límite del dolor, mientras la punta de mi lengua le hace cosquillas. Su costado es muy sensible, me divierte torturarle así, con caricias y besos que le hacen estremecer, acaricio su bajo vientre y lleno su ombligo de saliva, antes de dedicarme por completo a su verga.
El permanece apoyado en sus codos, la cabeza cae hacia atrás, mi brazo izquierdo extendido sobre él, acariciando su cuerpo mientras mi cabeza sube y baja entre sus piernas abiertas, proporcionándole placer.
Su mano se cierra en mi pelo y me hace levantar un poco para mirarnos a los ojos. Son tan azules que por un momento casi me olvido de quienes somos, de lo que hacemos fuera de aquí. Formamos parte de una contienda milenaria, aunque hoy follemos, nunca seremos amigos. De vez en cuando, necesitamos una tregua. Si nos encontráramos en el campo de batalla, no habría piedad. Pero en este momento sólo existe un deseo intenso...

Me acerca a su boca, un beso largo y apasionado, me toma de la cintura, girando para atraparme bajo el peso de su cuerpo, desata la cinta que cierra mi vestido y acaricia mis pechos.
No quiero que sea tan dulce, lo quiero salvaje, pero él va lento, me tortura con su amor, sus besos me recorren, deseo más... más caña, más sexo puro y duro, lujurioso, descarnado... Busco sus manos, chupo sus dedos de forma provocadora, él acaricia mis labios...
Grito, de impaciencia, de deseo...
Siento su verga entrar en mi muy suavemente, estoy empapada, comienzo a moverme, atrapándole entre mis piernas, quiero ir más rápido pero él no me deja, me obliga a ir poco a poco, todo mi cuerpo tiembla, araño sus brazos, le miro con fiereza. Le encanta follarme. Me encanta follármelo. Es la transgresión lo que nos excita. Saber que no deberíamos estar juntos, saber que no deberíamos estar haciendo esto.
Nos mordemos la boca, el ritmo se acelera. Sujeto su trasero con las dos manos, atrayéndolo hacia mi. Muy adentro. Muy caliente. Lo más cerca que estará nunca del Infierno.
Veo dos lineas blancas de luz aparecer a su espalda y, antes de que me haya dado cuenta, sus alas celestiales se han desplegado en toda su magnificencia, son brillantes, me ciegan. Su sola visión hace que me corra de gusto, porque se lo que viene ahora. Su cuerpo se tensa, siento que él también se corre dentro de mi, es tan hermoso, que casi me hace llorar. Glorioso. Lo más cerca que estaré nunca del Paraíso.
Yo nací para el Pecado, tú para el Amor, yo soy carnal, tú espiritual.... Es justo que nuestra tregua sea en el sexo. Mi amante, mi enemigo. Guerra en la cama, lo que más me gusta.

domingo, 9 de marzo de 2008

Policias

El taconeo de mis zapatos se escucha con claridad mientras camino a buen paso por las calles desiertas. Acabo de salir de una fiesta muy salvaje (pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión, como dicen en La Historia Interminable...) y vuelvo hacia mi cercana casa dando un paseo en una fresca madrugada de verano. Mi vestido es muy corto y escotado, rozando la vulgaridad, mi ropa interior se ha quedado en la fiesta. La brisa nocturna intenta calmar mi piel ardiente, pero no es posible hacer lo mismo con mis pensamientos.

Un coche patrulla pasa a mi lado. Asomado a su ventanilla, un chico joven de penetrantes ojos azules me observa durante unos segundos. La mirada que le devuelvo es insinuante, provocadora. Me encantan los hombres de uniforme. Y este es realmente guapo. El coche continua y me pasa de largo.... y un poco más adelante, enciende las luces y se para.

Él sale lentamente y me espera junto a la pared, los brazos en jarras.

- Creo que está usted violando alguna norma, señorita. Ir así vestida es como mínimo escándalo público....

Sonrío de medio lado, levanto una ceja. Estoy dispuesta a seguirle el juego.

- ¿Tú crees? Pues detenme... soy una chica muy mala.

Me empuja contra la pared. Me cachea groseramente. En realidad me está metiendo un magreo que no veas, sobándome por todos los rincones. Me hace separar las piernas y hunde su mano entre ellas, descubriéndome muy húmeda, abierta, sin bragas. Pega su cuerpo al mio mientras levanta mis brazos y me los sujeta sobre la cabeza con una sola mano, apretándome contra la pared. Con la otra, acaricia mi pecho, mi cintura. Su boca se acerca a mi oído. Su voz se vuelve ronca, susurrante. Me estoy poniendo muy caliente.

- Eres una puta. Tengo que detenerte. Te vienes conmigo.

No es una pregunta. No me voy a resistir.

Coloca mis brazos en forma de ele a mi espalda y oigo el sonido de las esposas cerrándose en mis muñecas. Me encanta su tacto frío y duro. Me conduce hasta el coche, firmemente, y me hace entrar en la parte de atrás.

Su compañero me observa por el retrovisor. También es joven, también está deseando jugar conmigo, lo noto en su mirada.

El coche arranca. Me llevan a un callejón oscuro, apartado de las miradas de los posibles transeúntes.

Bajan y entran en la parte trasera, junto a mi, uno a cada lado, dejando las puertas abiertas. Me acarician de una manera hambrienta, sin quitarme ojo. Me levantan las piernas y me las colocan cada una a un lado de los reposacabezas delanteros, quedo bien expuesta, a su disposición.

El de los ojos azules, a mi derecha, comienza a masturbarme. Su compañero, a mi izquierda, juega con su porra en la entrada de mi coño, esperando a que esté bien mojado para metérmela. Me bajan la parte superior del vestido, dejando mis pechos a la vista. Me pellizcan los pezones, me lamen el cuello, lo mordisquean, me buscan la boca. Estoy a cien, y se me nota mucho.

Puedo observar que sus pollas se han puesto tremendas bajo sus pantalones. Les oigo insultarme, yo les provoco con mis palabras. Veo el puño del de la izquierda acercarse y alejarse de mi, sujetando su porra, que entra y sale de mi cuerpo con facilidad, empapada, cada vez más profundamente. Siento llegar el orgasmo, tiemblo de placer, grito de gusto.

- Ahora nos toca a nosotros, zorra. Ven...

Me sacan del coche, todavía esposada y me llevan al fondo del callejón. Allí espera un viejo colchón manchado que deduzco suelen usar a menudo. Estoy temblando, cubierta de sudor. Me siguen acariciando por todo el cuerpo, se van desnudando, tienen unos cuerpos magnificos, siento sus dedos trabajando mis orificios, sus lenguas recorren mi piel.

El compañero se estira en el colchón y me tumban entre los dos junto a él, de lado. Me la va introduciendo poco a poco por el culo, dándome tiempo a aceptarla, moviendose dentro de mi con cuidado. Me estoy volviendo loca, me encanta cómo lo hace.

Se gira, abrazado a mi cintura, me coloca arriba, abriendo mis piernas con las suyas, ofreciéndome a su amigo, que se estira sobre mi, penetrándome también, sus ojos tan azules muy cerca de los mios. Irresistible. Echo la cabeza hacia atras, mis manos acarician el cuerpo bajo el mio, mis gemidos se confunden con los suyos. Siento sus manos en mis tetas, en mis muslos, en mi cuello, tirando de mi pelo.... Me vuelvo a correr. Ellos estan ya casi punto.

Puestos en pie, yo de rodillas entre ellos, acaban la faena dejándose ir en mi boca, sobre mi pecho, cubriéndome de semen.

Recomponemos nuestras ropas, me liberan de las esposas y me acercan amablemente a casa. Una noche para recordar...

Para la gente que me sigue desde AFF/Passion, que se que les encanta. Besos.

domingo, 24 de febrero de 2008

Tentación

El pasillo es estrecho y oscuro, voy caminando lentamente hacia la puerta abierta y llena de luz que se distingue al final, mis manos acariciando las rugosas paredes a medida que avanzo, el camisón blanco de tirantes que llevo ondea tras de mí, voy arrastrando un poco los pies descalzos por temor a tropezar. Siento que algo me hace cosquillas entre los dedos y me agacho a recogerlo. En la penumbra no acierto a distinguir sus formas pero me llega el inconfundible aroma de los pétalos de rosa, el suelo está sembrado de ellos, pequeñas manchas negras que me rodean.

Al entrar en la habitación, agradablemente caldeada, la visión es impresionante, una amplia estancia con suelo de madera muy pulido con cientos de velas encendidas por doquier, saludando con sus temblorosos movimientos mi llegada. Los pétalos de miles de rosas rojas están esparcidos por todas partes, inundando con su esencia y colorido la habitación. Una música que reconozco suena tenuemente. Es “Golgotha tenement blues” de los Machines of Loving Grace.

En el centro de la sala, una enorme bañera blanca de metal esmaltado con patas que semejan las garras de un león en bronce oscuro, clavando sus temibles uñas en el suelo. Dentro de ella, un hombre de pelo oscuro y corto, que sólo me muestra su nuca y parte de la espalda, los brazos apoyados lánguidamente sobre los bordes de la bañera. Es hermoso en su quietud.

No hace ningún gesto, no se gira para mirarme. Avanzo despacio, sorteando las velas, me aproximo a los pies de la bañera, sin dejar de observarlo. Sus manos son bellísimas, delicadas pero fuertes, los brazos de músculos exquisitamente modelados, un torso increíble, su rostro impávido, sereno, de rasgos clásicos y boca jugosa, los ojos de espesas pestañas ligeramente entornados, como si observara ensimismado la superficie del agua en la que reposa. En un segundo eterno levanta la vista y me mira. Me detengo allí, a sus pies, sujeta con fuerza al borde de la bañera con las dos manos, para no caer irremediablemente, cautivada como una cervatilla sorprendida por su cazador, sus ojos oscuros se clavan en los míos muy intensamente y me sonríe con una mezcla de dulzura y picardía.

“Te esperaba”, me dice. Su voz es profunda, cálida, me acaricia, me hace estremecer. Distingo claramente a través del agua transparente todo su cuerpo, cincelado con precisión, unas formas perfectas, la piel ligeramente bronceada, cubierta con intrincados tatuajes, el enorme miembro semierecto que descansa sobre su vientre. Siento la boca seca y el corazón acelerado. Me atrae poderosamente. Quiero acercarme, tocarlo, ser poseída por él.

Entro en el agua, está mucho más caliente de lo que esperaba, me introduzco muy poco a poco, toda temblorosa e impaciente, sentándome sobre sus tobillos, sin apartar la vista el uno del otro, me voy estirando sobre él, el camisón blanco se moja y se me pega al cuerpo, haciendo que mis desafiantes pezones casi traspasen la tela, me apoyo en su pecho, su brazo se mueve para rodearme, siento su mano grande y poderosa en el centro de mi espalda, estrechándome contra él. Escondo la cara en su hombro, mi lengua recorre despacito desde su clavícula todo su cuello, saboreando su piel, hasta morder ligeramente el lóbulo de su oreja y le susurro: “Siento que te conozco, que me conoces, ¿quién eres?”

La música me transporta, me dejo llevar entre suspiros. Su sensual boca está en mi oído, cierro los ojos totalmente atenta a sus palabras: “Soy el Ángel Caído, la Tentación, la Lujuria hecha carne. Claro que nos conocemos, pelirroja, eres mía desde siempre... ¿acaso lo dudabas?”. Mi cuerpo sobresale del agua y el aire que recorre mi espalda parece ahora frío por el contraste. El vello de mis brazos está erizado, pero la pizca de miedo que siento queda ahogado por el intensísimo deseo. Nuestras lenguas se unen en un beso ardiente, largo. Se gira abrazado a mí, me deja bajo el peso de su cuerpo, el agua caliente me cubre, siento sus manos buscar mi piel, recorrer mis curvas con parsimonia, levanta una de mis piernas y noto su enorme polla frotarse contra mi sexo sin penetrarlo, presionando mi clítoris palpitante, haciéndome gemir.

Al abrir los ojos me encuentro con su pícara sonrisa de nuevo. Se incorpora y me mira desde lo alto, con calma, me siento muy pequeña entre las piernas de este coloso goteante que sale elegantemente de la bañera. Contemplo extasiada el vapor que emana de su cuerpo desnudo.
Su mirada se llena de fiereza. Me agarra del pelo empapado, tirando de mí hacia afuera, obligándome a seguirle, y yo me arrastro a cuatro patas tras él, apartando todo lo que encuentro a mi paso a manotazos, chorreando el suelo con mis ropas que ahora pesan y se pegan incómodamente.
Subo tres escalones para llegar a una tarima donde nos espera una enorme cama cubierta con una piel de animal de color negro y un dosel de vaporosa seda. Me hace poner en pie ante él, toma mi camisón por el escote y de dos tirones, lo rompe de arriba a abajo y lo deja caer al suelo tras de mí. El sonido de la tela al rasgarse me ha dejado paralizada y noto sus manos sopesar mis tetas, recorrer la curva de mi cintura, empujarme levemente hacia atrás.

Mi respiración se acelera mientras me estiro sobre el suave pelaje, mi piel tan blanca destaca sobre el fondo oscuro. Se sienta sobre mi estomago, su impresionante verga reposa entre mis pechos, yo los oprimo con mis manos, atrapándola y masajeándola, él se mueve sobre mí, lamo su glande cada vez que sube hacia mi cara. Su espalda se ha arqueado, sus manos abren mis muslos y buscan la empapada entrada de mi coño, dos dedos se introducen profundamente y encuentran con facilidad mi punto g, atacándolo sin piedad. Nunca había sentido algo así. Casi al momento, un orgasmo diferente convulsiona mi ser, haciendo que transparentes fluidos broten de mi interior, dejando su mano mojada y brillante, como sus ojos, que se clavan en los míos mientras lame sus dedos lascivamente y luego me los da a probar. “¿A qué sabe?”, me pregunta. “ Es caliente, ligeramente salado...”. Su cabeza niega mientras se acerca peligrosamente a mi boca, recorriendo mis labios con la punta de su lengua y va bajando por mi garganta, entre mis tetas, por mi vientre, se pierde entre mis piernas, la siento recogiendo todo el liquido que mana de mi abierta vulva, cayendo por mis nalgas.“Dime a qué sabe”, insiste. “A bechamel” contesto entre risas y noto que él también ríe ahí abajo.

Pero pronto dejo de reír y empiezo a retorcerme y gemir, sujetando su cabeza, su lengua es muy experta y me hace perder el control. Ahora es alguna canción de Enigma lo que suena, "Push the limits", envolvente, sensual, que poco a poco se va tornando intensa. Él toma mis piernas y las eleva, se las coloca sobre los hombros y siento su verga entrando en mi, muy profundamente. Grito. Duele. Gusta. Intento apartarle un poco, pero me sujeta las muñecas a ambos lados del cuerpo para impedírmelo, inclinándose sobre mi rostro. Deja caer su saliva en mi boca, siento su dulce sabor, juego con ella en mi lengua. Me habla, pero no entiendo sus palabras, solo escucho su cadencia, su ritmo, mis gemidos que se convierten en llanto, en risa, solo acierto a decir "sí" una y otra vez.

Estira de mis piernas y me arrastra, me hace dar la vuelta, colocada en pompa en el borde de la cama. Me agarra de los cachetes y los separa, haciéndome un beso negro, chorreando de saliva mi ojete. Me penetra por el culo, cada vez más adentro, toda, siento sus huevos golpear mi coño dolorido. Me muerde en el hombro, en la base de la nuca. Estoy chillando como si me mataran, llorando, mis mejillas surcadas de las líneas negras de mi máscara de pestañas diluida en lágrimas. Me encanta.
Agarrandome de nuevo de la melena, me hace girar la cabeza, me besa, me mira a los ojos, escrutando mis sentimientos. Los mios le suplican piedad tan pronto como le desafian a destrozarme, a seguir sin fin... Va alternando caricias y palmetazos en mis nalgas, poniendolas bien rojas.

"¡Cabrón!¡Te odio!¡Te deseo tanto!" susurro entre dientes, al limite de mi resistencia. Clavo las uñas en el pelaje negro de la cama, deseando hacerlo en su espalda. Todo mi cuerpo se convulsiona, se sacude. Me corro como nunca...

Abro los ojos, cubierta de sudor, mi cuerpo dolorido. La luz de la mañana entra a raudales por la ventana de mi habitación, las cortinas blancas se mueven con una brisa suave. Me levanto, temblorosa, impresionada por el sueño. Me apoyo en la ventana y miro hacia la calle, recordando las escenas de mi sueño, tan real.
A mi espalda, un pétalo de rosa se desprende de mi pelo y cae lánguidamente a mis pies.
Para César, gracias por una de las noches más lujuriosas y divertidas de mi vida. Un beso!