domingo, 25 de mayo de 2008

Mazmorra

El Rainbow, local swinger de Barcelona, sábado por la noche.

Imagíname en su mazmorra.
Un espacio de unos seis o siete metros cuadrados, las paredes forradas con papel pintado imitando ladrillo y adornadas con un par de cadenas. En el centro de la estancia, colgado del techo, un columpio de arneses. En la pared de la izquierda, un saliente con un banco acolchado. Y en el rincón de la derecha, justo frente a la puerta, que está tapada con un biombo, una pequeña jaula de madera.

Dentro de ella, atornilladas a la pared, unas muñequeras de cuero con cierres metálicos situadas a cada uno de los extremos de una barra de hierro.

Y yo allí atada, desnuda, mi espalda contra la fría pared.

Sobre mi cabeza, en la esquina de la habitación, un estante con una lámpara que imita un pebetero con fuego y que da una luz anaranjada, ténue y cálida y, junto a ella, la bebida de mi acompañante en un vaso de tubo.

Hemos dejado nuestras toallas en la parte superior de la jaula, colgando sobre los barrotes, tapando la visión de los que se asoman con curiosidad por la puerta de la mazmorra, creando una atmósfera privada para nosotros, a pesar de estar en un sitio público. Nadie nos ve, nadie nos oye, estamos solos él y yo y mi pequeña fantasía perversa.

Él está agachado, entre mis piernas, levantando la derecha sobre su hombro, aplicando su lengua con intensidad en mi clítoris mientras sus dedos enormes entran y salen de mi coño, apretando muy dentro de mi.

Estoy temblando, llevo deseando esto desde hace mucho, desde que vi que habían instalado esa barra con muñequeras mi imaginación se había desbocado, soñando con estar así atada, con él comiendome como nadie más sabe hacérmelo, o jugando conmigo, con ese vibrador de lujo, estimulador del punto g, que tiene en su casa y que sabe que me vuelve loca, mi amigo, como él lo llama.

Estoy terriblemente excitada, después de haber estado follando con él en el jacuzzi del local y en la cama grande, delante de toda esa gente desconocida que se acercaban a acariciarme suavemente mientras él me poseía, pero mi mente ya estaba puesta en la mazmorra, en sus grilletes, en vivir este momento. Me siento mucho más expuesta que antes, cuando podían verme los demás, me entrego sin reservas a mi hombre, soy totalmente suya y sólo lo deseo a él.

Clavo mis uñas en las muñequeras, que me quedan un poco sueltas, gritando de gusto mientras me corro. El orgasmo es tan brutal que eyaculo. Un chorro de líquido transparente empapa su brazo, chorrea por mis piernas y deja un buen charco en el suelo.

Él sigue masturbándome, con cara de sorpresa. No se lo esperaba, ni yo tampoco. Es la primera vez que me pasa en la vida, estando acompañada. En dos ocasiones lo había conseguido mientras me lo montaba sola, pero no me había sucedido con ningún hombre hasta ese momento.

Estoy en trance. Él se acerca mucho a mi cara, mirándome a los ojos, riéndose.

"¿Qué has hecho?... ¡Guarra!¡Mira cómo has puesto el suelo!" me dice, en un tono muy dulce y alegre. Yo gimo sin control.

Levanta mis piernas con sus brazos y me penetra con pasión. La tiene durísima. Me bombea una y otra vez, sus manos contra la pared, yo abierta de par en par, haciendo fuerza para sujetarme a la barra que me tiene presa, colgando de ella, mis brazos en tensión, temblando. Él me besa y luego recorre mi cuello con su lengua, me muerde los pezones, le oigo gemir sobre mi hombro, pero muy lejos, estoy en éxtasis, sólo siento el placer que me domina por completo. Hace que me corra de nuevo y me deposita en el suelo con suavidad.

Le veo, con los ojos entrecerrados, soltarme de mis ataduras, pero sólo para obligarme a girar y volver a amarrarme a la pared. Se pasea por la jaula, bebiendo de su White Label con naranja, contemplándo mi espalda, mi culo, decidiendo cómo torturarme un poquito más. Mi respiración es muy agitada.

Toma un cubito de hielo de su vaso y recorre mi piel ardiente y cubierta de sudor muy despacio, dejándolo gotear estrategicamente. Todo mi cuerpo tiembla sin control, mis ojos le suplican piedad, pero cuando me pregunta "¿quieres más?" con esa voz profunda y tan sexy le digo que sí. Sabe que siempre digo que sí. Le oigo reirse otra vez, complacido.

La gente entra en la mazmorra, alertada por mis gemidos, se asoman a la jaula y me miran. Le hacen preguntas sobre mi y se quedan unos minutos a contemplar el espectáculo. Me encanta.

Él sigue acariciándome con el cubito de hielo, ya queda un trozo muy pequeño y aguado, toda mi piel brilla bajo la luz anaranjada, mis pezones están tan tiesos que duelen. Apoyo mi mejilla contra la pared, casi al borde de las lágrimas, cuando me lo mete por el coño y acaba de derretirse allí, casi al instante. Es su dedo dentro de mi lo que me hace estar tan caliente.

Sus grandes manos me toman por las caderas, y me hace sacar el culo hacia afuera, arqueando la espalda. Estoy muy sensible en estos momentos, todas las sensaciones se magnifican. Primero me penetra violentamente, empapando su palpitante polla en mis fluidos, haciéndome gritar, pero no tanto como cuando, a continuación, me la mete por detrás y sus dedos buscan mi clítoris.

Vuelvo a correrme, entre espasmos. Él tira de mi pelo, me muerde el cuello, el hombro. Mis piernas tiemblan tanto que siento que no aguantaré en pie mucho más. Él parece darse cuenta y, soltando mis muñecas, me arrastra hacia el banco acolchado. Se sienta en él y me hace chuparsela y me aplico con deseo, agradecida.

Estamos solos en la habitación. Yo rezo mentalmente por que no venga nadie a tocarme, porque ahora sólo quiero dedicarme a él. Se lo merece, se lo ha ganado. Matrícula Cum Laude.

Con un pie en el suelo y otro en el banco, rodeando su cintura, me empalo en su verga, besando su boca, abrazada a su cuello, mientras él me sujeta por las caderas. Me la clavo hasta el fondo, me muevo arriba y abajo, pero mis piernas ya no me sostienen y me voy dejando caer hacia atrás. Acompaña mi movimiento, colocándose sobre mi, sin sacarmela.

Sujeta mis tobillos frente a su cara, mis rodillas casi me golpean el pecho de tan doblada como estoy y empuja con ímpetu. "¡Cabrón!" le suelto entre dientes, pero suficientemente alto para que me escuche. ¡Dios!¡Cómo me gusta!

Tengo los ojos en blanco, no puedo soportar tanto placer, la siento muy adentro, una vibración me hace estremecer y el orgasmo me alcanza entre sollozos.

Me deja abrir las piernas, se estira totalmente sobre mi cuerpo y me abraza tiernamente.

Estoy llorando, de pura felicidad, las palabras salen entrecortadas de mi boca. "Te quiero", repito un par de veces. Le siento correrse, por fin, sus gemidos me hacen enloquecer, me aprieta fuertemente contra él, yo me abrazo como si me fuera la vida a su espalda y mis piernas se atan a su cadera.

Nos quedamos así durante unos minutos, recuperando el aliento, disfrutando de las sensaciones, exhaustos, doloridos, satisfechos.

Susurro un "gracias" muy sincero junto a su oido y él me mira y me sonrie. Sus ojos brillan. "Me acordaré muchas veces de esto" le digo, riendo. Estoy segura de que él también.

Nos vamos a las duchas, cubiertos de sudor, cogidos de la mano.


Para Jose, el hombre que cumple mis fantasías. Te quiero, mi niño.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola peixet meu! me encanta leerte, solo quería darte las Gracias otra vez! aunque ya te las di ayer noche! una noche que nunca olvidare!.
T'estimo peixet meu.

j dijo...

Vaya, vaya, vaya. Hemos esperado mucho esta entrega pero ha valido la pena. Qué fuerzaaaaaaa. Qué gustazooooo. Bravo por José si lo ha inspirado o lo ha hecho realidad. Y mil besos a tí, Nikki, por tan caliente narración. ¡Menos mal que le has puesto un poco de hielo! ja ja ja.

Manuel dijo...

Fabuloso comentario de una noche irrepetible por lo que cuentas.

Dr.MIKEL dijo...

Vaya, vaya con las cajeras de los Super de Terrasa.

Juanjo Merapalabra dijo...

Hola Nikki, pasaste por mi blog y dejaste un comentario. Gracias. Consigues lo que quieres con tus relatos, y eso significa que son buenos. Felicidades.

el hombre de la baraja de la derrota dijo...

delicioso relato

no pude evitar imaginar la escena que describes

morbo gigante

mis saludos a ti y mi envidia a jose