domingo, 5 de junio de 2011

Lluvia


Una vez más, me maldigo por haber dejado que la reunión se alargara tanto, haciéndome llegar tan tarde de vuelta a casa. Al salir del tren, casi a las once de la noche, la oscuridad es total y el aguacero, impresionante. La gente se agolpa en la puerta de la estación, temerosa de salir: el agua golpea con fuerza el suelo y retumban los truenos. No hay ni un solo taxi a la vista. Los autobuses ya han terminado su jornada. La apacible y cálida tarde de Junio se ha transformado en una noche de tormenta y a mí ni se me había pasado por la mente, al salir de casa, llevarme un paraguas por si acaso. Pasan los minutos y no da señales de parar. Decido que no puedo quedarme allí esperando eternamente hasta que amaine, total, mi casa no está tan lejos, así que echo a correr bajo la lluvia, calle arriba, abrazando mi bolso como si fuera un salvavidas, notando como el agua fría va calando mi ropa, mis zapatos, convirtiendo mi pelo en delicadas hebras que se adhieren a mi cara una y otra vez, aunque me empeñe en apartarlas.

El camino es cuesta arriba y yo no estoy acostumbrada a correr, menos aún con estos zapatos de vestir y la falda de tubo que me puse para la reunión, así que a medio camino ya estoy exhausta y completamente empapada.

Una puerta entreabierta en un portal se me muestra como una posible salvación. Me resguardo en la penumbra, dejando caer mis cosas al suelo, apoyada contra la pared, respirando agitadamente.

Oigo el sonido de unas llaves y la puerta cerrándose de nuevo. Un chico, tan empapado como yo, entra entre resuellos y se apoya en la pared frente a la mía. También se ha pegado una buena carrera bajo la lluvia, pero al menos, él ya está en casa. Me sonríe.

- ¡Vaya tormentón! ¿Eh?

Asiento, devolviéndole la sonrisa. Siento sus ojos oscuros repasarme con curiosidad, sabiendo sin lugar a dudas que no soy una de sus vecinas. El encaje de mi sujetador es claramente visible a través de la blanca tela de mi blusa, que se pega como una segunda piel y mis pezones están tan duros que podrían abrirse camino a través de ella. Él me estudia detenidamente, en el silencio atronador de nuestros corazones agitados. Lleva un polo azul celeste, muy primaveral, bajo el que se marca un torso esbelto pero torneado, y unos tejanos que parecen negros de tan mojados. Se pasa la mano por su ondulado cabello castaño, apartándolo de su bello rostro, con la actitud confiada de quien se sabe atractivo. Siento un escalofrío recorrerme y él parece adivinarlo.

- ¿Tienes frío? ¡Estas empapada! Bueno, ¡ambos lo estamos! -de nuevo ríe. Tiene una sonrisa preciosa. Se acerca hasta mí y, acogedoramente, pone su mano sobre mi hombro. Yo no me resisto, sigo mirándole embelesada.

- ¿Me permites ofrecerte una toalla y una taza de café? Puedes esperar en mi casa hasta que deje de llover tan fuerte, si quieres...

Está parado frente a mí, expectante. Parecemos dos imanes, luchando contra la mutua atracción. Noto su mirada hambrienta recorrerme, cual gota que cae de mi pelo chorreante, pasando de mis ojos a mi boca entreabierta, bajando por mi cuello, ralentizándose sobre el perlado valle de mi escote, para perderse sin remedio en el oscuro abismo entre mis pechos. Siento que me ahogo, que me falta el aliento, ya no sé si es por la carrera o por el súbito deseo que me invade y me hace temblar, vibrando como un diapasón en las profundidades de mi ser.

Me dejo llevar por el impulso, acercando cada vez más mi boca a la suya, lentamente, esperando su reacción. Llego hasta sus labios y le beso apasionadamente y, tras un instante de sorpresa, él me responde con intensidad. Nuestros cuerpos se unen con un sonido chapoteante, atrapándome contra la fría pared de mármol. Sus manos se deslizan por mis curvas cinceladas con precisión por la ropa mojada, desprendiendo su calidez sobre mi helada piel. Mi mano sube por su nuca y se enreda en su pelo, agarrándolo con fuerza.

Muy despacio, me va atrayendo hacia una puerta al fondo del vestíbulo. Al traspasarla, me encuentro con un patio interior, sin claraboya, en el que sigue cayendo la lluvia, que ahora, cual bendición, refresca mi ardiente rostro. Se quita el polo y lo deja en el encharcado suelo. Me gusta su cuerpo lampiño y joven. Desabrocha mi blusa, abriéndola y apartando mi sujetador para aferrarse a mis generosas tetas, mientras su boca busca mi cuello con un ansia animal y su pelvis se aprieta contra la mía. Noto el granulado cemento de la pared arañar mi espalda, pero no me importa. Miro hacia el cielo mientras él se agacha y, levantándome la falda hasta la cintura, se pierde entre mis piernas. Siento su lengua por encima de mis bragas, que ya no sé si están mojadas por el agua o por el deseo, justo antes de hacerlas a un lado y saborear mi sexo. La lluvia brilla, diamantina, bajo la luz de algún foco en el tejado del edificio y su repiqueteo constante me transporta hasta un mundo de calma. Mirando todas aquellas ventanitas, pienso en lo fácil que seria que alguna se abriera y nos descubriera allí abajo, si oyen mi voz. Me muerdo el labio, respirando hondo, conteniendo esos gemidos que pugnan por salir, mientras mi cadera se mueve, acompasadamente, lenta pero inexorablemente hacia el orgasmo, con los movimientos de su lengua.

Se alza y me vuelve a besar, enfebrecido, mientras lucho por desabrochar su tejano. No le permito bajárselo del todo, así que me penetra con el pantalón todavía puesto. Me gusta sentir su textura rugosa en mi pierna, que le rodea buscando su proximidad, acariciar la forma en que se pega a su pequeño y duro trasero, inmune a mis uñas, que se clavan en la tela. Me empuja con violencia, casi levantándome del suelo, me encanta escuchar su respiración en mi oído. Estamos solos: él, yo y la lluvia.

Me hace dar la vuelta e inclinarme, las piernas muy abiertas. La falda es un harapo anudado a mi cintura, a la que él se aferra para seguir clavándomela hasta el fondo. Me sujeto a la pared, arrebolada y temblorosa. Me he corrido otra vez, sin remedio.

Me gusta cómo mis pechos se bambolean a cada embate, hasta que una de sus manos aparece para agarrarse a ellos. Le miro por encima del hombro, mientras él observa a la lluvia trazar brillantes y húmedos caminos en la blanca piel de mi culo. Su cabeza cae hacia atrás, dejando que el agua de las nubes bañe su cara por completo. Su boca se abre, sus ojos se cierran y, con un suspiro, unas gotas más espesas y calientes dibujan su explosión de placer sobre mis muslos.


Mis ojos se abren a la soleada mañana de un nuevo día, sola en una cama extraña. Mi ropa reposa, lavada y seca, sobre la silla de la habitación. Me dirijo al baño y me meto en la ducha. La noche ha sido larga y sudorosa.

Su cuerpo fibrado y desnudo aparece, atraído por el sonido, y se apoya en la puerta, dándome los buenos días. Me mira silenciosamente, pensativo, mientras dejo que el agua y sus ojos me acaricien. Le sonrío y le hago un gesto. Aunque parezca mentira, aún nos quedan ganas. Se acerca tiernamente y me abraza bajo aquella nueva lluvia, para compartirme con ella otra vez.
A mi me encantan los días de lluvia... ¿y a tí? ;)
(Ya ves que, hasta cuando sueño despierta, se me aparece tu cuerpo, mi niño. TQM. Mil besos de tu catalana favorita que te echa muchísimo de menos)


domingo, 27 de marzo de 2011

Rihanna - S & M




Desde la primera vez que vi un concierto de Rihanna, lo tuve clarísimo. No se si será, tal como dice el personaje que interpreta Madonna en "El cuerpo del delito", porque los que tenemos ciertas tendencias similares nos reconocemos entre nosotros. Actitudes, gestos, palabras... a veces, simplemente algún detalle en la manera de vestir. No se exactamente lo que me llamó la atención en ella, pero lo supe. A Rihanna le gustaba el BDSM.


Así que cuando luego se supo de los malos tratos por parte de su novio Chris Brown, también entendí que, igual que yo, había caido en manos de un abusador en vez de un dominante, pensando que podría confinar ese punto de violencia que a las mujeres sumisas nos atrae en un hombre, entre las paredes de un dormitorio, en la intimidad de una relación, sin que afectara al resto de su vida. Y eso es muy, muy dificil de conseguir.


Ser diferente en temas de sexualidad siempre es controvertido y el mundo del BDSM sigue siendo un rincón oscuro e incomprendido por la gran mayoría, aunque últimamente parece estar un poco de moda, con reportajes en televisión y gente famosilla que se declaran fans de látigos y cuerdas, latex y cuero, dolor y placer.


Rihanna ha ido mostrando cada vez más de esta faceta suya, hasta abrirse completamente al mundo con esta canción de su album "Loud" (2010) y consiguiente video, que ha causado una gran polémica, asi como con sus declaraciones al los medios. Para mi, es toda una divertida, colorista e irreverente parodia de lo que la gente en general piensa que ha de ser el Sadomaso: mordazas, ataduras, látigos y fustas, "dog training", vestimentas plásticas y apretadas.... Vamos, que no es para tanto.


Hay mucha gente que sigue opinando que esto sólo es una maniobra de marketing y que no es cierto, pero a mi no me van a convencer. Yo ya lo adiviné mucho antes de que esto surgiera a la luz pública. Sí, sí. A Rihanna le gusta el BDSM. "I like it, like it! C'mon, c'mon... "

domingo, 20 de marzo de 2011

Seda


"Amado Señor mío,


No tengas miedo, no te muevas, permanece en silencio, nadie nos verá.

Sigue así, quiero mirarte, yo te he mirado mucho, pero no eras para mí, ahora eres para mí. No te acerques, te lo ruego, quédate donde estás, tenemos una noche para nosotros y yo quiero mirarte, nunca te he visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra tus ojos y acaríciate, te lo ruego.


No abras los ojos, si te es posible, y acaríciate. Son tan hermosas tus manos, he soñado con ellas tantas veces, ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, te lo ruego, continúa, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti. Acaríciate, amado Señor mío, acaricia tu sexo, te lo ruego, despacio.


Es hermosa tu mano en tu sexo, no te detengas, a mi me gusta mirarla y mirarte, amado Señor mío, no abras los ojos, todavía no, no debes tener miedo, estoy cerca de tí. ¿Me sientes? Estoy aquí, te puedo rozar. Esto es seda, ¿la sientes? es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel.


Tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás dónde, de repente sentirás el calor de mis labios sobre ti, no puedes saber dónde si no abres los ojos, no los abras, sentirás mi boca donde no sabes, de repente.


Tal vez sea en tus ojos. Apoyaré mi boca sobre los párpados y las pestañas, sentirás entrar el calor en tu cabeza y mis labios en tus ojos, dentro. O tal vez sea en tu sexo, apoyaré mis labios allá abajo y los abriré bajando poco a poco. Dejaré que tu sexo entreabra mi boca, entrando entre mis labios y empujando mi lengua, mi saliva descenderá por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo, hasta que al final te bese en el corazón, porque te deseo.


Morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te deseo, y con el corazón entre mis labios tú serás mío de verdad, con mi boca en el corazón, tú serás mío para siempre, si no me crees, abre los ojos, amado Señor mío, y mírame. Soy yo, quién podrá borrar este instante que sucede y este cuerpo mío, ya sin seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran.


Tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que te deslizas debajo de mí, aferras mis caderas, me levantas, dejas que me deslice sobre tu sexo, despacio, quién podrá borrar esto, tú dentro de mí, moviéndote lentamente, tus manos en mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz. Te mueves lentamente pero hasta hacerme daño, mi placer, mi voz, mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me alza, tus brazos que no dejan que me marche, los golpes dentro de mi, es violencia dulce, veo tus ojos que buscan en los míos, quieren saber hasta dónde hacerme daño. Hasta donde quieras, amado Señor mío, no hay final, no acabará.
¿Lo ves? Nadie podrá borrar jamás este instante que sucede, para siempre. Echarás la cabeza hacia atrás, gritando, para siempre cerraré los ojos, separando las lágrimas de mis pestañas, mi voz dentro de la tuya, tu violencia que me tiene aferrada. No queda ya tiempo para huir, ni fuerza para resistirse, tenía que ser este instante. Y este instante es, creeme, amado Señor mío, este instante existirá, de ahora en adelante, existirá, hasta el final."

Hoy he asistido al Club del Libro en el Nido del Escorpión y me he traido esta pequeña joya que es "Seda" de Alessandro Baricco. Lo he devorado en el tren de vuelta a casa. Os recomiendo su lectura. Una pequeña historia de amor imposible entre un comerciante de seda francés y una bella joven japonesa.

jueves, 3 de febrero de 2011

Teléfono




Suena el móvil. Son las diez de la mañana y me revuelvo entre las sábanas. La noche ha sido larga, participé en un concurso y gané, me fui de celebración con mis amigos y llegué muy tarde a casa. Pero como estoy de vacaciones, no tengo ninguna prisa por levantarme.

-Mmmmmm??? -contesto, con los ojos cerrados todavía.
-¡Buenos días, guapetona! ¿Te he despertado? Jodeeer, lo siento. Sólo quería saber cómo te fue anoche...

La verdad es que no me importa que me haya despertado, su voz ronca y sexy al teléfono despierta mucho más en mi cuerpo que un buen café, siento un hormigueo que sube y baja por mi vientre y se localiza, caliente, entre mis piernas. Un calor que no podrá saciarse con su compañía, pues nos separan más de 500 kilómetros. Siento añoranza de su boca, de su cuerpo sobre el mio, del tacto de sus manos. Sólo su voz me reconforta, trayéndome dulces recuerdos de los pocos días que hemos pasado juntos.

-Bien, bien... Gané la primera ronda y salimos a celebrarlo....
-Bueno, si un caso te llamo luego y hablamos, descansa un rato más...
-¡No, no! No te vayas todavía.... Me encanta escucharte.... Sabes que tu voz me pone mucho.... Dime más cosas....

Me lo imagino sentado en su coche, parado para desayunar en la cafetería de alguna gasolinera solitaria de alguna autopista de Madrid, apartado del tumulto en algún parking, lejos de la vista de la gente, aprovechando ese descanso en el trabajo para llamarme. Trajeado, con su corbata, bien peinadito, con las gafas de sol todavía puestas y una media sonrisa traviesa en la que asoma ese diente un poco roto, imaginándome él a mi: la melena pelirroja desparramada sobre la almohada, con los ojos soñolientos, oscurecidos por los restos de maquillaje que no me quité la noche anterior, mi piel tan blanca en contraste con las sábanas azul oscuro, curvilínea y cálida bajo el edredón.

- ¿Que llevas puesto? - me interroga. Su voz se ha hecho todavía más ronca, recordando este cuerpo mio que ha sido tantas veces suyo.
- Nada. Estoy desnuda, siempre duermo desnuda. Y me estoy poniendo muy cachonda... Me estoy acariciando, imaginando que eres tú, que estas aquí a mi lado... Sólo mirándome y acariciándome y hablándome al oído...
- ¿Sí? Uffff.... -casi puedo sentir cómo la saliva se acumula en su boca, como su corazón comienza a latir más rápido- ¿estas mojada?
- Estoy empapada, cielo. Ahora mismo tus dedos entrarían suavemente dentro de mi, llenándose de mi esencia, de mi olor, de mi sabor....
- Lo que daría por poder meter mi lengua en tu coño ahora mismo, mi niña...

Le imagino soltándose un poco la corbata, para poder respirar mejor, mirando nervioso a su alrededor, como si alguien más pudiera escuchar lo que estamos diciendo. Yo también recuerdo su olor, su sabor, el tamaño de su miembro entre mis manos, rozando mis labios, esos ojos oscuros que buscan los mios, esa cara de malo cuando se lo pasa bien...
Mis dedos han empezado a jugar ahí abajo, haciéndome sentir que son los suyos, o quizás su lengua experta sobre mi sexo. Respiro más fuerte, se me escapa un gemido.

-¿Que haces?
- Estoy sintiendo tu lengua entre mis piernas, recorriéndome despacito, jugando a rozar mis ingles. Me muevo buscando su contacto y tu me evitas, me haces sufrir, suplicar, quiero sentirla en mi clítoris, llenándome de tu saliva...

Yo también se seducirle con mi voz: le hablo lentamente, que le de tiempo a ponerse en situación, casi susurrante, que tenga que esforzarse un poco para escucharme, voz caliente de hembra en celo.

Oigo ruiditos imperceptibles en el teléfono, un rozar de tela. Imagino que el pantalón ya le aprieta y que se ha deslizado en el asiento del coche, ocultándose un poco más, dejando espacio para bajarse la cremallera de la bragueta y así poder introducir su mano y acariciarse al mismo tiempo que yo, primero suavemente, sólo por encima, luego agarrándola con toda la mano, meneándosela ritmicamente.

-¡Que bien lo haces! ¡Me encantaaaaa! Pero méteme un dedo...¡o dos! ¡Hazlo, por favor! ¡Necesito que me folles! ¡No me hagas esperar más! ¡Te deseo tanto!- le pido, con voz lastimera. Mi coño ciertamente se abre, pidiendo su sexo, sus caricias, ese cuerpo que no voy a tener.

- Mmmm.... ¡Que cerda! ¡Sí! Te meto los dedos, muy adentro, me encanta verte así, tan caliente, mojada y abierta de piernas, mirando cómo te masturbas para mi, mientras te meto la polla en la boca para que me la chupes tan bien como tú sabes, agarrándote del pelo para ver esa cara de guarra que pones.... ¡Así, chúpamela!
-Oh! ¡Cómo me gusta que me hables así, cabrón!¡Sigue!¡Dame más!

Estoy gimiendo, loca de placer, los ojos cerrados completamente, apretados, mirando hacia adentro, hacia mi mente, a la doble escena de saberme poseída por él en esta fantasía compartida y de imaginarle en tiempo real, haciéndose una paja mientras me habla, en su coche, a pleno día, en un lugar público. El teléfono casi se me pierde, resbala por mi almohada mientras me toco a dos manos, pero no quiero dejar de oír su voz, de sentirlo en la distancia y me apresuro por volver a colocarlo sobre mi oreja.

- Cállate, perra -me está diciendo- No quiero oírte, solo quiero ver cómo te corres para mi, quiero sentirlo en mis dedos, aprisionados con tu orgasmo, porque cuando te corras te la voy a meter enterita y te voy a follar como te mereces, puta.... ¡Córrete! ¡Córrete ya!

Es como un interruptor en mi cabeza, todas sus palabras me disparan hacia una dimensión desconocida, mi cuerpo vibra y se retuerce, mi mente gira sin control, envuelta en una nube naranja y roja y me quedo sin aire. Una "pequeña muerte" que a la vez me da la vida y me deja palpitante.

- Ooooohhh! Síiiiiii!
-¿Sí? Pues ponte a cuatro patas, que te la voy a clavar hasta que no puedas más... Buffff! ¡Cómo me la has puesto, mi niña! ¡Te voy a destrozar cuando te pille!

Sigo tocándome, suavemente, disfrutando de las sensaciones, prestando atención a sus lejanos jadeos que me excitan todavía más, escuchando cómo se relaja cuando termina, sin estridencias, rezando por que lleve pañuelos de papel en el coche...

- Estoooo.... Voy a tener que dejarte, cariño, jejee Ufff.... ¡Te vuelvo a llamar más tarde, guapísima! Eres un cielo.... ¿Te he dicho ya que me encantas? Un beso, nena, descansa.... ¡Te quiero!

Su voz vuelve a sonar divertida y sexy. Creo que no llevaba pañuelos, después de todo.

Apago el móvil y me quedo, relajada y calentita bajo las sábanas, soñando con él, con que llegue la hora en que mi teléfono vuelva a sonar y escuche de nuevo esa voz tan peculiar y provocadora que me vuelve loca.

Para Ginés. Nada de lo que te pueda decir podrá explicar por completo todo lo que me haces sentir.... Gracias por unos días maravillosos. Te quiero!




domingo, 9 de enero de 2011

Shibari



Ayer tuve el gran honor y placer de asistir a un Taller de Shibari en el Nido del Escorpión. ¡Las palabras se quedan cortas para expresar todas las sensaciones y emociones que sentí!
Primero en la clase magistral de Alberto, yo como "modelo" y mi nuevo amigo David como "atador". No nos conocíamos de antes, pero puedo asegurar que no importó en absoluto. Cuerdas de yute y de cáñamo, vueltas, nudos.... La suave caricia de sus manos sobre mi cuerpo en contraste con la aspereza y restricción del atado. Había momentos en que cerraba los ojos y me sentía transportada por un cúmulo de sensaciones maravillosas. Disfruté plenamente de la experiencia y espero repetir pronto...

Más tarde, con una auténtica exhibición de este arte de mano del propio Alberto, atando y suspendiendo de una argolla a un muchacho. Cambiando posiciones en el aire, obteniendo de su cuerpo formas increibles. Yo miraba los ojos del chico, completamente en trance, y podía entender perfectamente lo que estaba sintiendo. ¡¡¡Absolutamente impresionante!!! Se produce una conexión entre el que ata, el que es atado y los que miran, una comunión de los sentidos.

David me estuvo enseñando un par de libros de la biblioteca del Nido. Se llaman "Douglas Kent's Complete Shibari", uno para realizar en suelo y el otro de suspensiones.



Una preciosidad, con pefectas explicaciones (en inglés) y imágenes impactantes y claras. Son caros y difíciles de conseguir en Internet, pero si os podeis hacer con ellos, son magníficos.

Os dejo un video del genial Alfil para que veais algo de esta mágia en movimiento....

Una experiencia memorable! Ah! Y una gente divertida, cálida y acogedora como su Nido. Volveremos a vernos. Gracias a Josep, Françoise, Miguel, David y un laaaargo etc.





Aprovecho para enlazar un completo artículo sobre el tema, de Josep Lapidario... "Shibari, el arte japonés de la atadura erótica"