UPDATE: Al final conseguí presentarlo en la convocatoria del 2017 y... ¡HE GANADO! El premio son unos vibradores, nada que me interese, pero el orgullo de saber que mi relato es el que más ha gustado es enorme!
domingo, 20 de julio de 2014
Balcón
UPDATE: Al final conseguí presentarlo en la convocatoria del 2017 y... ¡HE GANADO! El premio son unos vibradores, nada que me interese, pero el orgullo de saber que mi relato es el que más ha gustado es enorme!
domingo, 19 de enero de 2014
Adam Lambert - For your entertainment (2012)
Tan caliente, listo para usar,
¿podemos acelerar el ritmo?
Ponlo en marcha, caliéntalo,
necesito estar entretenido
Fuerza el límite, ¿estás en ello?
Nena, no tengas miedo
Voy a lastimarte bien, nena
Vamos, es mi espectáculo, nena
haz lo que te digo
No te salgas del rol que voy a organizar
Ya te digo que voy a sujetarte
hasta sorprenderte
Te daré hasta que grites mi nombre...
No habrá escapatoria cuando comience
Una vez dentro, tu corazón será mío
No podrás hacer sonar la alarma
Así que aguanta hasta que termine...
Oh, ¿sabes en lo que te estás metiendo?
¿Podrás soportar lo que voy a hacerte?
Porque va a ponerse duro para ti
Estoy aquí para entretenerte
Oh, apuesto a que pensaste que era tierno y dulce
un ángel que te hizo perder la cabeza
Pues estoy a punto de subir el calor
Estoy aquí para entretenerte
Todo está bien, estarás bien
Nena, tengo el control
Acepta el dolor
Acepta el placer
Soy un maestro con ambos
Cierra los ojos, no tu mente
Déjame entrar en tu alma
Voy a esforzarme hasta que estés agotada
No habrá escapatoria cuando comience
Una vez dentro, tu corazón será mío
No podrás hacer sonar la alarma
Así que aguanta hasta que termine...
Oh, ¿sabes en lo que te estás metiendo?
¿Podrás soportar lo que voy a hacerte?
Porque va a ponerse duro para ti
Estoy aquí para entretenerte
Oh, apuesto a que pensaste que era tierno y dulce
un ángel que te hizo perder la cabeza
Pues estoy a punto de subir el calor
Estoy aquí para entretenerte
Para entretenerte, estoy aquí para entretenerte
¿Te gusta lo que ves?
Déjame entretenerte hasta que grites
Oh, ¿sabes en lo que te estás metiendo?
¿Podrás soportar lo que voy a hacerte?
Porque va a ponerse duro para ti
Estoy aquí para entretenerte
Oh, apuesto a que pensaste que era tierno y dulce
un ángel que te hizo perder la cabeza
Pues estoy a punto de subir el calor
Estoy aquí para entretenerte...
domingo, 30 de junio de 2013
Sentimientos (Catábasis)
domingo, 21 de abril de 2013
Nocturno
domingo, 26 de agosto de 2012
Bisexual
domingo, 20 de mayo de 2012
Durmiente
- True Story. Si por casualidad alguien lo conoce, que le hable de mi y que me mande un mensaje al mail que hay en Información jajaa Se fue dirección Manresa, para más datos...
domingo, 11 de septiembre de 2011
Cuentos inmorales
Y para terminar, Lucrezia Borgia evoca los rumores que las malas lenguas de su época difundieron, pues decían que mantenía relaciones incestuosas con su padre, Alejandro VI, Papa de Roma, y con su hermano César, que era cardenal y a los que acusaron de ser padres del hijo que tuvo con solo 17 años. Son escenas cargadas de transgresión y herejía, pues se burlan repetidamente de la religión católica.
Por si os a parecido interesante y os apetece verla, aquí es una de las varias páginas donde la podeis encontrar. 'Cuentos Inmorales Online'
domingo, 4 de septiembre de 2011
30 Seconds To Mars - Hurricane (2010)
domingo, 21 de agosto de 2011
Medusa The Dollmaker
domingo, 14 de agosto de 2011
Cuaderno de bitácora

La discoteca ya cerraba y queriamos encontrar un sitio donde seguir nuestra recién comenzada charla, pero todos los bancos y rincones estaban tomados por viajeros durmientes, así que acabamos en su pequeña habitación de chofer de camión, por suerte para ambos, sin compañero de viaje.
Y así, mirándonos a los ojos, tomándonos de las manos, permitimos que nuestros labios se unieran lentamente, a nuestras lenguas perseguirse, cambiando las palabras por saliva. Me arrodillé entre sus piernas, fundiéndome en un abrazo con su cuerpo caliente, dejando que mis manos atrapasen y se enredasen en los mechones de su largo cabello, mientras nos besábamos de nuevo intensamente.
Me deshice de mi camiseta, dejándole recorrer mis hombros y espalda con sus manos grandes y ásperas, aunque sumamente delicadas, hasta encontrar el cierre de mi sujetador y luchar infructuosamente contra él, ya que al final tuve que soltarlo yo misma. Sus labios acudieron, como llamados por el canto de una sirena, hasta la acogedora generosidad de mis pechos y mis rosados pezones, que lamió con fruición.
Sus dedos traviesos, tomando cada curva de mi piel, al final se perdieron en el interior de mi pantalón y, simplemente con la forma de acariciar mi clítoris, supe que iba a ser un gran amante.
Él se quitó la camiseta negra y los tejanos y yo terminé de desnudarme, sin prisas, sin pausa, bajo la ténue luz anaranjada de la estancia. Su piel estaba muy bronceada por el sol del verano, tan solo su culete pequeño y prieto parecía un poco más claro. Acodada en el estrecho camastro, admiré su estampa de Tarzán, su pecho amplio y lampiño, una cinturita pequeña y brazos y piernas poderosos, un rostro lleno de fuerza: unas cejas pobladas que enmarcaban sus ojos de obsidiana ardientes de deseo, una nariz de boxeador ligeramente achatada y una sonrisa luminosa de dientecillos pequeños, enmarcado todo ello por una melena larga y fiera, de puro azabache, que le llegaba hasta los hombros. Y mi boca se hizo agua y unas ruedecillas giraron enloquecidas en mi bajo vientre al contemplar la imponente erección de su temible verga que, oscura y turgente, invitaba a la lujuria.
Me lancé sobre ella, susurrando, casi suplicando: 'quiero chuparla' y él se dejó hacer, con expresión satisfecha. Me apliqué con intensidad y ganas, sabiendo que ninguno de los dos quería llegar hasta el final, dejándole disfrutar de mi boca apenas unos minutos, cubriéndola de calor y saliva, hasta que vi sus ojos cerrarse y su cuerpo entregarse a mi. Me separé de él, mirándole lascivamente, invitándole a poseerme. Como si leyera mi pensamiento, fue empujándome levemente hacia atrás, hasta que estuve tumbada en la cama y él sobre mi, dominando mi cuerpo al completo desde la atalaya de mi pubis.
Uniendo su cuerpo al mio en un abrazo tierno y envolvente, sentí su ariete abrirse paso, resbalando en el perlado mar de mi sexo hacia las profundidades de mi ser, meciéndome en el vaivén de sus voluptuosas acometidas. Mis manos se tornaron medusa, atrapándolo, acercándolo cada vez más, envenenándole de mi pasión, envolviéndole en mis gemidos.
Se apartó de mi y sus dedos continuaron la tarea de darme placer, pacientemente, con ambas manos a la vez, con la perfección de quien domina la materia, hasta hacerme gritar, quedando cautivos en el pulso de mi orgasmo, una Caribdis hecha carne, atrayéndole hacia su perdición. De nuevo me miraba complacido y eso conseguía que le deseara sin medida.
Volvió a penetrarme, despacito, quedándose muy quieto dentro de mi, a pesar de mi ansia. Mis ojos interrogaron a los suyos. 'Estoy conociéndote' me contestó, 'descubriendo tus secretos'. Otra oleada de sacudidas me conmovío casi al instante, sintiendo bombear la sangre dentro de él, dentro de mi. Tuvo que tapar mi boca, pues la vida se me iba por ella. 'Vas a despertar a todo el mundo', me dijo entre risas, con su acento extraño y dulce. Y yo también reí, abrazándome a su cuerpo, mi tabla de salvación, mientras flotábamos sobre el eterno y oscuro Mediterráneo en una noche que parecía no tener fin.
Quise convertirme en su amazona, cabalgar sobre su mástil, hacerle ahora llevar mi ritmo, moviéndome con la cadencia del oleaje, poniéndome a continuación en cuclillas y obligándole a mirar cómo su polla me taladraba una y otra vez. Luego, izada sobre él, tracé con mis caderas círculos y más círculos en un remolino infinito, hasta que no pudo más y cambió las tornas.
Me tomó a cuatro patas, sujetando mi melena roja entre sus dedos morenos porque así se lo pedí, empujando con fuerza, acariciando mi espalda, sujetándose a mi trasero. No conté las veces que hizo que me corriera, pero fueron muchas, muchas...
Vuelta tras vuelta, volvimos a estar cara a cara, sus brazos musculados atrapándome contra el duro colchón. Y, como ola contra una roca, la salada espuma de su océano cubrió mi cuerpo, entre suspiros y sudor. Su cabeza se hundió en mi hombro y quedamos un rato abrazados, acunados por el leve movimiento del barco.
Quedamos en que vendría a despertarle al día siguiente y, mientras me dirigía a mi camarote, situado una planta más arriba, y recorría silenciosa los pasillos, rememorando cada caricia y cada beso, me di cuenta de que lo que no recordaba era su nombre.
Ya en mi cama, me dormí con una sonrisa, soñando con mi portugués, mi gitano sin nombre, señor de los siete mares, contando los minutos para volver a ser suya, sintiendo su olor en mi piel y dejando que el ardiente deseo de su cuerpo me inundara y consumiera una vez más.
Para Marcelino. Espero que las corrientes vuelvan a traerlo hasta mi costa.
domingo, 5 de junio de 2011
Lluvia

El camino es cuesta arriba y yo no estoy acostumbrada a correr, menos aún con estos zapatos de vestir y la falda de tubo que me puse para la reunión, así que a medio camino ya estoy exhausta y completamente empapada.
Una puerta entreabierta en un portal se me muestra como una posible salvación. Me resguardo en la penumbra, dejando caer mis cosas al suelo, apoyada contra la pared, respirando agitadamente.
Oigo el sonido de unas llaves y la puerta cerrándose de nuevo. Un chico, tan empapado como yo, entra entre resuellos y se apoya en la pared frente a la mía. También se ha pegado una buena carrera bajo la lluvia, pero al menos, él ya está en casa. Me sonríe.
- ¡Vaya tormentón! ¿Eh?
Asiento, devolviéndole la sonrisa. Siento sus ojos oscuros repasarme con curiosidad, sabiendo sin lugar a dudas que no soy una de sus vecinas. El encaje de mi sujetador es claramente visible a través de la blanca tela de mi blusa, que se pega como una segunda piel y mis pezones están tan duros que podrían abrirse camino a través de ella. Él me estudia detenidamente, en el silencio atronador de nuestros corazones agitados. Lleva un polo azul celeste, muy primaveral, bajo el que se marca un torso esbelto pero torneado, y unos tejanos que parecen negros de tan mojados. Se pasa la mano por su ondulado cabello castaño, apartándolo de su bello rostro, con la actitud confiada de quien se sabe atractivo. Siento un escalofrío recorrerme y él parece adivinarlo.
- ¿Tienes frío? ¡Estas empapada! Bueno, ¡ambos lo estamos! -de nuevo ríe. Tiene una sonrisa preciosa. Se acerca hasta mí y, acogedoramente, pone su mano sobre mi hombro. Yo no me resisto, sigo mirándole embelesada.
- ¿Me permites ofrecerte una toalla y una taza de café? Puedes esperar en mi casa hasta que deje de llover tan fuerte, si quieres...
Está parado frente a mí, expectante. Parecemos dos imanes, luchando contra la mutua atracción. Noto su mirada hambrienta recorrerme, cual gota que cae de mi pelo chorreante, pasando de mis ojos a mi boca entreabierta, bajando por mi cuello, ralentizándose sobre el perlado valle de mi escote, para perderse sin remedio en el oscuro abismo entre mis pechos. Siento que me ahogo, que me falta el aliento, ya no sé si es por la carrera o por el súbito deseo que me invade y me hace temblar, vibrando como un diapasón en las profundidades de mi ser.
Me dejo llevar por el impulso, acercando cada vez más mi boca a la suya, lentamente, esperando su reacción. Llego hasta sus labios y le beso apasionadamente y, tras un instante de sorpresa, él me responde con intensidad. Nuestros cuerpos se unen con un sonido chapoteante, atrapándome contra la fría pared de mármol. Sus manos se deslizan por mis curvas cinceladas con precisión por la ropa mojada, desprendiendo su calidez sobre mi helada piel. Mi mano sube por su nuca y se enreda en su pelo, agarrándolo con fuerza.
Muy despacio, me va atrayendo hacia una puerta al fondo del vestíbulo. Al traspasarla, me encuentro con un patio interior, sin claraboya, en el que sigue cayendo la lluvia, que ahora, cual bendición, refresca mi ardiente rostro. Se quita el polo y lo deja en el encharcado suelo. Me gusta su cuerpo lampiño y joven. Desabrocha mi blusa, abriéndola y apartando mi sujetador para aferrarse a mis generosas tetas, mientras su boca busca mi cuello con un ansia animal y su pelvis se aprieta contra la mía. Noto el granulado cemento de la pared arañar mi espalda, pero no me importa. Miro hacia el cielo mientras él se agacha y, levantándome la falda hasta la cintura, se pierde entre mis piernas. Siento su lengua por encima de mis bragas, que ya no sé si están mojadas por el agua o por el deseo, justo antes de hacerlas a un lado y saborear mi sexo. La lluvia brilla, diamantina, bajo la luz de algún foco en el tejado del edificio y su repiqueteo constante me transporta hasta un mundo de calma. Mirando todas aquellas ventanitas, pienso en lo fácil que seria que alguna se abriera y nos descubriera allí abajo, si oyen mi voz. Me muerdo el labio, respirando hondo, conteniendo esos gemidos que pugnan por salir, mientras mi cadera se mueve, acompasadamente, lenta pero inexorablemente hacia el orgasmo, con los movimientos de su lengua.
Se alza y me vuelve a besar, enfebrecido, mientras lucho por desabrochar su tejano. No le permito bajárselo del todo, así que me penetra con el pantalón todavía puesto. Me gusta sentir su textura rugosa en mi pierna, que le rodea buscando su proximidad, acariciar la forma en que se pega a su pequeño y duro trasero, inmune a mis uñas, que se clavan en la tela. Me empuja con violencia, casi levantándome del suelo, me encanta escuchar su respiración en mi oído. Estamos solos: él, yo y la lluvia.
Me hace dar la vuelta e inclinarme, las piernas muy abiertas. La falda es un harapo anudado a mi cintura, a la que él se aferra para seguir clavándomela hasta el fondo. Me sujeto a la pared, arrebolada y temblorosa. Me he corrido otra vez, sin remedio.
Me gusta cómo mis pechos se bambolean a cada embate, hasta que una de sus manos aparece para agarrarse a ellos. Le miro por encima del hombro, mientras él observa a la lluvia trazar brillantes y húmedos caminos en la blanca piel de mi culo. Su cabeza cae hacia atrás, dejando que el agua de las nubes bañe su cara por completo. Su boca se abre, sus ojos se cierran y, con un suspiro, unas gotas más espesas y calientes dibujan su explosión de placer sobre mis muslos.
Mis ojos se abren a la soleada mañana de un nuevo día, sola en una cama extraña. Mi ropa reposa, lavada y seca, sobre la silla de la habitación. Me dirijo al baño y me meto en la ducha. La noche ha sido larga y sudorosa.
Su cuerpo fibrado y desnudo aparece, atraído por el sonido, y se apoya en la puerta, dándome los buenos días. Me mira silenciosamente, pensativo, mientras dejo que el agua y sus ojos me acaricien. Le sonrío y le hago un gesto. Aunque parezca mentira, aún nos quedan ganas. Se acerca tiernamente y me abraza bajo aquella nueva lluvia, para compartirme con ella otra vez.
domingo, 27 de marzo de 2011
Rihanna - S & M
Desde la primera vez que vi un concierto de Rihanna, lo tuve clarísimo. No se si será, tal como dice el personaje que interpreta Madonna en "El cuerpo del delito", porque los que tenemos ciertas tendencias similares nos reconocemos entre nosotros. Actitudes, gestos, palabras... a veces, simplemente algún detalle en la manera de vestir. No se exactamente lo que me llamó la atención en ella, pero lo supe. A Rihanna le gustaba el BDSM.
Así que cuando luego se supo de los malos tratos por parte de su novio Chris Brown, también entendí que, igual que yo, había caido en manos de un abusador en vez de un dominante, pensando que podría confinar ese punto de violencia que a las mujeres sumisas nos atrae en un hombre, entre las paredes de un dormitorio, en la intimidad de una relación, sin que afectara al resto de su vida. Y eso es muy, muy dificil de conseguir.
Ser diferente en temas de sexualidad siempre es controvertido y el mundo del BDSM sigue siendo un rincón oscuro e incomprendido por la gran mayoría, aunque últimamente parece estar un poco de moda, con reportajes en televisión y gente famosilla que se declaran fans de látigos y cuerdas, latex y cuero, dolor y placer.
Rihanna ha ido mostrando cada vez más de esta faceta suya, hasta abrirse completamente al mundo con esta canción de su album "Loud" (2010) y consiguiente video, que ha causado una gran polémica, asi como con sus declaraciones al los medios. Para mi, es toda una divertida, colorista e irreverente parodia de lo que la gente en general piensa que ha de ser el Sadomaso: mordazas, ataduras, látigos y fustas, "dog training", vestimentas plásticas y apretadas.... Vamos, que no es para tanto.
Hay mucha gente que sigue opinando que esto sólo es una maniobra de marketing y que no es cierto, pero a mi no me van a convencer. Yo ya lo adiviné mucho antes de que esto surgiera a la luz pública. Sí, sí. A Rihanna le gusta el BDSM. "I like it, like it! C'mon, c'mon... "


















