domingo, 8 de agosto de 2010

77 Domingos

77 Domingos.

Eso es el tiempo que hace que no publico una nueva historia en este blog.

Mi ruptura con Jose me dejó bastante tocada, sin ganas de soñar despierta, sin entender dónde me equivoqué con él, qué es lo que hice mal, buscando en nuevas experiencias el placer que él me daba, comparando a los otros hombres con su recuerdo, y quedándome insatisfecha y triste... Tardé cerca de un año en superarlo, y por suerte para mi, he encontrado junto a Juanma complicidad y alegría, amistad y un sexo insuperable, todo un nuevo mundo de sensaciones extraordinarias.... Y aunque ya no disfrutemos juntos de ellas, su semilla sigue en mi, inspirándome, "unleashing the beast again".... Gracias por todo, mi niño, ¡vales un mundo!

Otras circunstancias personales han ido retrasándome, haciendo que los domingos pasaran raudos, a veces por desidia o pereza, a veces por querer abarcar demasiados proyectos, otras por tener la mente en blanco, el peor enemigo del escritor....

No creas que, a pesar de todo ello, no han habido nuevas ideas. Hay unos cuantos borradores sin finalizar, que espero retomar pronto y publicar para ti.

Porque se acabaron los domingos sin cuento. Quiero esforzarme y dar lo mejor de mi imaginación. Porque me consta que todavía hay gente que, quizás como tú, espera esa nueva historia, dejar volar su imaginación junto a la mía y soñar con momentos húmedos y cálidos a través de mis palabras..... y cuando el tiempo no me lo permita, al menos dejarte algo que te inspire igualmente, aunque no sea mio, no dejar de nuevo que este blog agonice... Déjame tus comentarios, tus enlaces, quiero conocer nuevos mundos, tu mundo único y personal, saber lo que te excita, lo que te gustaria ver aquí....

La maquinaria ya se mueve, lenta pero inexorable. La sabiduría de la tortuga: sin prisa, pero sin pausa....

Bienvenido a una nueva etapa de los "Cuentos del Domingo". Gracias por seguir ahí.


Nikki. SexyMaiko.

domingo, 8 de febrero de 2009

Encuentro

Suena el interfono a la hora señalada y abro sin preguntar. Vuelvo corriendo a mi sitio. Oigo el sonido del ascensor. Él llega al rellano, donde le reciben cuatro puertas cerradas. Levanta el felpudo semicircular con una flor naranja y, tal como habíamos acordado, allí le aguarda mi llave y una nota: "Te espero en la habitación del fondo del pasillo, con los ojos vendados..."

Espero nerviosa sobre la cama, vestida sólo con un conjunto de lencería negra, medias y zapatos de tacón. Le oigo entrar en el piso, caminar por el pasillo, noto su presencia en la habitación, escucho la puerta al cerrarse tras él.

Es nuestro primer encuentro. Desde que nos conocimos en una página de contactos para adultos no nos hemos visto más que en foto y por la webcam en el messenger. Pero sus ojos verdes me hechizaron, esa mirada electrizante. Y sus fantasías tan similares, tan complementarias a las mías, que me tenían soñando con volver a escribirnos cada noche.

Muchas veces me había masturbado pensando en él y él me había confesado que también lo hacía pensando en mi. Así que en nuestra primera vez juntos habíamos acordado este pequeño juego, con un punto peligroso que me está volviendo loca, una mezcla de terror y sensualidad que me corta el aliento. Confío en él... ¿Hago bien? ¿Debería desconfiar? ¿Y si me hace algo...?
Noto sus manos, grandes y calientes, recorrerme, despertar mis sentidos, descubriendo mis formas... Me besa, siento el deseo poseerme en oleadas ardientes, ya no siento ningún miedo, mi boca se abre buscando la suya, ansiosa por tenerle. Él me esquiva, juguetea conmigo, provocándome... Oigo el sonido de su ropa al caer junto a mi cama mientras se desnuda.

No me deja tocarlo mientras me va desnudando, separando mis piernas, indagando con sus dedos en mis recovecos más íntimos, que le esperan húmedos y calientes, palpitantes, reaccionando al contacto... Los gemidos se me escapan entre los labios, que muerdo, en un vano intento de acallarlos.

Se estira lentamente sobre mi, lamiéndome, besándome, acaricio su espalda y me sorprende lo amplia que es, un cuerpo como yo lo había soñado. Oigo su voz, apenas un ronco susurro, en mi oído y no puedo evitar temblar de deseo. Baja y baja, hasta acabar con su boca en mi coño hambriento. Me aferro a su pelo, moviéndome sobre su lengua, guiando su ritmo hasta perder el control, mis ojos cerrados bajo la venda, todos mis sentidos alerta, sus maravillosos dedos muy dentro de mi, sintiendo mis sacudidas de placer.

Le pido más y él me lo da. Me quita la venda de los ojos, me encuentro con su sonrisa cálida y esos ojos de ciencia ficción. Me gusta muchísimo. Es un hombre muy hermoso, moreno, grande...

Me toma del pelo, me hace incorporar, mi boca pide su sexo, me lo trago vorazmente, deseosa de regalarle un placer tan intenso como él me ha dado. Sé con certeza que mi lengua no le va a decepcionar, se que soy muy buena. Pronto me pide que pare, que quiere follarme...

A cuatro patas le ofrezco una buena visión de mi trasero, abriéndome para él, que me embiste con fiereza, clavándome en el edredón, mientras yo remato la faena sobre mi clítoris, escondiendo la cara en la cama, ahogando mis propios gritos, él continúa con fuerza sin darme tregua, lanzando los improperios que tanto me excitan, hasta sentir que un orgasmo me invade de nuevo.

Me pide que se la chupe otra vez, que quiere acabar en mi boca y yo cumplo sus deseos hasta que se derrama sobre mi, sobre mis labios empapados que él busca con los suyos para compartir su esencia entre los dos, jugando con su semen en un beso infinito...

Pasamos un rato en la cama, charlando, abrazados, pero el tiempo está en nuestra contra y él ha de marchar, pues vive lejos. Mientras se vuelve a vestir con su tejano oscuro y roto en puntos estratégicos, una camiseta de rayas anchas muy ceñida y un abrigo de estilo marinero, vuelvo a desearle intensamente, me abrazo a él completamente desnuda, sintiéndome muy pequeña (él mide metro noventa o más, yo sólo metro sesenta...) y me dejo acariciar de nuevo por sus enormes manos, pero no puede ser, no puede quedarse.

Me promete que volveremos a vernos pronto, que aún hemos de realizar muchas de nuestras fantasías juntos. Y yo se que moveré cielo y tierra por que así sea.

Para Alberto. Te deseo mucho, mi peke.

domingo, 4 de enero de 2009

Cinco (Los amigos de Peter)

Yo espero en el baño, ultimando detalles, mientras los oigo ir llegando. Peter les abre la puerta y los hace pasar al salón/cocina/dormitorio, pues todo está en el mismo ambiente en este pequeño apartamento alquilado. Escucho sus risas, les oigo abrir la nevera, servirse algo de beber mientras aguardan mi salida. Sé que estarán hablando de mí, mi amigo estará poniéndoles en antecedentes de lo que me gusta y de lo que estoy dispuesta a hacer. Mi nerviosa imagen en el espejo se pinta los labios de un rojo intenso. Estoy preparada.

Peter se asoma y me pregunta si estoy lista. Me ayuda a colocarme la venda que tapa mis ojos y engancha la cadena al collar de mi cuello. Sujetando mi mano extendida me guia para caminar. La situación me parece divertida. Pongo mucha atención al resto de mis sentidos para evitar tropezar, sintiéndome muy sexy, expuesta, deseada.

"Os presento a mi esclava Maureen. Será muy complaciente con vosotros", les dice y escucho un murmullo generalizado de aprobación. En mi mente les imagino contemplándome con interés, melena suelta, los ojos cubiertos por la venda negra que me impide verlos, la boca roja tentadora y semi abierta, el collar de perro y la cadena que tira de mí, vestida con un corsé negro con liguero, de blonda, que se transparenta dejando ver mi piel bajo la tela, con el sujetador y el tanga a juego, medias de rejilla, zapatos con tacón de aguja, y unas muñequeras de cuero con enganches en muñecas y tobillos por si desean inmovilizarme. Estoy a su servicio, para su placer.

Me rodean, me besan, se van presentando, no distingo cuantos son, me acarician, buscando mis curvas, siento su dureza bajo los pantalones, más de uno se encarga de hacerme palpar su forma sobre la ropa. Mmm... no me puedo quejar, están bien dotados. Estoy un poco desorientada, pero caliente.

Me piden que me ponga de rodillas. Ya han comenzado a desnudarse. Empiezo a chupar las pollas que van llegando, "ahora esta", "ahora tú", se turnan, acaricio sus piernas, su culo, voy reconociendo sus cuerpos, sus sabores, siento dedos curiosos que buscan mi humedad entre las piernas y se ríen al descubrir que estoy empapada. Me han quitado la cadena, mi sujetador ha volado y manos desconocidas sopesan mis pechos, pellizcan mis pezones. Estoy temblando de deseo.

Tengo una idea bastante clara de quien es quien, aunque no los conozca.

Se la estoy comiendo a Mark mientras él se sujeta a mi pelo y empuja dentro de mi boca. Tiene un cuerpo fuerte, masculino, de pelo en pecho, una buena polla. He oído comentar que es el más experimentado en gang bangs, supongo que es el que ha tomado la iniciativa y va ordenando a los demás.

Peter está haciendo fotos, escucho el ruido del flash de su cámara y sus comentarios. Es mi amigo de confianza, el que vigila que no corra peligro. Conozco bien sus formas de deportista, su descomunal tranca ligeramente girada hacia la izquierda, la forma en que me trata cuando follamos, con rudeza, con fuerza, sus palabras. Pero creo que hoy esta disfrutando más de verme entregada a sus amigos.

“Ven, estírate”. Me levantan entre varios y me siento transportada hasta la cama. Antes de que llegaran la he cubierto con una sábana con estampado de piel de leopardo en blanco y negro. Las fotos van a quedar muy bien. Me tumban boca arriba, me quitan el tanga y los zapatos. Manos por doquier, manos que recorren, masajean, exploran, me abren las piernas, el sexo... El comentario general es que les encantan mis tetas y que quieren que me porte como una buena zorra. Estoy segura de que no les voy a decepcionar.

Dos chicos se sitúan a cada lado de mi cabeza. Los masturbo, voy alternando sus pollas en mi boca. El de la izquierda es Omar, un chiquillo de ventipocos, delgadito pero fibrado. Es su primera vez, está nervioso, no acaba de empalmar, lo entiendo, se debe sentir un poco cohibido, compartiéndome con tantos. El de la derecha es Danny. Ha sido el último en unirse al grupo pero el primero en lanzarse a todo. No se había duchado antes de venir, lo he notado en el sabor de su polla, lo huelo en el aroma sudado de su piel, pero no me importa, me excita su forma de dominarme, de acapararme, de exigir más de mí.

Alguien se coloca entre mis piernas y su lengua arranca mis gemidos. Con una caricia a su rostro sé quien es. Su nombre es Luigi y es el más gordito, el menos dotado, pero le pone muchas ganas, siento que está disfrutando mucho de mí, cubriéndome de saliva, follandome con dedos juguetones.

Cinco. Cinco hombres para mi sola.

Oigo que se están poniendo gomas, me van a follar ya. El primero es Omar, como es su primer gang bang le ceden el honor. No le cuesta entrar, estoy muy mojada y abierta. Pero pronto le pasa el testigo al siguiente. No tengo dudas de que es Peter. Conozco su manera de moverse y tocarme. “Sigue tú” le dice a alguien. Creo que es Mark. Siento sus embestidas furiosas mientras Luigi me masturba. Danny se ha colocado sobre mi cara y me ahoga con su pollón hasta el fondo de mi garganta, haciéndome tragar más y más, hasta hacerme toser. Yo me agarro a su culo perfecto, acaricio el final de su espalda, tiene un cuerpazo impresionante. No resisto más, necesito mirar. Me arranco la venda y por fin los puedo ver. Peter me riñe, soy una esclava poco sumisa, me dice, pero se está riendo. ¡Uff! Están tan buenos como me parecía. Omar es guapísimo, con su aire inocente, masturbándose mientras nos mira y Danny tiene cara de vicioso, justo como esperaba. Mark es el más mayor pero se mantiene en forma, es muy varonil. Luigi tiene una cara simpática, muy dulce. Peter me ha juntado a un buen equipo.

Sigo trabajándomelos. Lamo los huevos de Danny, él frota su culo en mi lengua mientras se folla mis tetas, observando a Mark dándome caña y a Luigui tocándome. Le clavo las uñas, lo aparto de mí y me corro entre gemidos, con alborozo general, pero quiero más. Me hacen poner a cuatro patas y Danny se desliza bajo mi cuerpo. Nos besamos apasionadamente. Es mi pequeña venganza por no lavarse, mi lengua con sabor a su culo y a cinco pollas en su boca, pero no sé si lo piensa o le da igual, porque está encantado. Se pone preservativo y me la clava hasta el fondo. ¡Dios!¡Que bueno es! “Eres un cabrón” le susurro y él se ríe. Mark juega con mi culo, presionando cada vez más, hasta que va entrando poco a poco. Sentirme tan llena, tan bien follada, me hace gritar de gusto. Luigi y Omar se ponen a la cabecera de la cama y me hacen seguir mamandoselas y pajeándoles. Peter sigue inmortalizándonos con su cámara, con la polla dura, listo para entrar en acción en cualquier momento. Luego se van turnando, cambiando posiciones, hasta que Mark vuelve a estar dentro de mi.

Me insulta, me pregunta si me cabrían dos por el coño y, con una mirada retadora, le desafío a intentarlo, le pido que lo haga. En cambio, lo que hace es arrancarse el preservativo y correrse sobre mis nalgas. “Demasiado morbo, demasiado morbo...” suspira el experto, mientras se retira.

Cuatro. Sólo me quedan cuatro.

Me doy la vuelta. Me clavo la tranca de Danny por el culo dilatado y me muestro bien abierta. ¿Quién es el siguiente valiente? Peter se decide, deja la cámara y se sitúa entre mis piernas, mirándome a los ojos mientras me perfora. Siente la de Danny moviéndose dentro de mi culo, yo me sujeto para no dejarme caer sobre él y que pueda seguir empujándome, acariciando su cara con mi pelo, dejándole que me muerda en el cuello. “¡Que zorra eres, me encantas!” me susurra mi amigo Peter y al poco noto su leche caliente cubriendo mi vientre, manchando mi corsé.

Tres.

Danny se retira un momento y me vuelvo a estirar sobre la cama. Es el turno de Luigi. Mientras me folla, me masturbo para él, aprieto mis tetas, le gusta mirarme, me acaricia con suavidad, casi con dulzura. Vuelvo a correrme con su polla dentro de mí, empujando su culo con mis talones, inmovilizándolo para que sienta las contracciones de mi coño. Sale de mí, se quita la goma, se sitúa sobre mi cuerpo y riega de esperma mis pechos, mientras acaba de meneársela.

Ya sólo quedan dos. Los dos tremendos.

Danny vuelve y me hace poner a cuatro patas de nuevo. Me la clava por detrás sin contemplaciones, sujetando con firmeza mis caderas, sus dedos me hacen daño. Me tira del pelo y me incita con sus palabras. Va alternando agujeros, aprovechándose de que me tiene toda abierta, chorreante, excitada. A la vez, se la chupo a Omar con ganas, ha empezado a animarse, a soltarse. Ya no hay tantos y se siente más cómodo. Lo provoco con miradas, le explico lo que Danny me está haciendo y veo que reacciona muy bien. Danny me hace tener otro orgasmo, destrozando mi culo y a Omar le encanta, se deja ir en mi boca y yo le enseño que no he dejado ni una gota dentro de ella.
Solamente uno.

Danny es un máquina, pero ha llegado al límite. Ver a Omar correrse le ha puesto muy cachondo y, quitándose el preservativo, viene hacia mi boca. Se lo ha ganado. Eyacula, pero apenas sale nada. ¡Que cabronazo! Cuando estaba debajo de mí ha debido correrse, por eso se fue, pero ha vuelto y a seguido. ¡Uff! Me vuelve loca.

Es una lástima que se nos acabe el tiempo de alquiler del apartamento. Yo hubiera seguido... Nos duchamos, vestimos, recogemos la habitación, nos despedimos, diciendo que volveremos a quedar otro día. Espero que si, me han gustado, me ha gustado la experiencia.

Eran cinco contra una. Pero creo que, al final, he ganado yo....
Para mi buen amigo el "Pícaro Pedro" por su buen gusto y para mi camarero favorito, Daniel, que bueno eres, chico...

domingo, 23 de noviembre de 2008

Préstamo

Al llegar a casa, Victoria me estaba esperando en el balcón que conecta el piso superior a la entrada mediante una impresionante escalera de mármol blanco. Pero ni de lejos tan impresionante como ella. Llevaba un vestido de fiesta negro largo, con escote “palabra de honor”, sus delicados hombros al descubierto, el cabello recogido y maquillada para la ocasión. Bajaba por la escalera como una diva de cine, casi etérea, sujetando en una mano con delicadeza un pliegue de su atuendo, descubriendo sus bellos pies calzados con sandalias de strass, con la otra, acariciando levemente el pasamanos de caoba. La contemplé extasiado, deseando ser esa madera apenas rozada por sus dedos. Me besó dulcemente al llegar ante mí. Me vi rodeado de su embriagador perfume, sabiendo que jamás había amado a nadie como la amaba a ella.

- ¿Vamos a salir esta noche? -pregunté, sorprendido.
- No. Esperamos visita para cenar. No te demores en ducharte y arreglarte, no creo que tarde mucho en llegar.

Multitud de preguntas acudían a mi mente, pero no osé verbalizarlas. Mi Reina me había preparado algo especial, lo que ella ordenase estaría bien para este esclavo suyo, deseoso de complacerla.

Cuando entré en el salón-comedor, ya listo, vi que la gran mesa rectangular estaba preparada para tres: juntos los platos, cubiertos y servilletas en uno de sus extremos y el resto de ella despejada para recibir las bandejas con las viandas. Por tanto, sólo esperábamos a una persona invitada, no a alguna de las parejas con las que manteníamos amistad. ¿Quién podría ser? Cada vez estaba más intrigado.

Pero no tuve que esperar mucho. Al cabo de un momento, sonó el timbre de la puerta. Me acerqué a curiosear quién entraba, justo a tiempo de ver a mi Señora recibir a un caballero elegantemente vestido, maduro, de penetrantes ojos verdes y cabello oscuro ligeramente encanecido, muy atractivo, con un toque latino y maneras exquisitas. Besó su mano mientras la contemplaba con avidez y luego fuimos debidamente presentados. Su nombre era Roberto, un escritor de novelas de misterio, de origen sudamericano, de paso por nuestra ciudad. Victoria y él se habían conocido en un evento organizado por su editorial para la presentación de uno de sus libros en una popular librería del centro y enseguida habían trabado amistad. Habían quedado para tomar un café tras la presentación y, conociéndola, la conversación se habría ido tornando más íntima y sugerente, más explícitamente sexual. Algo de lo que hablaron le había hecho aceptar la invitación para nuestra cena...

Victoria ocupó la cabecera de la mesa como anfitriona y nosotros los sitios a cada lado. Tomamos un aperitivo y pasamos luego a los platos principales. La cena no fue ostentosa, más bien ligera pero deliciosa en su totalidad. Hablamos de diversos temas de poca importancia de forma animada. Tras el café, el servicio desmontó la mesa y les dimos permiso para retirarse hasta el día siguiente, quedándonos los tres solos en la casa.

Tan pronto como oímos su coche marchar, y tras cerrar convenientemente todas las entradas para no ser molestados, Roberto se disculpó y nos dejó unos momentos a solas. Victoria se encaminó hacia mí con paso decidido, su semblante serio, majestuoso en su belleza. Me acarició la mejilla con cariño y me ordenó en un susurro pero imperativamente que me desnudara. En absoluto podía imaginar lo que podría estar pasando por su perversa y deliciosa cabecita, pero confiaba totalmente en ella. Sus deseos serían obedecidos.

Turbado y excitado, me despojé de mi ropa por completo, sin prisas, dejándola bien colocada sobre una de las sillas, esperando la siguiente decisión de mi Ama, que mantenía un cajón de la cómoda abierto, extrayendo cosas que, previsoramente, había dejado allí. Trayendo tres largas cuerdas blancas de algodón, me guió hasta la mesa en la que acabábamos de cenar, apartó las sillas contra la pared y, acariciando mis hombros y mi espalda, me indicó que me inclinara sobre ella. Me hizo separar las piernas y procedió a atarlas a cada una de las gruesas patas de madera maciza. Sus movimientos estudiados, su control, hacían de ella la Diosa a la que adoro, me sentía estremecer con el contacto de sus manos sobre mi piel, mientras comprobaba que sus nudos fueran fuertes y me sujetaran firmemente, evitando una posible escapatoria por mi parte. La tercera cuerda enlazó mis muñecas juntas y fue atada a las patas del otro lado, dejándome estirado de medio cuerpo sobre la mesa, inmovilizado. Victoria volvió al cajón de la cómoda y extrajo una tela blanca y liviana con la que me cubrió por completo. El tiempo pareció detenerse ahí debajo, sin saber lo que pasaba a mí alrededor, esperando totalmente quieto.

Oí a Roberto volviendo a entrar en el salón y la voz de mi Ama diciéndole que ya estaba listo. Sentía los latidos de mi corazón golpeando con fuerza, mi respiración agitada, nervioso y, por qué no decirlo, un poco asustado. Él levantó brevemente la tela para contemplar mi cuerpo expuesto, valorando el “material” y le escuché dar su aprobación. Luego, los susurros de sus ropas al desnudarse, el claro sonido de una cremallera, unas risas... Les imaginé besándose, acariciándose... ¿Qué estaba pasando? Notaba mi cara enrojecida, estaba acalorado, quería mirar, quería participar...

Ella retiró entonces la tela y, ocultando con una mezcla de vergüenza y excitación mi rostro entre los brazos, pude notar el frío del lubricante con el que untó mi ano, suavemente, penetrándome con sus dedos, primero uno, con delicadeza, luego dos, preparándome mientras me hablaba con voz calmada, contándome que era su voluntad entregarme esa noche a su nuevo amigo, que yo iba a ser prestado para su disfrute y que debía ser complaciente con ambos. Roberto se nos había acercado a comprobar la operación y recorría mi espalda con una de sus fuertes manos mientras con la otra se masturbaba, poniéndosela dura, tomando posiciones.

Mi Señora se colocó en la zona opuesta de la mesa, inclinándose sobre mis brazos extendidos, podía sentir en ellos el roce de sus pechos. Tomó mi cara entre sus manos, levantándola y clavando su mirada en la mía, observando atentamente mis reacciones mientras Roberto abría mi culo con sus pulgares y introducía sin más contemplaciones su miembro de buen tamaño dentro de mí. Cerré los ojos, apretándolos con fuerza, ahogué un gemido ante el ardiente dolor que me traspasaba, a pesar de la preparación, mordiéndome los labios para no gritar y, al volver a abrirlos, con lágrimas asomando, me encontré con el dulce rostro de mi Dueña, que no se había apartado y seguía sosteniéndome. Podía leer en sus ojos de miel las cambiantes emociones que pasaban por su mente: un punto de preocupación, orgullo, decisión y mucho, mucho deseo y amor por mí. Eso me dio fuerzas para comportarme como su más devoto sirviente. Me besó apasionadamente, comprendiendo mi aceptación, con evidente placer.

Se apartó unos pasos y empezó a tocarse ante mí, provocándome con la visión de su cuerpo perfecto. Volvió a subirse felinamente a la mesa, apoyando su glorioso trasero sobre mis antebrazos, abriendo sus piernas ante mi cara y acercando su coño mojado a mi boca, obligándome a satisfacerla mientras ella contemplaba cómo era sodomizado por su amigo, sintiendo oleadas de placer recorrerme, mi mente traspasando los límites a cada embestida, las piernas doloridas y temblorosas por la posición y las ataduras, sufriendo el golpeteo de mi cuerpo contra el duro sustento, lamiéndola sin parar, casi sin poder respirar, empapándome la cara entera de sus fluidos, oyéndola gemir de gusto, aferrada a mi pelo, los tacones de sus sandalias arañando mi espalda... Las contracciones de su coño, la forma en que se arqueó hacia atrás, pegada a mi boca, me hicieron saber que se había corrido, premiándome entonces con nuevas caricias y palabras de afecto mientras abandonaba su lugar.

El ritmo de Roberto se incrementaba, cada vez los golpes eran más fuertes contra mi culo dilatado, me dejé llevar por el placer, la mejilla ardiente apoyada contra la mesa, los ojos cerrados. Aunque quisiera, desde mi posición no podía ver lo que hacía Victoria, así que la imaginé tras él, sobando su cuerpo sudoroso mientras observaba su polla follándome sin compasión, disfrutando, con carita de gusto. La oí darle permiso para que terminara dentro de mí. Los dedos de nuestro invitado se agarraron fuertemente a mis caderas, apretando su tranca muy profundamente mientras notaba el liquido caliente llenándome y escuchando sus gemidos roncos al correrse.

Mi Reina le acompañó al baño, dejándome allí atado, caliente y estremecido, con su semen chorreando por mis piernas y, al cabo de unos minutos eternos, la escuché despedirse de él y cerrar la puerta. Vino a por mí, llevando sólo una preciosa bata de satén negro y me desató con cuidado, amorosamente, su mirada y sus caricias muy tiernas mientras me limpiaba con la suave tela blanca. Nos besamos intensamente y nos quedamos abrazados largo rato bajo la mesa, sintiéndome muy bien por ver esa sonrisa maravillosa que ilumina su rostro cuando es feliz.

Para Jose Mª, mi Tigre... Te la debía desde hace mucho. Tu fantasía, con mis palabras, tal como una vez hablamos... Espero que te guste. Por cierto, te he robado la foto jajaja Un beso muy grande, mi niño.

domingo, 26 de octubre de 2008

Rodaje

Escena 1
Exterior Calafell, Día.

Es una atípica mañana de Octubre, muy soleada y calurosa. VICKY, una mujer de treinta y tantos, de pelo rojizo y ojos expresivos espera algo nerviosa, sentada en un banco frente a la estación del tren, con un vestido corto verde hierba, medias negras y botines. Lleva una mochila grande. Un chico musculoso, rubio y alto, ataviado con jersey verde oscuro y pantalones anchos del mismo color se acerca a ella. Es GIOVANNI.

GIOVANNI: ¿Eres la chica? (Su acento delata que es extranjero)
VICKY (con una sonrisa): Supongo que sí.
GIOVANNI: Anne y Markus nos esperan al otro lado de la calle...

Ella se levanta y le acompaña. Cruzan por un paso subterráneo juntos.

VICKY: Parece que nos hayamos puesto de acuerdo para vestir del mismo color...

GIOVANNI asiente con una amplia sonrisa que muestra sus dientes ligeramente separados, lo que le da un aspecto muy simpático. Tiene unos bíceps enormes y un pecho impresionante. Parece bastante joven y un poco tímido, algo curioso para un actor porno.

Ya en el otro lado, ven venir a ANNE y MARKUS, los realizadores del proyecto. Ella es una pelirroja natural, pecosa y pequeñita, muy alegre y pizpireta y él un tipo fornido, de cabello castaño que lleva peinado hacia atrás. Trae una maleta grande. Los dos llevan gafas de sol. La juerga de la noche anterior se nota en su aspecto algo cansado.

ANNE: ¡Qué puntuales!¡Que bien! Cuanto antes empecemos, antes estaremos libres...

Los cuatro se dirigen al apartamento de la playa paseando y conversando. Hacen un par de paradas: ANNE entra en un bazar para conseguir un delantal de plástico, que tiene dibujos de conejitos y luego en un súper para comprar unos bombones y algunos vegetales. Saludan a diferentes vecinos del pueblo, todos saben quienes son y a lo que se dedican y no parece importarles. Por el camino, ANNE le va explicando a VICKY en que consistirá la escena que van a grabar, dándole indicaciones.

Escena 2
Interior Apartamento, Día

Nos encontramos en la cocina del apartamento de la playa. La decoración es sencilla, casi todo es blanco y azul. VICKY se ha cambiado, lleva un conjunto de lencería rojo y negro, medias y zapatos de tacón muy altos y el delantal de conejitos. Ha resaltado su maquillaje. Mientras la cámara la enfoca, habla con ella y lava un pepino y un par de pimientos verdes, explicando que ha invitado a comer a su chico y que la higiene de los alimentos es muy importante. Sus manos se vuelven libidinosas sobre la forma del pepino, recorriéndolo arriba y abajo con suavidad bajo el chorro de agua fría.

VICKY (a la cámara, con una sonrisa pícara): Me está entrando hambre...

MARKUS la graba saliendo del encuadre y luego, retoma la secuencia con ella sentada en un sillón de mimbre blanco.

Deja los pimientos y el pepino sobre una mesita de cristal y se quita el delantal, enseñando bien la lencería sexy. Mientras VICKY se acaricia con los pimientos, muy sensualmente, tiene un atisbo del fondo de la habitación. ANNE espera entre toma y toma para hacerle fotos y GIOVANNI la observa con curiosidad. Se concentra en él, en seducirle con su actuación, en excitarle. Estimula sus pezones con la punta de los pimientos mojados. Luego cambia de vegetal, se acaricia con el pepino, lo frota entre sus pechos, lo lame, intenta introducírselo, apartando levemente sus braguitas de encaje, pero aún no está preparada, por lo que sigue jugando a masturbarse con él, frotándose el clítoris con su forma rugosa.

VICKY (mirando su reloj): Oh! ¡Vaya! ¡Que tarde se me ha hecho! Voy a cambiarme antes de que llegue mi chico...

Escena 3
Interior Apartamento, Día

VICKY está sentada en un sofá azul oscuro. Lleva un corsé negro que resalta su piel tan blanca, marcando su cintura estrecha y sus grandes pechos. También una gargantilla de cuentas negras. Se está masturbando con un consolador de color violeta. Se oye un portazo a lo lejos.

VICKY (mirando hacia fuera del encuadre): ¡Hola cielo! (dándose cuenta de lo que tiene en la mano, esconde su consolador bajo los cojines del sofá) ¡Estoy aquí!

GIOVANNI entra en escena. Lleva una camiseta de tirantes verde que muestra su fuerte anatomía y los mismos pantalones anchos. Se dan un beso. Comienza a acariciarla provocativamente, ella responde palpando el impresionante bulto de su verga bien dura, él comienza a empujarla para que se tumbe en el sofá y, en un descuido voluntario, ella deja a la vista el consolador.

GIOVANNI: ¿Qué es esto, cariño? ¿Qué has estado haciendo?
VICKY: He estado jugando un rato sola... ¡Tenía muchas ganas de que llegaras! Me apetecía mucho algo... verde (con un guiño a la cámara, acariciando su camiseta)

GIOVANNI la masturba con el consolador. VICKY se deja llevar, se olvida de que la están grabando, se concentra sólo en disfrutar de la pericia de su experimentado compañero. Se siente excitada, no puede evitar ponerse a gemir. Quiere complacerle, disfrutar ya de su tranca, así que se la saca y empieza a chuparsela con maestría. Se mueven despacio para que la cámara capte bien sus cambios. Él se sienta en el sofá, ya sin pantalones, y MARKUS les da indicaciones de cómo han de hacer para quitarle la camiseta al chico y que quede bien en la película, así que siguen sus instrucciones y ella acaricia sus marcados abdominales, ardiendo en deseos de que la posea ya.

Escena 4
Interior Apartamento, Día

VICKY está de rodillas sobre el sofá. Se desabrocha lentamente el corsé y se lo quita. Se estira y GIOVANNI recorre su piel con un bombón, lamiendo los rastros de chocolate fundido que van quedando marcados, haciéndoselo comer de sus dedos cuando ya está casi completamente derretido. Le quita las bragas. ANNE le sugiere que aprovechen que los pechos de VICKY son grandes para grabar una buena “cubana” y lo hacen así durante unos largos minutos, GIOVANNI empuja su pollón entre sus tetas hasta metersela de nuevo en la boca, ella juega a hacerle cosquillas en la punta con su lengua.

ANNE: ¡Perfecto! Ahora rodaremos la penetración. ¿Dónde están los condones?
VICKY (recordando algo con sorpresa): ¿Sabes? ¡Llevo un condón con sabor a chocolate en mi bolso!
ANNE: ¿En serio? ¡Tráelo, tráelo!¡Puede quedar muy divertido! Tú puedes hacer como que lo has comprado para la ocasión...

VICKY va a buscarlo y GIOVANNI se lo pone. Ahora tiene la gran polla de color marrón y ANNE, MARKUS y VICKY hacen bromas al respecto, que él ríe. VICKY se la chupa un poco más, pero realmente no hace falta, sigue como una piedra. Se pone a cuatro patas en el sofá y él la penetra por primera vez. Ella chilla. Es más grande de lo que esperaba, le duele un poco, pero pronto se acostumbra y comienza a disfrutarlo. Es bueno, muy bueno. GIOVANNI le pega cachetadas en las nalgas, tal como habían acordado. VICKY recuerda que, un rato antes, se encontraron en el pasillo del apartamento, al salir del cuarto de baño compartido.

VICKY: Oye, a mí me encanta el sexo "durillo", así que si te apetece darme palmadas en el culo, o tirarme del pelo, o decirme algo, adelante, no te cortes.
GIOVANNI (asintiendo, sonriente): Sexo duro, sexo duro... Ok, lo recordaré.

ANNE les indica que cambiarán de posición, ahora harán “el cowboy”: él sentado en el sofá, ella sentada sobre él, cara a cara y les recuerda que el movimiento de entrada y salida del pene ha de hacerse lentamente, con todo el recorrido, para que quede bien grabado. VICKY se sienta sobre él, muy abierta y se mueve con naturalidad. Toma la cara de GIOVANNI entre sus manos, le besa y se deja hipnotizar por los preciosos ojos verdes y dorados de su compañero, sintiéndose como si sólo estuvieran ellos dos allí sentados, nadie más mirando, echando un polvo en su apartamento de la playa.

Cinco minutos después, ANNE les avisa de otra postura, “la cowgirl”, él sigue sentado, ella sobre él pero mirando hacia afuera, ligeramente caída hacia un costado, aguantando su peso sobre una mano, para que así también la cámara pueda captar la cara de GIOVANNI, que sujeto a sus caderas, no deja de empujar una y otra vez.

GIOVANNI: ¡Me encantan tus curvas!... ¿Te gusta, cariño?
VICKY: ¡Siiiii!¡Sigue, sigue, no pares...!

MARKUS se planta delante de ella, grabando. VICKY puede contemplar en la pantalla de la videocámara el primer plano de la enorme polla marrón entrando en su coño empapado y eso la pone mucho más cachonda. Entre la postura y el terrible calor que hay en la habitación (han tenido que cerrar la balconera porque se oía el ruido de los niños jugando en la playa), en otros cinco minutos, VICKY y GIOVANNI han de tomarse un respiro para recuperar fuerzas y limpiarse el sudor que resbala por sus cuerpos.

Retoman la grabación con una nueva postura. Lo que empieza como un “misionero” clásico, termina con las piernas de VICKY sobre los fuertes hombros de GIOVANNI, en una penetración muy profunda. Esa es, sin duda, su posición favorita y VICKY se deja llevar, con los ojos cerrados, la cabeza colgando por el borde del sofá, su melena rojiza desparramada hasta el suelo. Siente llegar un orgasmo y se pregunta si debería controlarlo, pero es demasiado bueno para conseguirlo y, al correrse, puede ver la cámara de MARKUS grabando un primer plano de su cara, es muy posible que sin saber lo que está pasando realmente entre sus piernas.

ANNE y MARKUS calculan cuanto más necesitan para cubrir los treinta minutos que más o menos debería durar la escena en la película. Ya tienen grabado casi cuarenta y cinco minutos. Deciden que rodarán una posición más y luego la corrida del chico.

MARKUS: Ahora una de lado... ¡que no es pecado! jajaja

VICKY se siente muy bien, aunque esta posición le resulta incómoda: GIOVANNI ocupa todo el espacio tras ella en el sofá y la empuja con sus movimientos hacia afuera, por lo que ha de mantener el equilibrio con una mano en el suelo y la pierna levantada.

ANNE: Eres muy elástica y expresiva, esto va a quedar muy bien. Bueno, ahora ¡la corrida!

GIOVANNI se quita el preservativo con un chasquido. ANNE pregunta con curiosidad si realmente sabía a chocolate y la respuesta de VICKY le parece tan divertida que la incluyen en el diálogo.

GIOVANNI: Dime, cariño, ¿el condón sabía a chocolate?
VICKY: Sí, a chocolate sin leche (y, mirando a cámara con una sonrisa pícara), la leche la pones tú...

GIOVANNI se masturba con precisión y enseguida llena la boca de VICKY con su abundante semen, que gotea sobre sus pechos y ella comprueba, sorprendida, que es el mejor que ha probado nunca, tiene un sabor exquisito que no la disgusta en absoluto.

Escena 5
Interior Apartamento, Día

VICKY y GIOVANNI se han vuelto a poner la ropa de calle y, tras firmar papeles para ANNE y MARKUS y cobrar sus estipendios, se despiden de ellos hasta una próxima ocasión y salen juntos a la calle para ir a tomar el tren de vuelta a la capital.

Escena 6
Exterior Calafell, Día

VICKY y GIOVANNI caminan en dirección a la estación. VICKY se da cuenta de que él se le acerca mucho y acaba rozando, casi sin querer, el bulto que vuelve a asomar en sus pantalones. De nuevo la tiene durísima.

GIOVANNI: Es que me has puesto muy cachondo
VICKY: ¿Sí?
GIOVANNI: Sí...

Pasean hablando de sus experiencias personales en la vida y, sobre todo, en el sexo, se dan los teléfonos, las direcciones de mail. Mientras esperan a que sea la hora, se meten mano abiertamente, sentados en el banco del andén y deciden que, en cuanto llegue el tren, se encerrarán en los lavabos a echar un polvo sin restricciones.

Escena 7
Interior Lavabo del tren, Día

Dentro del pequeño cubículo, dejan sus mochilas y parte de su ropa donde les es posible y VICKY se la come con deleite mientras permanece en cuclillas. Ahora puede realmente mostrarse como es, seduciéndole con su mirada y con sus palabras, sintiendo que su entrepierna está muy mojada. GIOVANNI disfruta de la mamada, pero lo que quiere realmente es clavársela sin demora, así que la hace levantarse y, tras colocarse otro preservativo, la pone de cara a la pared y se la mete con fuerza. El pasar de las sombras en el exterior, a través de la ventana mate, y el movimiento, les indica que ya están en marcha. Es excitante. VICKY nunca había hecho algo parecido, pero le gusta. Puede ver su cara en el espejo, transformada por el placer, y la de él, que ahora no tiene que controlarse para hacerlo durar y se nota que está disfrutando.

VICKY: ¡Así, cabrón! ¡Dame fuerte! ¡Castígame! Ahhh!! ¡Qué rica! ¡Me encanta!

VICKY se sienta sobre el minúsculo lavamanos metálico, con las piernas muy separadas, un pie apoyado en la pared contraria, GIOVANNI se abraza a su cintura, follándola sin compasión. La maneta de la puerta se mueve, alguien está intentando entrar. VICKY no reprime sus gemidos, es bastante probable que fuera se esté oyendo todo. La excitación del momento, el calentón, hace que se corra muy rápido y, al cabo de un momento, GIOVANNI también lo hace.

Se vuelven a vestir con prisa y, al salir, disimulando, se encuentran con una familia hindú al completo. Un NIÑO y una NIÑA pequeños los observan sin entender lo que pasa, pero el PADRE los fulmina con la mirada. VICKY y GIOVANNI se van hasta el fondo del vagón, riendo.

Escena 8
Interior Vagón, Día

Siguen haciendo manitas en sus asientos, haciendo planes para volver a encontrarse, hasta la parada en la que debe bajar GIOVANNI, que se pone en pie, arreglándose el pantalón, que vuelve a tener un bulto evidente.

GIOVANNI: ¿Se me nota mucho? ¡Me has vuelto a poner como una moto! ¡Eres una pasada de mujer! jajaja Nos volveremos a ver pronto...

Se dicen adiós por la ventanilla y, una vez sola, VICKY se maravilla de la experiencia que acaba de vivir. No termina de creerse todo lo que le ha sucedido esa mañana. Ha sido más divertido de lo que esperaba el participar en el rodaje de una pelicula porno.

Dedicado a Dalila Ray, por llenarme la cabeza de pájaros, a Jeremie por su paciencia y simpatía y, sobre todo, a A&M, por su naturalidad y buen hacer. Besitos, fieras!!