domingo, 24 de febrero de 2008

Tentación

El pasillo es estrecho y oscuro, voy caminando lentamente hacia la puerta abierta y llena de luz que se distingue al final, mis manos acariciando las rugosas paredes a medida que avanzo, el camisón blanco de tirantes que llevo ondea tras de mí, voy arrastrando un poco los pies descalzos por temor a tropezar. Siento que algo me hace cosquillas entre los dedos y me agacho a recogerlo. En la penumbra no acierto a distinguir sus formas pero me llega el inconfundible aroma de los pétalos de rosa, el suelo está sembrado de ellos, pequeñas manchas negras que me rodean.

Al entrar en la habitación, agradablemente caldeada, la visión es impresionante, una amplia estancia con suelo de madera muy pulido con cientos de velas encendidas por doquier, saludando con sus temblorosos movimientos mi llegada. Los pétalos de miles de rosas rojas están esparcidos por todas partes, inundando con su esencia y colorido la habitación. Una música que reconozco suena tenuemente. Es “Golgotha tenement blues” de los Machines of Loving Grace.

En el centro de la sala, una enorme bañera blanca de metal esmaltado con patas que semejan las garras de un león en bronce oscuro, clavando sus temibles uñas en el suelo. Dentro de ella, un hombre de pelo oscuro y corto, que sólo me muestra su nuca y parte de la espalda, los brazos apoyados lánguidamente sobre los bordes de la bañera. Es hermoso en su quietud.

No hace ningún gesto, no se gira para mirarme. Avanzo despacio, sorteando las velas, me aproximo a los pies de la bañera, sin dejar de observarlo. Sus manos son bellísimas, delicadas pero fuertes, los brazos de músculos exquisitamente modelados, un torso increíble, su rostro impávido, sereno, de rasgos clásicos y boca jugosa, los ojos de espesas pestañas ligeramente entornados, como si observara ensimismado la superficie del agua en la que reposa. En un segundo eterno levanta la vista y me mira. Me detengo allí, a sus pies, sujeta con fuerza al borde de la bañera con las dos manos, para no caer irremediablemente, cautivada como una cervatilla sorprendida por su cazador, sus ojos oscuros se clavan en los míos muy intensamente y me sonríe con una mezcla de dulzura y picardía.

“Te esperaba”, me dice. Su voz es profunda, cálida, me acaricia, me hace estremecer. Distingo claramente a través del agua transparente todo su cuerpo, cincelado con precisión, unas formas perfectas, la piel ligeramente bronceada, cubierta con intrincados tatuajes, el enorme miembro semierecto que descansa sobre su vientre. Siento la boca seca y el corazón acelerado. Me atrae poderosamente. Quiero acercarme, tocarlo, ser poseída por él.

Entro en el agua, está mucho más caliente de lo que esperaba, me introduzco muy poco a poco, toda temblorosa e impaciente, sentándome sobre sus tobillos, sin apartar la vista el uno del otro, me voy estirando sobre él, el camisón blanco se moja y se me pega al cuerpo, haciendo que mis desafiantes pezones casi traspasen la tela, me apoyo en su pecho, su brazo se mueve para rodearme, siento su mano grande y poderosa en el centro de mi espalda, estrechándome contra él. Escondo la cara en su hombro, mi lengua recorre despacito desde su clavícula todo su cuello, saboreando su piel, hasta morder ligeramente el lóbulo de su oreja y le susurro: “Siento que te conozco, que me conoces, ¿quién eres?”

La música me transporta, me dejo llevar entre suspiros. Su sensual boca está en mi oído, cierro los ojos totalmente atenta a sus palabras: “Soy el Ángel Caído, la Tentación, la Lujuria hecha carne. Claro que nos conocemos, pelirroja, eres mía desde siempre... ¿acaso lo dudabas?”. Mi cuerpo sobresale del agua y el aire que recorre mi espalda parece ahora frío por el contraste. El vello de mis brazos está erizado, pero la pizca de miedo que siento queda ahogado por el intensísimo deseo. Nuestras lenguas se unen en un beso ardiente, largo. Se gira abrazado a mí, me deja bajo el peso de su cuerpo, el agua caliente me cubre, siento sus manos buscar mi piel, recorrer mis curvas con parsimonia, levanta una de mis piernas y noto su enorme polla frotarse contra mi sexo sin penetrarlo, presionando mi clítoris palpitante, haciéndome gemir.

Al abrir los ojos me encuentro con su pícara sonrisa de nuevo. Se incorpora y me mira desde lo alto, con calma, me siento muy pequeña entre las piernas de este coloso goteante que sale elegantemente de la bañera. Contemplo extasiada el vapor que emana de su cuerpo desnudo.
Su mirada se llena de fiereza. Me agarra del pelo empapado, tirando de mí hacia afuera, obligándome a seguirle, y yo me arrastro a cuatro patas tras él, apartando todo lo que encuentro a mi paso a manotazos, chorreando el suelo con mis ropas que ahora pesan y se pegan incómodamente.
Subo tres escalones para llegar a una tarima donde nos espera una enorme cama cubierta con una piel de animal de color negro y un dosel de vaporosa seda. Me hace poner en pie ante él, toma mi camisón por el escote y de dos tirones, lo rompe de arriba a abajo y lo deja caer al suelo tras de mí. El sonido de la tela al rasgarse me ha dejado paralizada y noto sus manos sopesar mis tetas, recorrer la curva de mi cintura, empujarme levemente hacia atrás.

Mi respiración se acelera mientras me estiro sobre el suave pelaje, mi piel tan blanca destaca sobre el fondo oscuro. Se sienta sobre mi estomago, su impresionante verga reposa entre mis pechos, yo los oprimo con mis manos, atrapándola y masajeándola, él se mueve sobre mí, lamo su glande cada vez que sube hacia mi cara. Su espalda se ha arqueado, sus manos abren mis muslos y buscan la empapada entrada de mi coño, dos dedos se introducen profundamente y encuentran con facilidad mi punto g, atacándolo sin piedad. Nunca había sentido algo así. Casi al momento, un orgasmo diferente convulsiona mi ser, haciendo que transparentes fluidos broten de mi interior, dejando su mano mojada y brillante, como sus ojos, que se clavan en los míos mientras lame sus dedos lascivamente y luego me los da a probar. “¿A qué sabe?”, me pregunta. “ Es caliente, ligeramente salado...”. Su cabeza niega mientras se acerca peligrosamente a mi boca, recorriendo mis labios con la punta de su lengua y va bajando por mi garganta, entre mis tetas, por mi vientre, se pierde entre mis piernas, la siento recogiendo todo el liquido que mana de mi abierta vulva, cayendo por mis nalgas.“Dime a qué sabe”, insiste. “A bechamel” contesto entre risas y noto que él también ríe ahí abajo.

Pero pronto dejo de reír y empiezo a retorcerme y gemir, sujetando su cabeza, su lengua es muy experta y me hace perder el control. Ahora es alguna canción de Enigma lo que suena, "Push the limits", envolvente, sensual, que poco a poco se va tornando intensa. Él toma mis piernas y las eleva, se las coloca sobre los hombros y siento su verga entrando en mi, muy profundamente. Grito. Duele. Gusta. Intento apartarle un poco, pero me sujeta las muñecas a ambos lados del cuerpo para impedírmelo, inclinándose sobre mi rostro. Deja caer su saliva en mi boca, siento su dulce sabor, juego con ella en mi lengua. Me habla, pero no entiendo sus palabras, solo escucho su cadencia, su ritmo, mis gemidos que se convierten en llanto, en risa, solo acierto a decir "sí" una y otra vez.

Estira de mis piernas y me arrastra, me hace dar la vuelta, colocada en pompa en el borde de la cama. Me agarra de los cachetes y los separa, haciéndome un beso negro, chorreando de saliva mi ojete. Me penetra por el culo, cada vez más adentro, toda, siento sus huevos golpear mi coño dolorido. Me muerde en el hombro, en la base de la nuca. Estoy chillando como si me mataran, llorando, mis mejillas surcadas de las líneas negras de mi máscara de pestañas diluida en lágrimas. Me encanta.
Agarrandome de nuevo de la melena, me hace girar la cabeza, me besa, me mira a los ojos, escrutando mis sentimientos. Los mios le suplican piedad tan pronto como le desafian a destrozarme, a seguir sin fin... Va alternando caricias y palmetazos en mis nalgas, poniendolas bien rojas.

"¡Cabrón!¡Te odio!¡Te deseo tanto!" susurro entre dientes, al limite de mi resistencia. Clavo las uñas en el pelaje negro de la cama, deseando hacerlo en su espalda. Todo mi cuerpo se convulsiona, se sacude. Me corro como nunca...

Abro los ojos, cubierta de sudor, mi cuerpo dolorido. La luz de la mañana entra a raudales por la ventana de mi habitación, las cortinas blancas se mueven con una brisa suave. Me levanto, temblorosa, impresionada por el sueño. Me apoyo en la ventana y miro hacia la calle, recordando las escenas de mi sueño, tan real.
A mi espalda, un pétalo de rosa se desprende de mi pelo y cae lánguidamente a mis pies.
Para César, gracias por una de las noches más lujuriosas y divertidas de mi vida. Un beso!

10 comentarios:

Maldita inocencia dijo...

Joder! Estoy sin aliento, tanto por el texto mmmmm... como por el texto (digo yo que algún punto y aparte más vendría de puta madre) Beso

Nikki dijo...

Jajajaja Gracias wapi! Espero haberlo arreglado un poco después de tu visita.... aunque eso de dejarte sin aliento me gusta Mmm! jejeje Besitos!

tTiger dijo...

¡Madre mía! Algo se me ha levantado leyéndote... Muy bueno! Me gusta. Me alegra leerte, nunca mejor dicho jejeje

Besos,
tTiger

Nikki dijo...

Ups! jajaja Me alegro de alegrarte tTiger. Eres el primer tigre con pluma que conozco jajaja Gracias por tu tiempo, espero seguir proporcionandote alegrias y algo de calor.... Besitos!

tTiger dijo...

jajajajaja me suena que eso de "pluma" lo usas con doble sentido jajajajaja

Me alegro de haberte encontrado. Tengo que leerme más relatos tuyos. Estoy seguro de que me vas a proporcionar calor, mucho calor... de hecho, he comprado un extintor :P

Vas a tener que esperar poco a mi próximo mensaje. Publico cada mes, así que este finde lo tienes. Tus amiguitos tienen suerte, sin duda. Me dan envidia.

Cuídate y sé feliz.
Besos,
tTiger

Nikki dijo...

No! No! Para nada! Pluma para escribir! Además es el nombre de tu blog ;).... Que haces levantado tan tarde? jajaja Leyendo cosas cochinotas como yo? jajajaja Ese extintor déjatelo a mano, lo necesitarás... Ya te contaré cómo se me ha dado el imitar a tu bellísima heroína del Anochecer...Besos wapi!

tTiger dijo...

ah vale, pluma para escribir, ok :) jajajajajaja

El extintor está a mano. Lo llevo conmigo cada vez que te leo.

Es verdad que estoy leyendo guarreridas, y teniendo mini-conversaciones con gente encantadora como tú. E ideas te puedo proporcionar unas cuantas, por supuesto. Y son gratis, claro.

Sí, sí, me encantaría que me contaras. Oye, yo modero los comentarios, de modo que si quieres decirme algo que no quieres que se publique, ponlo en el mensaje y no lo publico en mi blog. Y si en algún momento te apetece dejarme tu msn o email, no hay problema. Eso obviamente no lo publico. No serías la primera persona que lo hace.

Cuídate y sé feliz.
Besos,
tTiger

Jorge Ampuero dijo...

Un texto candente y que humedece a cualquiera, una sutil tentación que todos hemos sentido alguna vez como un sueño mágico y sugerente, y en este caso, hasta el realismo de llegar a envidiar al tal César. Una prosa cautivadora e interesante. Espero pasar seguido y nos leamos, si además te gusta la poesía, por supuesto. Te dejo mis huellas.

Besos, Guapis :D

tTiger dijo...

¿dónde está el relato de hoy? Eh pillina....

Besos, y gracias por tus palabras,
tTiger

Nikki dijo...

Hola! Muchas gracias, Jorge, te tengo en mi lista de lecturas pendientes.
Y Ttiger, impaciente! Escribo el domingo, pero luego corrijo y reviso... Dame un dia o dos jajajaja Besos wapis!